LA
“COSMOVISIÓN” ROMÁNTICA
BOUSOÑO,
C. (1981): Épocas
literarias y evolución; Madrid, Gredos
(2 vols.)
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Neoclasicismo
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Romanticismo
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Universalidad,
cosmopolitismo
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Interés
por lo local y lo concreto, lo
“nacional”, las costumbres
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Interés
por lo bello y lo menor
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Interés
por la grandeza
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Convencionalismo
e impersonalidad
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Confesionalismo,
biografismo e impudor
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Lo
mitológico
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Creencias
o descreencias del sujeto
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Optimismo
y confianza
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Desilusión,
desengaño
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Racionalismo,
objetividad y fe en la preceptiva
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Irracionalismo,
subjetividad e inspiración
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Gusto
por la claridad, didactismo
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El
misterio y lo incomprensible
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Lenguaje
convencional: no a lo vulgar o lo arcaico
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Lenguaje
libre
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Tendencia
a la unidad y la armonía
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El
contraste, la digresión y la mezcla
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Lo
lógico y lo no improviado
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Improvisación,
rapidez
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En
el esquema anterior se resume la tradicional
oposición entre Neoclasicismo y Romanticismo. Se
trata de una definición negativa; es decir, por
oposición a otro movimiento artístico (lo
contrario, lo “que no es”). Por otra parte, en
esta tradicional oposición sólo se hace
referencia al ámbito estético o artístico.
En
sentido positivo, como toda tendencia cultural, el
Romanticismo fue en primer lugar una cosmovisión
o forma de entender el mundo y la sociedad; es
decir una determinada visión de la realidad que
rodea al ser humano (no solamente una tendencia o
escuela artístico-literaria).
Según
los críticos[1]
el Romanticismo, como tal, fue un movimiento
originado en Inglaterra y, sobre todo, en Alemania
a finales del s. XVIII, desde donde se extendió
por el resto de Europa desde principios del s.
XIX. Ya desde sus orígenes el Romanticismo implicó:
*
El fin del “orden clásico” con su
dominio de la monarquía absoluta, la razón y la
normativa.
*
La instauración de la democracia, la
libertad y la voluntad individual
*
El predominio del “yo” (subjetivismo)
idealista frente a la realidad exterior, rompiendo
así con el objetivismo racionalista.
*
Culto al nacionalismo político frente a
las pretensiones universalistas ilustradas.
*
La reivindicación del Cristianismo y la
Historia de Europa frente a la Historia Clásica
(greco-latina).
*
La imitación de nuevos modelos
(Shakespeare, Calderón, Dante, etc.) frente a los
greco-latinos.
*
La proclamación absoluta de la libertad
individual frente a todo tipo de reglas (sociales,
artísticas, morales, etc.)
Para
otros[2]
“el romanticismo surgió como una tendencia
consciente y militante de las
artes
en Inglaterra,
Francia y Alemania hacia 1800 (al final de
la década de la Revolución francesa) y sobre una
zona mucho más amplia de Europa y América después
de Waterloo. Fue precedido
antes
de la
Revolución (también
en Francia y Alemania sobre todo) por lo
que se ha llamado
el pre-romanticismo
de Juan
Jacobo Rousseau, y el movimiento
”Tempestad y violencia” (“Sturm
und Drag”) de los jóvenes poetas
alemanes.
