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CLARÍN: evolución literaria

 

Si como novelista Clarín escribió dos de los mejores textos de la época (La Regenta y Su único hijo), para hablar de su evolución estética y literaria hay que remitirse a los numerosísimos textos de teoría y crítica literaria que publicó en prensa y en libros.

En general puede decirse que hay una estrecha relación entre Galdós y Clarín: cada giro que da el primero en sus novelas tiene su equivalente en la crítica de Clarín. Los artículos sobre las novelas de aquél marcan siempre los cambios de la actitud de Alas hacia la novela española y europea.

En este sentido la evolución de Clarín pasa por distintas etapas coincidentes con las de Galdós:

 

Realismo (1868-1882)

La máxima expresión del juicio clariniano sobre la narrativa es el artículo “El libre examen y nuestra literatura” (Solos de Clarín, 1881).

Durante todos estos años, llevado por su radicalismo político en favor de la revolución burguesa, en sus críticas se muestra siempre favorable a la “novela de tesis”, defendiendo incluso su necesidad en España.

En este sentido Clarín fue quien primero percibió las dos ideologías expresadas en las novelas tendenciosas de la época. Así, según Alas, frente a Galdós (“cuya tolerancia se convierte en progresismo debido al fanatismo español”) y, en parte, Valera, se encuentran los tradicionalista Pereda y Alarcón. Pardo Bazán, en cambio, ocupa según Clarín una posición ideológica intermedia. Evidentemente, Alas se identificó siempre con Galdós y la ideología que éste representaba en la literatura española.

Como novelista, Clarín no publicó ninguna “novela de tesis”. Si bien es cierto que algunos críticos opinan que en La Regenta[1] (1885) hay muchos elementos propios de este tipo de novelas, durante este periodo Alas sólo escribe algunos relatos satíricos. Cuando la gran novela clariniana aparece Clarín lleva algunos años ya manifestándose partidario del naturalismo.

 

Naturalismo (1882-1889)

El máximo exponente de la actividad crítica y teórica de Alas durante este nuevo periodo es La literatura en 1881, (1882), texto posterior a la publicación de La desheredada (Galdós, 1881), novela considerada como iniciadora del naturalismo en España.

Durante estos años Clarín ha dejado de aceptar la novela de tesis y pasa a interesarse en sus críticas por la novela naturalista. Desde el principio Alas defendió la renovación narrativa naturalista, pero también la necesidad de atemperar el estilo de Zola, de crear un naturalismo español diferente del francés. En esta época Clarín prologa La cuestión palpitante , publica Del Naturalismo y ensalza continuamente las sucesivas novelas naturalista de su amigo Galdós.

Se da cuenta, además, de que el naturalismo -previa adecuación- sólo ha calado en los que años antes eran novelistas de tesis de ideología progresista, a los que se han unido nuevos escritores como Ortega Munilla y Narcís Oller. Alas colaboró en diversas ocasiones en la revista Arte y Letras, medio de expresión de los escritores naturalistas españoles.

Mientras que Clarín considera a Galdós -escritor ya afamado- como el maestro naturalista español, los escritores contemporáneos de Alas consideraron a éste como el máximo representante del movimiento en España. La crítica posterior, en cambio, ha coincidido en negar a La Regenta -escrita en estos años- su carácter naturalista [2].

En general, de la relación entre Clarín y el movimiento naturalista[3] puede concluirse que:

(1) Alas aceptó el naturalismo en el momento de su advenimiento.

(2) Defendió la necesidad de matizar la teoría de Zola, valorando de éstas especialmente la ausencia de tesis en la novela.

(3) Siguió defendiéndolo cuando aparecieron las primeras tendencias espiritualistas, aunque reconoció la legitimidad de éstas.

(4) Al final de su vida seguía reconociéndole validez literaria.

Esta posición se trasluce en textos como Sermón perdido, Nueva campaña y Mezclilla, además de los citados más arriba.

 

Espiritualismo (1889-1901)

Alas sigue defendiendo la validez del modelo narrativo naturalista, a pesar de que en estos años comienzan a aparecer en toda Europa diferentes corrientes novelísticas que se agrupan bajo la denominación “Espiritualismo”. El propio Clarín lo comprobó en la evolución de su admirado amigo Galdós desde 1886 aproximadamente.

En el caso de Clarín la aparente crisis naturalista en la novela se une a la crisis ideológica personal que vive en estos años. Crisis que le llevará a abandonar el radicalismo político de su juventud de modo bastante notable.

Como crítico, Clarín se dio cuenta del cambio generalizado que se produce en la literatura. Advierte en sus escritos de crítica que se tiende a revalorizar las potencias anímicas individuales, la imaginación, la voluntad, etc. Pero lo advierte antes en poesía que en novela. Se burla con bastante sarcasmo del Modernismo como movimiento incipiente en España y del Simbolismo francés, aunque en todo momento reconoce el talento personal de los jóvenes Rubén Darío, Valle-Inclán, Azorín, Unamuno, Baudelaire, Verlaine, etc. todo ello se da a partir de la publicación de Ensayos y revistas y de la crítica a Realidad de Tolstoi. En realidad, el Clarín crítico y novelista no se resignó nunca a la pérdida del naturalismo. En las nuevas tendencias espiritualistas vio, no una ruptura con el naturalismo, sino profundización del mismo, una ampliación de los “límites arbitrarios” del modelo naturalista.

En cualquier caso, las consecuencias de la nueva tendencia espiritualista se hicieron notar en la labor creativa de Clarín. Además de estar presente -junto a otros rasgos naturalistas- en su novela Su único hijo escribe “relatos poéticos”: ¡Adiós Cordera!, Doña Berta, El Señor, La rosa de oro, EI dúo de la tos, etc., vienen a confirmar un tipo de relato que ya había intentado Clarín y cuya máxima expresión es Pipá. En el prólogo a los Cuentos Morales, por otro, lado nos habla de que sus cuentos son “morales” en el sentido de “psicológicos” puesto que no tratan de la realidad exterior sino del “hombre interior”. En este sentido pueden considerarse relatos psicologistas EI cura de Vericueto, Vario, Un grabado, Viaje redondo, La reina Margarita y, por encima de todos, Cristales.



[1] Vid. OLEZA, J. (1976): op. cit.; pág. 163. Según Oleza, en La Regenta no se da ninguno de los rasgos más característicos de la novela de tesis: en ella no hay ningún esquematismo argumental ni estructural, los simbolismos son mucho menos numerosos, los personajes no quedan reducidos a tipos. Sólo la omnisciencia del narrador -cargada de ironía a lo largo del relato- es el elemento de la novela tendenciosa que se da en esta novela de Clarín.

[2] Vid. OLEZA, J. (1976): op. cit.; pág. 170.

[3] En la actualidad, en cambio, la crítica tiende a la postura contraria, pero teniendo muy claro que el naturalismo clariniano no es nunca una copia literal del de Zola. Vid. OLEZA, J. (1976); op. cit., pág. 174 y ss.

 

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