|
EL
CONCEPTO DE “NOVELA” EN GALDÓS
Aunque
Galdós no expresó nunca
en forma sistemática una teoría acerca de la
novela, podemos conocer alguna de sus ideas
fundamentales a través de sus dos ensayos.
En el primero de ellos se encuentran ya en
forma definida los principios de su credo
realista, que lo había de guiar a través de
su extensa producción. Lo esencial, según
este manifiesto, sería:
·
la creación de una novela nacional de
caracteres, basada en
la
pura observación;
·
la cual había de sustituir a la novela
convencional que venía prevaleciendo
en España a impulsos de influencias extranjeras.
·
la futura “novela nacional” debe
apoyarse, según Galdós, en la recién
formada clase media como material directo para
sus construcciones artísticas.
En cuanto a las características de
esta nueva clase social
que ha de servir como contenido de
novela al autor
dice: “Pero
la clase media, la más olvidada por nuestros
novelistas, es el gran
modelo, la fuente inagotable. Ella es
hoy la base del
orden social; ella asume por su
iniciativa y por su inteligencia
la soberanía de las naciones, y en
ella está
el hombre del siglo XIX con sus virtudes y sus
vicios, su noble e insaciable aspiración, su
afán de reformas, su actividad pasmosa. La
novela moderna de costumbres ha de ser la
expresión de cuanto bueno y malo existe en el
fondo de esa clase, de la incesante agitación
que la elabora,
de ese empeño
que manifiesta
por
encontrar ciertos ideales y resolver
ciertos
problemas
que preocupan a todos, y conocer el
origen y el remedio de ciertos males que
turban a
las familias. La
grande
aspiración
del arte
literario en nuestro tiempo es dar
forma a todo esto”.
Esta
primera declaración del incipiente novelista
destaca, pues, tres aspectos importantes:
1)
la novela ha de ser novela de caracteres;
2)
la novela ha de basarse en la observación y
mantenerse fiel a la realidad;
3)
el tema de la novela debe ser la clase media
española.
Galdós
pasa. inmediatamente a formular una serie de
observaciones acerca de las características
de esta sociedad que constituye el material
novelable que tiene entre las manos, y las
cuales tienen un matiz de orden sociológico.
Sobresale,
en primer término, la falta de unidad y de
cohesión social, la cual se manifiesta de
diversos modos: en la
manera de constituirse los grupos
familiares, en la zona misma de las creencias,
en los hábitos y
actitudes personales, en las
instituciones políticas y aun en la esfera
del pensamiento.
Según
e1 autor, el aspecto que ofrece esta clase
amorfa es el de la descomposición, a causa
del desmoronamiento de las antiguas clases
sociales: “En esta muchedumbre consternada, que inventa mil pretextos para
ocultarse su propia tristeza -nos
dice Galdós-, se
advierte la descomposición de las antiguas
clases sociales
forjadas en la historia, y que habían llegado
hasta muy cerca de nosotros”.
Para
Galdós pueblo
y aristocracia pierden sus caracteres
tradicionales, de una parte por la desmembración
de la
riqueza, de otra por los progresos de
la enseñanza;
“y el camino
que aún hemos de recorrer para que las
clases fundamentales
pierdan su fisonomía se andará rápidamente”.
Con todo, la constitución de un grupo homogéneo
no ha podido realizarse y la
misma clase
media que el autor postula como materia
novelable resulta inexistente: “la llamada clase media, que no tiene aún existencia positiva es tan
sólo. informe aglomeración de
individuos
procedentes de las categorías superior
e inferior, el producto, digámoslo así, de
la descomposición
de
ambas
familias:
de
la
plebeya,
que sube, de la aristocrática, que
baja, estableciéndose
los
desertores de ambas en esa zona media
de la ilustración, de las carreras oficiales,
de los negocios,
de la vida política y municipal”.
A
pesar de esto, afirma el autor, esta enorme
masa sin carácter propio terminará al final
por absorber los desmedrados restos de las
clases extremas, formando nuevas unidades
vigorosas: “Cuando
esto llegue, se ha de verificar en el seno de
esa muchedumbre caótica una fermentación de
la que saldrán formas sociales que no podemos
adivinar, unidades vigorosas que no acertamos
a definir en la confusión y aturdimiento en
que nos vemos”. Galdós deduce
inmediatamente
las
consecuencias
que este reajuste de clases sociales
tiene para el arte. “Por
una parte se pierde la capacidad de apoyarse
en tipos genéricos, que daban a la literatura
tradicional y clásica cierta
continuidad en sus temas y en su manera de
tratarlos. Por otra parte, esta descomposición
cataclísmica del orden social
va a favorecer una tendencia estética
de significación decisiva para un nuevo
concepto del arte en cuanto conduce hacia la
individualización de los caracteres. A1
perder la caracterización
general
que
éstos tenían antes, nos dice
el autor, quedan más descarnados los modelos humanos, y en ellos debe el
novelista estudiar la
vida, para
obtener frutos de un Arte supremo y durable. La descomposición hace
desaparecer los antifaces y aparece entonces
pura la ‘castiza verdad’. E1 resultado es
una valoración positiva de las categorías
artísticas: perdemos los tipos, pero el
hombre se nos revela mejor; y: el Arte se
avalora sólo con dar a los
seres imaginarios vida más humana que
social”.
Las
implicaciones de este manifiesto tienen una
evidente
importancia: A1 postulado de la
observación directa de la
realidad viene a añadirse el de la
humanización de los caracteres basada en su
irreductible individualidad: al proclamar que
el nuevo orden social trata como consecuencia
la destrucción de los
tipos genéricos en el arte, la novela
moderna tenía que decidirse por el análisis
desnudo de los caracteres individuales
con sus singularidades propias y sus más
íntimos sentimientos y pasiones. Es decir, el
artista -según Galdós- debía proponerse una
reconstrucción veraz de la vida humana.
Dentro
de este marco
cobra sentido la definición de la novela que
el autor nos da: La novela se convierte así
en un género integrador que abarca las
infinitas posibilidades de la vida humana y
que incluye todo lo que se relaciona con el
hombre, tanto en el medio físico como en el
social y espiritual. Dentro del marco de este
mundo totalizador cabe al mismo tiempo el análisis
de las innumerables relaciones que existen
entre los hombres entre si y con la infinidad
de objetos que constituyen su medio ambiente.
Otro
aspecto de singular importancia al cual se
refiere Galdós es el de la transmutación de
la realidad en material estético. Si la
novela es reproducción, no por eso deja de
ser también imagen, lo cual significa
reconstrucción simbólica de la realidad. Además, tal manera de reproducción,
o más bien, de simbolización, debe ser hecha
en forma bella, y, en cuanto tal, dar lugar a
la fruición del sentimiento estético. Es
decir, es indispensable que la exactitud de la
observación vaya acompañada de la belleza de
la reproducción. En tal sentido la novela no
puede ser una simple copia de la
realidad.
Aunque
Galdós no explicó en ningún momento lo que
él quería decir con
estos
conceptos,
en
diferentes
ocasiones planteó en sus novelas este
problema de la transformación de la realidad
al plano estético. E1 novelista se manifiesta
así plenamente consciente de que su postulado
de la reproducción fiel de la realidad es
sólo una guía normativa, el cual
exige en todo
momento la presencia creadora del
artista que transmuta el
material que tiene entre sus manos. La
elevación de la realidad al plano estético
queda constituida así como la tarea
primordial del creador. Este programa de
realismo literario sitúa, por consiguiente,
al novelista frente a la llamada fascinante de
la realidad, pero al mismo tiempo le señala
el imperativo ineludible del arte.
|