“Probablemente,
la era
revolucionaria de 1830-1848 conoció la mayor boga
europea del romanticismo. En un sentido amplio, éste
dominó varias de las artes creadoras de Europa,
desde los comienzos de la
Revolución francesa. Sin embargo, aunque
no esté claro lo que el romanticismo quería, sí
lo está lo que combatía: e1 término medio. Todo
su contenido era un credo extremista. Los artistas
y pensadores románticos en su
más estricto sentido se
encuentran
en la extrema izquierda, cómo el poeta
Shelley, o en la extrema derecha, como
Chateaubriand y Novalis, saltando
de la izquierda a la derecha como
Wordswordth, Coleridge y
numerosos
partidarios desilusionados de 1a Revolución
francesa, saltando de la monarquía a la extrema
izquierda como Víctor Hugo, pero rarísima vez
entre los moderados o liberales del centro
racionalista. No sería excesivo llamarle ‘credo
antiburgués’, pues el elemento revolucionario y
conquistador de las promociones jóvenes que
llegaban a atacar al cielo, fascinaba también a
los románticos. Napoleón se convirtió en uno de
sus héroes míticos, junto a Satán, Shakespeare,
el Judío Errante y otros pecadores más allá de
los límites ordinarios de la vida. E1 elemento
demoníaco en la acumulación de dinero del
capitalismo, la ilimitada e ininterrumpida
aspiración al más, por encima
de todo
cálculo y todo freno racional, la
necesidad de grandes extremos de lujo, les
encanaba. Algunos de sus héroes más característicos,
Fausto y Don Juan, compartían su implacable
ansiedad.
“Así
pues, una vez que la sociedad burguesa triunfa
de hecho en las Revoluciones francesa e
industrial, el romanticismo se convirtió
indiscutiblemente en su enemigo instintivo y en
justicia puede ser considerado como tal”.
De
una u otra forma, el Romanticismo afectó a todos
los órdenes de la vida. Con él se invirtió la
relación entre el ser humano y la realidad que le
rodea. Desde el Romanticismo será el “yo” del
individuo, su interioridad la que domine y modele
el mundo exterior y no al revés. Ese domino sobre
el mundo es lo que, según los románticos, hace
libre al ser humano.
La
libertad, como meta máxima de los románticos, ha
pervivido desde entones a través de la historia
en el “mundo occidental”: liberación del
individuo frente a la sociedad, de la mujer frente
al hombre, de la región frente a la nación, de
la nación frente al imperio, de la colonia frente
a la metrópoli, del obrero frente al patrón.
Pero,
a su vez, toda deseo de liberación suele
conllevar sentimientos como la soledad, la
incomprensión, etc. Romper con lo establecido
para liberarse comporta también pesimismo,
melancolía, vacío, insatisfacción. Los románticos
fueron los primeros en desear y sentir todo ello
(el llamado “mal
du siècle”).
De
forma genérica, puede decirse que la “cosmovisión
romántica” se caracteriza por los siguientes
rasgos:
El
sentimiento individualista -mucho mayor en esta época
que en el s. XVIII pero menor que en el s. XX- es
el verdadero “foco cosmovisionario” o núcleo
de la cosmovisión romántica.
El
individualismo se entiende como el sentimiento que
todo ser humano tiene de si mismo y de su
“yo”, de sus diferencias para con los demás.
Individualismo como auto-conciencia.
Se
entiende entonces el gusto romántico por todo
aquello que esté fuertemente individualizado, que
tenga “color local” y carácter propio.
-
Lo popular. Desarrollo del costumbrismo: lo
repre-sentativo y lo “típico”: Estebánez
Calderón o Mesonero Romanos en España, por
ejemplo.
-
Regionalismo y Nacionalismos (nacidos políticamente
como sistema de oposición a los imperios del
“Antiguo Régimen”
en Europa): Lord Byron en Grecia, casos de
Italia, Irlanda, Hungría, Servia, Croacia,
Alemania, Países Nórdicos, Polonia, etc.
-
Auge de las lenguas y literaturas vernáculas
(Cataluña, País Vasco, etc.), como consecuencia
de lo anterior.
En
el caso del ser humano, los románticos están
convencidos de que lo que nos diferencia de los
demás y nos da personalidad reside en nuestro
interior, nunca en las apariencias externas (se
verá con más detalle al hablar del
irracionalismo, el subjetivismo, la inspiración,
etc.)
El
individualismo romántico llevará muchas veces a
que el artista adquiera una actitud
“endiosada”: el artista llegará a
considerarse la cúspide de su sociedad, casi
dotado de poderes mágicos y conocimientos
ocultos.
