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EL CONCEPTO DE “NOVELA” EN GALDÓS

Aunque Galdós no expresó nunca[1] en forma sistemática una teoría acerca de la novela, podemos conocer alguna de sus ideas fundamentales a través de sus dos ensayos[2]. En el primero de ellos se encuentran ya en forma definida los principios de su credo realista, que lo había de guiar a través de su extensa producción. Lo esencial, según este manifiesto, sería:

·  la creación de una novela nacional de caracteres, basada en  la  pura observación;

·  la cual había de sustituir a la novela  convencional que venía prevaleciendo en España a impulsos de influencias  extranjeras. 

·  la futura “novela nacional” debe apoyarse, según Galdós, en la recién formada clase media como material directo para sus construcciones artísticas.

  En cuanto a las características de esta nueva clase social  que ha de servir como contenido de novela al autor  dice: “Pero la clase media, la más olvidada por nuestros novelistas, es el gran  modelo, la fuente inagotable. Ella es hoy la base del   orden social; ella asume por su iniciativa y por su inteligencia   la soberanía de las naciones, y en ella  está el hombre del siglo XIX con sus virtudes y sus vicios, su noble e insaciable aspiración, su afán de reformas, su actividad pasmosa. La novela moderna de costumbres ha de ser la expresión de cuanto bueno y malo existe en el fondo de esa clase, de la incesante agitación que la elabora,  de ese empeño  que manifiesta  por  encontrar ciertos ideales y resolver  ciertos  problemas  que preocupan a todos, y conocer el origen y el remedio de ciertos males que turban  a  las  familias.  La  grande  aspiración  del  arte  literario en nuestro tiempo es dar forma a todo esto”.

Esta primera declaración del incipiente novelista destaca, pues, tres aspectos importantes:

1) la novela ha de ser novela de caracteres;

2) la novela ha de basarse en la observación y  mantenerse fiel a la realidad;

3) el tema de la novela debe ser la clase media española.    

Galdós pasa. inmediatamente a formular una serie de observaciones acerca de las características de esta sociedad que constituye el material novelable que tiene entre las manos, y las cuales tienen un matiz de orden sociológico.  

Sobresale, en primer término, la falta de unidad y de cohesión social, la cual se manifiesta de diversos modos: en la   manera de constituirse los grupos familiares, en la zona misma de las creencias, en los hábitos y  actitudes personales, en las instituciones políticas y aun en la esfera del pensamiento. 

Según e1 autor, el aspecto que ofrece esta clase amorfa es el de la descomposición, a causa del desmoronamiento de las antiguas clases sociales: “En esta muchedumbre consternada, que inventa mil pretextos para ocultarse su propia tristeza -nos  dice Galdós-, se advierte la descomposición de las antiguas clases  sociales forjadas en la historia, y que habían llegado hasta muy cerca de nosotros”.

Para Galdós pueblo y aristocracia pierden sus caracteres tradicionales, de una parte por la desmembración de la   riqueza, de otra por los progresos de la enseñanza; “y el camino   que aún hemos de recorrer para que las clases fundamentales   pierdan su fisonomía se andará rápidamente”. Con todo, la constitución de un grupo homogéneo no ha podido realizarse y la  misma clase  media que el autor postula como materia novelable resulta inexistente: “la llamada clase media, que no tiene aún existencia positiva es tan sólo.  informe  aglomeración  de  individuos  procedentes de las categorías superior e inferior, el producto, digámoslo así, de la  descomposición  de  ambas  familias:  de  la  plebeya,  que sube, de la aristocrática, que baja,  estableciéndose  los  desertores de ambas en esa zona media de la ilustración, de las carreras oficiales, de los  negocios, de la vida política y municipal”.

