VOLVER A LA PÁGINA PRINCIPAL

VOLVER AL ÍNDICE DE APUNTES < APUNTES

. Son las .

.

GALDÓS en su 2ª Etapa: el Naturalismo

Evolución ideológica

Durante este período la actitud de Galdós no puede separarse de la del hombre que ha luchado por derrocar a los Borbones y que contempla, inquieto, cómo tras su caída resurge el caos (asesinato de Prim, monarquía vacilante de Amadeo de Saboya, primera república) y la incertidumbre en la sociedad española. La desazón causada por los acontecimientos le llevan a suavizar su actitud hacia los Borbones y a manifestarse progresivamente monárquico. En abril de I885 es elegido diputado por el partido de Sagasta. Pero su ideal de un gobierna al estilo inglés chocaba fuertemente con el tipo de gobierno que ayudaba a mantener. Creía que lentamente y sacrificando de momento y en parte la libertad, el país llegaría a educarse para poder soportar y disfrutar una auténtica democracia. Galdós, que nunca fue un verdadero conservador ideológico, defendió en esta época una actitud conservadora al considerar que las reivindicaciones de anarquistas, socialistas, federalistas y republicanos -perseguidos por el gobierno- eran una utopía. Después reconocería sus propios errores al comprender  el  camino  sin salida y el egoísmo  del sistema canovista, repudiando duramente el sistema para el que fue elegido diputado.

Desde 1881 Galdós se dispondrá a novelar la vida de la burguesía española en sus "novelas contemporáneas de la segunda etapa". La crítica de la sociedad que hay en estas novelas es la autocrítica de un espíritu honesto y sincero que cree en aquello que critica y que trata de redimir sus defectos. No es la crítica demoledora y corrosiva que niega toda una sociedad y su sistema de valores aspirando a verla desaparecer. No es de extrañar, pues, que la visión de la sociedad española que se refleja en las "novelas  contemporáneas"  sea incompleta. Galdós, queriendo huir del peligro de la revolución y de la lucha de clases, no quiso verlos ni observarlos como novelista (en esta época al menos). En una época en que la industrialización empieza a despuntar en España  Galdós no la refleja en  sus novelas, como hizo Clarín  y aún la Pardo Bazán. E1 campesinado y su dramática existencia tampoco aparece más que como fondo difuminado en las andanzas de  algunos personajes. Tampoco los problemas sociales más agudos del proletariado urbano o de la acción anarquista.

Las novelas naturalistas (1881-1885)

Cuando se publicó La desheredada en 1881, en España existía ya una clara tendencia, por parte de algunos jóvenes escritores, casi en su totalidad liberales, hacia el naturalismo. Sin embargo, para que esta tendencia se consolidase era necesario que un escritor consagrado, como  Galdós, la hiciese suya y le ofreciese una novela importante. Esta fue La desheredada y todos lo reconocieron. Galdós fue considerado el maestro indiscutible del naturalismo, claro que de un naturalismo, como ya sabemos, muy moderado y harto "sui generis", que él mismo se apresuró a justificar y apoyar en la tradición literaria española. Este periodo galdosiano se compone de seis novelas:  La desheredada (1881), EI amigo  Manso (1882), E1 doctor Centeno (1883), Fomento (1884), La de Bringas (1884) y Lo prohibido (1884-85); además de la tercera serie de los Episodios Nacionales.

   El origen de esta serie narrativa se halla en la asimilación de una filosofía, la krausista en el fracaso definitivo de la Revolución del 68 en España: el Galdós de la primera época que “lucha y no duda”, que a veces se muestra incluso dogmático, comienza a retraerse o desengañarse paulatinamente de sus ideales burgueses. Ahora bien, se trata de un desengaño relativo: por debajo de cualquier error al que conduzca el poner en práctica unos ideales, el error mayor es siempre el marasmo, el estancamiento, la abulia, el no-hacer nada.              

Desaparecerán las tesis de la novela, los esquemas mentales y toda ideología sobreimpuesta. La acción se reduce, se estiliza y se hace más pausada; pero sobre todo se interioriza, pasa o ocurrir progresivamente dentro de los personajes, que cobrarán cada vez más importancia por si mismos. E1 narrador abandona su omnisciencia   pasada y se mete en la novela a la altura de los personajes. En las novelas de esta época hay "individuos problemáticos", en el sentido de seres que chocan contra los valores de la sociedad ya desde un principio. No los había en la primera etapa. Allí cada individuo era el representante de un tipo de sociedad con el cual se identificaba. Pero todos ellos tienen que doblegarse a las leyes sociales. Fuera de la sociedad sólo existe el caos, la locura, la anarquía. Estos personajes naturalistas intentan siempre construir sus propias normas de vida al margen de la sociedad y por ello acaban siempre fracasando (hasta la etapa siguiente no serán valorados). De momento, el fenómeno de auto-aislación aparece, pero es condenado por Galdós. En la época naturalista, como en la realista, los ideales colectivos siguen imponiéndose aún a los individuales.