En
general, puede decirse que este fuerte
individualismo también se ve favorecido por los
acontecimientos sociales de la época: por ejemplo
los avances técnicos que siguen a la revolución
industrial inglesa (s. XVIII) o los derechos políticos
que se generalizan a toda la sociedad tras la
Revolución Francesa (1789).
Éste
es uno de los rasgos más novedosos del
Romanticismo frente al pasado.
Frente
al racionalismo universalizador del s. XVIII (la
razón como única fuente de conocimiento de lo
universal y lo genérico), los románticos se
declaran fuertemente irracionalistas.
Influidos
por el pensamiento de Fichte, Rousseau, Herder,
etc., creen que la fe es la forma de conocimiento
superior, un conocimiento que no requiere siquiera
del examen empírico previo.
Por
otro lado, el romántico se declara enemigo de
toda generalización o abstracción. Así, por
ejemplo, se repudian las preceptivas artístico-literarias
tan en boga en el s. XVIII o cualquier otro tipo
de normativa.
Como
consecuencia de todo ello, se concibe el arte como
una actividad portadora de un significado oculto y
misterioso, superior, no racional. Claros
ejemplos son Schelling, Scheller, Schlegel, Göethe,
Humboldt, Novalis, Nerval, etc... En
España destaca, en este sentido, la poesía de Bécquer[3].
Frente
al espíritu generalizador y normativo del s.
XVIII, el Romanticismo intenta conocer y
dignificar todo lo concreto.
Así,
por ejemplo, los ilustrados consideran del hombre
sólo su razón y, a través de ella, se le
proyecta fuera del tiempo y el espacio. El ser
humano es, para ellos, una realidad abstracta y
genérica. En cambio, los románticos consideran a
cada ser humano -no al ser humano en general- como
algo irrepetible que está en un determinado
contexto espacio-temporal también irrepetible.
Como el hombre, para el romántico, también cada
momento de la historia es irrepetible.
Buena
parte de la producción artística romántica está
ambientada en determinados momentos del pasado, en
especial la Edad Media y el s. XVII en España (W.
Scott y la novela gótica, Don Juan, los
romanceros, etc.), que pasan a ser vistos como
“tiempos dorados” (gusto por lo ruinoso).
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Subjetivismo:
grandeza y sinceridad
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Como
consecuencia directa del individualismo romántico,
se desarrolla en gran manera el subjetivismo:
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INDIVIDUALISMO
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Conciencia
que cada hombre tiene de su “yo”
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SUBJETIVISMO
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Importancia
que cada hombre da a su “yo” y, sobre
todo, a su interioridad.
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Tan
importante es la subjetividad para el romántico
que puede decirse que no le importa el mundo, la
realidad, sino “la
impresión que el mundo, la realidad le
producen”
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MUNDO
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“YO”
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El
“no-yo”. Sólo importa como generador de
sentimientos
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El
sentimiento,
la impresión.
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El
romántico se interesa especialmente en aquello
del mundo-realidad que le impacte de modo
especial: de ahí que la infinitud, la grandeza,
lo peligroso, lo deforme, etc., gocen del gusto
romántico (el mar, las montañas, las tormentas,
la muerte, la pasión, los personajes monstruosos[4],
etc.)
De
esa relación entre realidad y “yo” del
artista surge en esta época la técnica del
“corelato subjetivo”, muy utilizada en
literatura y artes plásticas en adelante.
Por
otra parte, del subjetivismo romántico se
desprende el deseo de sinceridad que el artista
tiene cuando comunica sus sentimientos con la obra
de arte.
De
este deseo de sinceridad que muestra el artista
romántico nace la repetida confusión que en
literatura suele producirse entre el
“yo-autor” y el “yo-narrador” (relato) o
“yo-hablante lírico” (poesía). Si el primero
pertenece a la realidad histórica, los segundos
pertenecen a la ficción artística (dos planos
que el escritor romántico se afana en confundir
premeditadamente con sus deseos de sinceridad).
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Libertad:
inspiración
y revolución
|
Frente
a la vigencia de las preceptivas, modelos, reglas
y academias en el s. XVIII, el artista romántico
se declara absolutamente libre y transgresor. El
concepto de “creación” sustituye, para él,
al de “mimesis”.
