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EL NATURALISMO DE CLARÍN (desde 1882)

 

A partir de 1882, con la publicación de La literatura en 1881, Clarín defendió la vigencia de las teorías literarias de E. Zola en España (Galdós ya había publicado La desheredada un año antes, con la que se inicia la narrativa naturalista española). Ahora bien, su aceptación y defensa del naturalismo lo fue hasta determinado grado, con ciertos matices y cambios:

1)    De entrada, Alas pretendió recrear, reformular la teoría naturalista adecuándola a la circunstancia histórica de España en aquellos años (diferente de la Francia de Zola) y a su propia ideología (menos radical que la de Zola). Como en la novela de tesis o en la novela espiritualista, Clarín vio en el naturalismo el producto de una necesidad histórica con un valor siempre relativo y sin excluir otras tendencias literarias que pudieran surgir y resultar igualmente válidas (de hecho, es lo que hará años después en Su único hijo: amalgamar aspectos naturalista y aspectos espiritualistas en un mismo relato).

2)    De ahí que Alas calificara a “su” naturalismo de “ecléctico” (o “realismo crítico”). El naturalismo, como cualquier otra tendencia artística, es un oportunismo literario, y en cuanto tal, válido mientras no se pretenda exclusivo (a la manera de Zola en Francia).

3)    El naturalismo no es pesimista: si las novelas naturalistas suelen ser tristes y recrear lo feo y repugnante de la realidad es porque lo triste, lo feo y lo repugnante “existen”, se dan en la realidad formando parte de ella. Al reflejar lo triste el novelista ni impone ningún pesimismo previo, sino que refleja todo lo que conforma la realidad. La novela debe siempre reflejar la realidad: si el resultado es triste la culpa no es de la novela o del novelista, sino de esa misma realidad que ya existe antes de la novela.

4)    La observación y la experimentación (el “método experimental” zolesco) no bastan para dar cuenta de lo real. Con ello Clarín expresaba la necesidad de incluir el análisis psicológico de los personajes (mucho antes de que las tendencias espiritualistas le dieran la razón).

5)    En tanto que la novela debe ser un reflejo de la pura realidad en si misma (tal y como teoriza Flaubert) el novelista no puede imponer una ideología ni una tesis previa a la misma novela: eso sería ya desvirtuar el espíritu mismo de la novela -la objetividad absoluta-. La novela, para Clarín, es “un instrumento científico de análisis desideologizado de toda la realidad abarcable”.

6)    Partiendo, pues, única y exclusivamente, de los datos de la realidad, en la novela sólo deben recogerse los datos materialistas que proporciona el análisis científico de lo real[1].

7)    La “impasibilidad” artística, la eliminación de la subjetividad del artista, es para Clarín la mejor garantís del arte para conseguir su única finalidad histórica: modificar precisamente esa realidad que describe y analiza objetivamente.

8)    El elemento más valido, para Clarín, del naturalismo francés es el concepto de “experimentación”. Para Clarín “experimentar” en la novela significa que “el escritor, sin imponerle nada a la realidad que observa, ha de ir provocando en su novela circunstancias que obliguen a los personajes a actuar conforme indica la lógica de los antecedentes, como determinan los datos hallados” [2]. Para Clarín, pues, el concepto de “experimentación” en novela es la relación entre el narrador y lo narrado: la práctica que el narrador realiza sobre los datos de partida, con vistas a hacerlos “producir” una imagen o conocimiento de lo real.

9)    Clarín reconoce el principio de “impersonalidad” del narrador, pero no el de “neutralidad”: así se explica que en sus novelas el narrador recurre frecuentemente a la ironía, al humor y hasta al juicio valorativo directo. La impersonalidad de fundamenta en la exigencia de “imitación perfecta y total de la realidad”; así, el narrador -tomando previamente una determinada perspectiva sobre lo real, y por tanto no siendo neutral- no violenta a la realidad observada y referida. La realidad, en consecuencia, no sufre las influencias del estado anímico del que observa y refiere.

10)La novela es libre y total. No hay nada en lo real que no pueda convertirse en objeto novelesco. Por tanto ningún asunto debe quedar excluido o prohibido desde un principio. La novela es “toda la realidad hecha espectáculo”.

11)Para Clarín existe un naturalismo español distinto del francés, aunque en España el naturalismo no haya cuajado en una “escuela”. En España el escritor naturalista (esta referencia parece ser dicha pensando en Galdós) no imita a nadie, sino que adapta y funde el naturalismo con otras tendencias y procedimientos artísticos que tengan validez estética en un determinado momento histórico.

En resumen, el naturalismo de Clarín tiende a la objetivación pura, es indiferente a toda filosofía y se concreta en formas narrativas abiertas, no exclusivas, libres y distanciadas. Tanto La Regenta como Su único hijo o muchos de sus relatos breves son, en ese sentido, coherentes con su credo literario y estético (en el que -eso es indudable- hay una amplia base naturalista desde 1882 aproximadamente): son textos híbridos, donde realismo, naturalismo y espiritualismo se amalgaman y complementan en un intento de abarcar la totalidad de lo real[3].



[1] Con ello Clarín se acerca mucho a lo que Lenin llamó “materialismo dialéctico”: el “análisis concreto de una situación concreta”.

[2] Del Naturalismo, (1882) y prólogo a La cuestión palpitante de E. Pardo Bazán (1883). Ejemplo concreto de esto sería la segunda parte de La Regenta, en la que el narrador experimenta con todo los hallado en la primera parte de la novela.

[3] Algunos críticos han llamado a La Regenta “novela total” o han expuesto la gran dificultad en clasificar otros textos como Su único hijo. Vid. por ejemplo OLEZA, J. (1976): op. cit.; págs. 174 y 172 respectivamente.

 

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