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CLARÍN Y EL ESPIRITUALISMO (desde 1889)

 

Al final de los años 80 se produce en toda Europa una crisis de las formas novelísticas en boga -sobre todo el naturalismo surgido en Francia con E. Zola- seguida de una desorientación general y de intentos experimentales muy diversos. Esta crisis se creyó tan aguda que, por ejemplo, Edmond Goncourt cree que el género novelístico está agotado. En realidad, más que una crisis novelística, literaria o artística en general, ésta es más profunda, pues afecta a la idea que del mundo, la realidad y la sociedad había venido forjando la burguesía europea a lo largo de todo el s. XIX.

Lo que realmente está en crisis son los resultados del proceso revolucionario burgués en toda Europa; como consecuencia, también lo está el modelo cultural burgués -el Realismo-. De hecho, la primera crisis es el Naturalismo. A finales de los años 80 esta crisis, simplemente, se agudiza y los artistas se ven abocados a un nuevo cambio estético e ideológico: de la misma manera que la crisis realista desembocó en el naturalismo, la crisis de éste se resuelve en el conjunto de tendencias llamado “espiritualismo”. El tono general del espiritualismo es el de la progresiva reivindicación y exploración de las potencias anímicas, irracionales y subjetivas del individuo, del ser humano.

En Clarín esta crisis del modelo naturalista coincidió con una crisis ideológica y política bastante acusada que le llevó a moderar sus ideales juveniles de forma notable.

Alas percibió tempranamente la llegada del espiritualismo como crítico, pero como novelista nunca adoptó una actitud firme y definida; antes bien, sus textos dan constantemente la sensación de búsqueda y desconcierto. Junto a relatos breves de naturaleza “poética” como Doña Berta, El señor, La rosa de oro, ¡Adiós Cordera!, Cristales, Pipá, etc., el cambio espiritualista parece estar representado en su segunda y última novela, Su único hijo.

En Mezclilla Alas dice: “Lo mismo que sostuve entonces (años 80) el derecho a la vida del naturalismo, sostengo hoy el derecho a la vida de esas otras cosas de Emilia Pardo Bazán llama ‘merengadas y natillas’, y que son nada menos que la literatura psicológica y particularmente estética o poética”.

Ahora bien, igual que ocurrió con el naturalismo, a juicio de Clarín, las tendencias espiritualista son un oportunismo histórico y literario; por ello se niega a ver en ellas la desaparición del naturalismo.

Evitando a toda costa la ruptura con la tradición realista-naturalista anterior, en sus textos de esta época Clarín intentará constantemente conjugarlo todo. De ahí su constante confusión y búsqueda, a pesar de que su máximo referente en estos años ya no será Zola sino Tolstoi.

En ese afán clariniano por no olvidar el pasado y por conjugarlo con lo nuevo explica para los críticos la rareza de un texto como Su único hijo.

En conjunto, de esta novela se resaltan tanto los elementos claramente naturalista que siguen presentes como los espiritualistas: tendencia marcada hacia la idealización del personaje y la investigación de su estado psicológico.

De forma genérica, a partir de esta novela, y teniendo muy claro que el espiritualismo se dio en ella “a la vez” que el naturalismo, puede decirse que dicho espiritualismo se patentiza mediante las siguientes notas características:

·       Individualización del conflicto, centrándose el narrador en el drama íntimo del personaje protagonista. El personaje vive un conflicto puramente interno, no contra el medio social (como en el realismo y en el naturalismo).

·       Si en el naturalismo y en el realismo el personaje excepcional lucha contra un medio social vulgar, ahora aparece el personaje que, queriendo ser excepcional, lucha constantemente contra su propia vulgaridad burguesa.

·       Abstracción creciente del espacio y el tiempo narrativo, provocada por la borrosidad e indefinición de los mismo en todo el relato.

·       Aumento de la carga simbólica de determinados elementos narrativos. dicho simbolismo apunta frecuentemente a elementos filosóficos idealista o irracionalistas y al ámbito de la religión.

·       Carga crítica -con frecuencia vehiculada a través del humor irónico o sarcástico- hacia todo tipo de pseudoespiritualidad.

·       Desnudez de ambientación: espacio y tiempo, como muchos más elementos del relato, se esquematizan reduciéndose a lo puramente esencial.

·       Disminuye notablemente la carga descriptiva del relato.

·       El narrador prosigue en la pérdida de poder ya iniciada con el naturalismo: el personaje espiritualista ve aumentada su “libertad” frente al narrador, cobra una mayor complejidad en su personalidad.

Resulta evidente la conexión que se da entre muchos de estos rasgos espiritualista de Clarín y las diferentes tendencias narrativas que desde final del s. XIX comienzan a darse en España y en Europa: lo irónico y lo grotesco con el esperpento de Valle-Inclán, lo psicológico y lo irracional con las “nivolas” de Unamuno, le poético y decadente con la novela lírica de “Azorín”, etc.

En este sentido, y a diferencia de Galdós, Clarín representa en esta última etapa de su producción literaria el punto de conexión entre la tradición realista surgida en 1868 y la llamada “Generación del 98”. entre una y otra, pues, no hay ruptura alguna -como se dice de forma ya tópica- sino continuación, progresión o profundización. Clarín es el mejor ejemplo de ello.

 

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