A pesar de esto, afirma el autor, esta enorme masa sin carácter propio terminará al final por absorber los desmedrados restos de las clases extremas, formando nuevas unidades vigorosas: “Cuando esto llegue, se ha de verificar en el seno de esa muchedumbre caótica una fermentación de la que saldrán formas sociales que no podemos adivinar, unidades vigorosas que no acertamos a definir en la confusión y aturdimiento en que nos vemos”. Galdós deduce  inmediatamente  las  consecuencias  que este reajuste de clases sociales tiene para el arte. “Por una parte se pierde la capacidad de apoyarse en tipos genéricos, que daban a la literatura  tradicional y clásica cierta continuidad en sus temas y en su manera de tratarlos. Por otra parte, esta descomposición cataclísmica del orden social  va a favorecer una tendencia estética de significación decisiva para un nuevo concepto del arte en cuanto conduce hacia la individualización de los caracteres. A1 perder la caracterización  general  que  éstos tenían  antes, nos  dice  el autor, quedan más descarnados los modelos humanos, y en ellos debe el novelista estudiar la  vida, para  obtener frutos  de un Arte supremo y durable. La descomposición hace desaparecer los antifaces y aparece entonces pura la ‘castiza verdad’. E1 resultado es una valoración positiva de las categorías artísticas: perdemos los tipos, pero el hombre se nos revela mejor; y: el Arte se avalora sólo con dar a los  seres imaginarios vida más humana que social”.

Las implicaciones de este manifiesto tienen una evidente  importancia: A1 postulado de la observación directa de la  realidad viene a añadirse el de la humanización de los caracteres basada en su irreductible individualidad: al proclamar que el nuevo orden social trata como consecuencia la destrucción de los  tipos genéricos en el arte, la novela moderna tenía que decidirse por el análisis desnudo de los caracteres individuales  con sus singularidades propias y sus más íntimos sentimientos y pasiones. Es decir, el artista -según Galdós- debía proponerse una reconstrucción veraz de la vida humana.

Dentro de este  marco cobra sentido la definición de la novela que el autor nos da: La novela se convierte así en un género integrador que abarca las infinitas posibilidades de la vida humana y que incluye todo lo que se relaciona con el hombre, tanto en el medio físico como en el social y espiritual. Dentro del marco de este mundo totalizador cabe al mismo tiempo el análisis de las innumerables relaciones que existen entre los hombres entre si y con la infinidad de objetos que constituyen su medio ambiente.

Otro aspecto de singular importancia al cual se refiere Galdós es el de la transmutación de la realidad en material estético. Si la novela es reproducción, no por eso deja de ser también imagen, lo cual significa reconstrucción  simbólica de la realidad. Además, tal manera de reproducción, o más bien, de simbolización, debe ser hecha en forma bella, y, en cuanto tal, dar lugar a la fruición del sentimiento estético. Es decir, es indispensable que la exactitud de la observación vaya acompañada de la belleza de la reproducción. En tal sentido la novela no  puede ser una simple copia de la realidad.

Aunque Galdós no explicó en ningún momento lo que él quería  decir  con  estos  conceptos,  en  diferentes  ocasiones planteó en sus novelas este problema de la transformación de la realidad al plano estético. E1 novelista se manifiesta así plenamente consciente de que su postulado de la reproducción fiel de la realidad es  sólo una guía normativa, el cual exige en todo  momento la presencia creadora del artista que transmuta el  material que tiene entre sus manos. La elevación de la realidad al plano estético queda constituida así como la tarea primordial del creador. Este programa de realismo literario sitúa, por consiguiente, al novelista frente a la llamada fascinante de la realidad, pero al mismo tiempo le señala el imperativo ineludible del arte.



[1] Vid. CORREA, G. (1977): Realidad, ficción y símbolo en las novelas de Pérez Galdós; Gredos, Madrid; cap. II (págs. 16-24)

[2] Observaciones sobre la novela contemporánea en España (publicado en 1870, al comienzo de su carrera novelística) y su Discurso de recepción en la Real Academia Española (1897).

 

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