Algunas
de estas innovaciones fueron “avanzadas” ya por los escritores del
llamado “Prerromanticismo” (últimos 25 años del siglo XVIII en
Europa).
Los
elementos más característicos de la literatura romántica
son, en general:
·
Concepción
individualista del arte: ello lleva a que todo objeto artístico -los textos
literarios, por ejemplo- estén fuertemente teñidos de subjetividad. El
arte se convierte en el contexto de la liberación subjetiva del “yo”
romántico.
·
De
ahí, por consiguiente, que la literatura romántica sea, primordialmente,
sentimental y/o apasionada. El arte como expresión de la vida interior del
individuo. Literatura, pues, exhibicionista, impúdica. En este sentido, los
sentimientos mostrados suelen ser negativos: el artista romántico expresa
la imposibilidad de vivir su ideal en el presente. La existencia entonces
pierde valor y aparece el deseo de morir, la melancolía, la soledad, etc.
·
La
otra gran tendencia temática de la literatura romántica es la
historicista: el romántico escribe, preferentemente sobre la historia de su
propio país -la Edad Media y el s. XVII sobre todo-. Se suele ver en ello
una especie de “escapismo” del artista frente al desagradable presente.
En este sentido, los hechos históricos forman el telón de fondo de la
historia, lo que da mayor verosimilitud a la trama argumental propiamente.
El pasado se enfoca a menudo como un tiempo en el que valores como el honor,
etc., tenían vigencia. La temática historicista se desarrolló en la poesía
narrativa y, sobre todo, en la novela: la llamada “novela histórica” es
una forma narrativa originada en esta época.
·
Tendencia
a la irracionalidad: ya que se trata de expresar la interioridad del
“yo”, se acepta que esa vida interior (pasiones, sueños, fantasías,
sentimientos, etc.) nunca está regidas por la razón.
·
El
siguiente paso, dentro de esta tendencia, será dado, ya en pleno siglo XX,
por los surrealistas: mientras que el escritor romántico expresa lo
iracional-subjetivo de forma racional, (en lo que respecta a la expresión
lingüística, se entiende) aquéllos lo harán con un lenguaje
pretendidamente irracional.
La consecuencia que se deriva de ello afecta al la “implicación” del
lector en la recepción, comprensión e interpretación del texto literario:
un texto de la época romántica suele exigir un “esfuerzo” lector mucho
menor que un texto surrealista.
·
El
escritor romántico intenta expresar de forma inteligible lo que, en suma,
es irracional. De ahí que un motivo recurrente en la literatura romántica
sea la incapacidad expresiva de las palabras, sobre todo en el caso de la
poesía (Bécquer, Espronceda, etc.)
·
La
incapacidad del lenguaje para expresar la subjetividad del artista suele
ser, en si mismo, un tema típico de la literatura romántica.
·
Como
las palabras son un mecanismo expresivo insuficiente o inexacto, el artista
romántico recurre frecuentemente a los símbolos: la luna, el mar, las
cumbres montañosas, la noche, el silencio, las ruinas, etc., son los más
frecuentes.
·
El
uso de este tipo de símbolos hace que el arte romántica manifieste una
fuerte tendencia al paisajismo. Pero el paisaje no es sólo una referencia a
la realidad circundante, sino que, sobre todo, se traza un correlato
subjetivo entre éste y los sentimientos que el artista intenta
comunicar/expresar. El entorno, el mundo, la realidad tienen siempre un
significado oculto.
·
La
estética romántica se fundamente en la “inspiración” del artista, un
“ego” superior que tiene en ciertos momentos un conocimiento “mágico”
de la realidad que es inalcanzable para los demás. Elitismo.
·
Formalmente,
la estética romántica es iconoclasta; es decir, tiende siempre a la
innovación y la ruptura de las tradiciones y convenciones del pasado (en
especial las de las preceptivas artístico-literarias del s. XVIII): se
trata, en todo caso, de proyectar el espíritu del artista en la materia y
la forma del objeto artístico. Así se tiende a mezclar en el teatro verso
y prosa, lo trágico y lo dramático; en la poesía aparece el poema
narrativo que se confunde muchas veces con el relato breve, dando lugar a la
“leyenda”; etc.
Muchos
de estos elementos, innovadores en su gran mayoría respecto a la tradición
literaria inmediata, han sido reivindicados y utilizados después (el
Modernismo en España, el Simbolismo de principios de siglo en Francia, el
Surrealismo, por ejemplo).