La
inspiración es, entonces, el motor de toda creación
artística; pero, a su vez, esa inspiración romántica
se rige por los instintos del artista.
Tal
vez se deba a ello el predominio que, durante el
periodo romántico, se da por parte de la poesía,
las cartas y las memorias frente al teatro y al
relato
Por
otra parte, y como otra de las consecuencias del
culto a la libertad, el artista romántico suele[5]
ser, no sólo un innovador en el terreno artístico,
sino también un revolucionario en lo socio-político.
Tras su exigencia de libertad absoluta reside el
intento de romper con todas las convenciones estéticas
y sociales de su época. Ejemplos de ello son Lord
Byron en Inglaterra o Espronceda y Larra en España.
Como
norma, el romántico es un inadaptado, alguien que
se siente constantemente solo e incomprendido:
sentimientos de matiz negativo como la depresión,
el desencanto, la melancolía o la decepción
suelen caracterizarle.
Se
trata, en todo caso, de respuestas pasivas del
“yo” ante el mundo-realidad y, que, con
bastante frecuencia acaban acercándose a la
muerte (Larra, Byron, Mary Shelley, etc.), la
desesperación o la locura.
Otras
veces estas respuestas pasivas se traducen en
actitudes distantes ante ese mundo que les
disgusta: humor, ironía, desprecio, sarcasmo,
burla, chiste, idealización fantasiosa (la rima
XI de Bécquer es un buen ejemplo) o la huida.
-
Hacia el pasado: medievalismo.
-
Hacia el futuro: Jules Verne.
-
En el espacio: exotismo-orientalismo.
En
definitiva, este tipo de actitudes y sentimientos
son resultado de una visión a menudo maniquea de
la realidad (Sancho
Saldaña, las novelas góticas inglesas,
por ejemplo).
El
“YO” romántico es, por definición,
desarraigado, desamparado en un entorno social
materialista, deshumanizado y hostil, regido sólo
por la ley de la oferta y la demanda. En ese
sentido, el mismo entorno comercial de la
literatura (ediciones, colecciones, éxito de
ventas, etc.) asquea al escritor, que considera el
arte como un lujo inútil y privilegiado al margen
de las layes capitalistas que dominan la sociedad
del momento.
Frente
a estas huidas del “yo”, otro tipo de
respuesta más activo es el típicamente
revolucionario (Byron en Grecia o Espronceda en
las barricadas parisinas).
El
compromiso solidario de algunos artistas románticos
(no todos, ni mucho menos) nace de esa relación
problemática entre mundo y “yo” de la que ya
hemos hablado.
|
“YO”
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REALIDAD
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|
Modificador.
Indivi-dualidad más fuerte.
|
Modificado.
|
De
esta cosmovisión participan multitud de artistas
que, en la época [6]
romántica, se suceden por toda Europa. Los más
representativos serían:
·
NOVELA:
Alejandro Dumas, Walter Scott, Victor Hugo, Mary
W. Shelley, Hoffmann, hnos. Grimm, Dickens, Hans
Anderssen, E. Allan Poe, H. Melville,
hnas. Brönte,
Turgueniev, etc.
·
POESÍA Y TEATRO: Lamartine, Pushkin,
Chateaubriand, Leopardi, Heine, Hölderlin,
Schiller, Byron, Keats, Schelley, Göethe,
Schlegel, Novalis, Mme. de Stäel, “Ossian”,
“George Sand”, A. de Musset, Coleridge,
Nerval, A. de Vigny, Blake, Wodsworth, Petöefi,
Thackeray, etc.
·
ARTES PLÁSTICAS: Delacroix, Thurner, Géricault,
G. D. Friedrich, Daumier, Constable, etc.
·
MÚSICA Y ÓPERA: Beethoven, Schubert,
Mendelsohn, Schumann, Brhams, Berlioz, Wagner,
Offenbah, Bizet, Rossini, Donizetti Glinka Liszt,
Bellini, Weber, Mérimée,
Verdi, Chopin, etc.
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