  Estéticamente, el período naturalista es el de la plena posesión de lo real en su opacidad en su no trascendencia. Detrás de lo real está sólo lo real. Por eso todas estas novelas se inician como una gran lucha, una lucha implacable y sin cuartel, contra el espíritu quijotesco, contra la deformación imaginativa de la realidad, y en este sentido continúan la primera etapa.

En estas novelas, Galdós no hace sino describir los efectos de la falta de sentido de la realidad en un “aquí” y un “ahora”, pues quiere que España deje de soñar y entre en el mundo de la realidad, que los delirios de grandeza sean reemplazados por el trabajo paciente, que el amor a la gloria y al heroísmo deje en su lugar a la disciplina, al servicio de la sociedad, “que en lugar de pensar en  Dulcinea se piense en las necesidades cotidianas” La novela se dirige, pues, hacia una clara denuncia de una España de locos, “hijos cada uno de su Rufete, descendientes todos de don Quijote”. Galdós no escribe en esta época sobre personajes calderonianos, sino que escribe la novela de un pueblo entero calderoniano: la sociedad española que vive con la imaginación, en burda farsa, en la que no hace falta ser sino aparentar ser algo para adquirir un sitio en la sociedad. “Todos están de acuerdo en  vivir la farsa como si fuera realidad. Todo es falso:  bienestar, dignidad  honor, sentimiento religioso, moralidad, organización política, economía”. La sociedad es vista por Galdós como un gigantesco decorado de cartón-piedra, fastuoso y brillante, que todo el mundo se empeña en mantener para ocultar una realidad mezquina, miserable, oscura y prosaica. Esto es la cursilería: el desear sin poder ser, el pretender aparecer bajo una determinada imagen y no lograrlo, el estúpido empeño del “quiero y  no  puedo”. Si las novelas abstractas tenían por tema la escisión de España, las naturalistas hablan de la España que vive de sueños: una sociedad en la que nadie produce nada, en la que todos gastan lo que no tienen. Una sociedad abocada a la ruina.

La estructura de estas novelas sigue a las abstractas en el entrecruzamiento entre lo público y lo privado: los privado ocurre en un contexto público ya acaban, incluso, siendo una reducción simbólica de lo público. Galdós sigue estudiando lo público en el ámbito privado de los personajes.

En definitiva, en este periodo novelístico, Galdós se ve abocado al naturalismo ante el desencanto que siente al comprobar el fracaso del proceso revolucionario burgués en España.  Con sarcasmo Galdós sugiere en estas novelas que la revolución no ha sido más que una algarada intrascendente que oculta tras de si la continuidad del Antiguo Régimen en el nuevo. Estas novelas hablan de la “prostitución final de los ideales revolucionarios de la burguesía española”: teniendo la oportunidad histórica para lograrlo, la revolución burguesa del 68 ha acabado por respetar el Antiguo Régimen.

Por último, Madrid se convierte en el gran espacio narrativo naturalista de Galdós. Un Madrid en el que no aparecen ni aristócratas ni proletarios (en todo caso, aparece el “pueblo”, en su aspecto picaresco y folklórico, no en el trabajador). El Madrid que interesa a Galdós sólo es el de la clase media en sus distintos grados y ámbitos. Galdós se siente fascinado, por ejemplo, por el mundo de la burocracia: siniestro, mezquino y mediocre, este mundo, en cambio, es la gran aspiración de los burgueses. La burocracia se convierte, así, en símbolo: nadie produce nada, unos pasan su sueldo a otros y sólo así circula la riqueza. Madrid, es, en suma, el microcosmos simbólico de esa España galdosiana “dormida, beatífica, que sólo desea que la dejen tranquila, que no anda, que nada espera, que vive sólo de falsas ilusiones en el presente; una España que se somete a todo el que quiera mandar y profesa un socialismo manso y silencioso, que no entiende de ideas, ni de acción, ni de nada que no sea soñar y digerir”.[1]



[1] De La de Bringas, la novela más representativa del Naturalismo de Galdós según buena parte de la crítica. Vid. por ejemplo, OLEZA, J. (1976): La novela del XIX: del parto a la crisis de una ideología; Valencia, Ed. Bello; pág. 106 y ss.

 

El autor se responsabiliza de los contenidos propios, pero no del de los sitios web enlazados.

® www.desocupadolector.net: José Miguel Segura Roselló, 2001-2003.

Mapa del web - Contacto con el autor - Créditos