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Por
tal se entiende la corriente narrativa que, dentro
de la época romántica, se dio en España a partir
de 1833 -tras la muerte de Fernando VII-, y que tuvo
por máximos representantes a Ramón Mesonero
Romanos (1803-1882), Serafín Estébanez Calderón
(1799-1876) y, sobre todo, M. J. de Larra
(1809-1837).
El
“cuadro de costumbres”
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Como
forma propia del costumbrismo, el “cuadro de
costumbres” (también llamado “artículo de
costumbres” porque normalmente estos textos se
publicaban en la prensa, ) se caracteriza por:
·
Basarse
temáticamente en la observación de la vida diaria.
·
Tener
un ligero hilo argumental.
·
La
pretensión didáctico-moralizante.
·
Su
brevedad: habían de ocupar un espacio
predeterminado en el periódico o revista.
Pueden,
por otro lado, distinguirse dos tipos diferentes de
artículos de costumbres:
·
La
“escena”, que refleja hechos, acciones de la
vida diaria.
·
El
“tipo”, que describe personajes.
Mayoritariamente
-y de igual manera que ocurre con la “novela de
costumbres”- el artículo de costumbres se editó
en la prensa de la época, como fórmula de reclamo
a los lectores. Algunos de estos periódicos fueron Cartas
españolas y Semanario
pintoresco.
Entre
otras muchas, las obras clave del costumbrismo romántico
español fueron:
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1835
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Panorama
matritense
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Mesonero
Romanos
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1837
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Colección
de artículos
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Larra
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1844
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Los
españoles pintados por si mismos
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Libro
colectivo
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1846
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Escenas
andaluzas
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Estébanez
Calderón
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Evidentemente,
desde su origen, el artículo de costumbres se
convirtió en una forma literaria muy teñida de
ideología socio-política para los diferentes
autores que lo cultivaron. Así, pueden distinguirse
autores costumbristas de tono conservador -Estebánez
Calderón y Mesonero Romanos- de otros liberales y
progresistas -Larra sobre todo-.
Las
causas que propiciaron la aparición, desarrollo y
gran éxito del costumbrismo son:
·
Los
grandes cambios sociales, políticos y económicos
de la España de la época: el presente y el futuro
aparecían como algo confuso, contradictorio,
dividido entre novedades extranjerizantes y
tradiciones rancias. Si no se podían salvar éstas,
al menos se podía dar constancia de esas costumbres
que constituían el alma o esencia nacional. Los
costumbristas conservadores asumieron este hecho con
nostalgia y los progresistas con esperanza.
·
Frente
a la moda, muy extendida en Europa, de los libros de
viajes y memorias sobre España (considerado “país
romántico”) que distorsionaban o falseaban la
realidad, los escritores costumbristas se sintieron
obligados a dar su propia visión de la realidad
española.
·
Por
último, el escritor costumbrista se consideraba a
si mismo censor de su sociedad, moralista al margen
de la misma para poder observarla, analizarla y
criticarla más objetivamente. Los más progresistas
tendieron a la crítica dura, mientras que los más
conservadores se mostraron más benévolos hacia la
sociedad española. En todo caso, dicho tono crítico
obligó muchas veces al escritor costumbrista a
adoptar pseudónimos
tras los que ocultar o difuminar su identidad.
En
definitiva, el costumbrismo -junto a la novela de
costumbres y sus técnicas folletinescas- fue la
base de lo que después se llamó “novela
realista” [2]
de la década de los 60 y 70 en España.
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