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LA GENERACIÓN DE 1927

Trasfondo cultural (1898-1918)            

El trasfondo literario de la Generación del 27 (dos primeras décadas del siglo XX) puede ser enfocado bajo la oposición entre la "gente nueva" (modernistas y "98") y "gente vieja" (la literatura hecha en la España de la 2ª mitad del s. XIX). La "gente nueva" formó la con­ciencia, a principios del s. XX, de estar ante un cambio artístico radical. Dicha conciencia llegó a los jóvenes del "27" heredada de A. Machado y, sobre todo, de J.R.J.

España no hace sino participar de la crisis social, política y estética general a toda Europa. Circula de modo creciente una conciencia de agotamiento de la cultura occidental (burguesa). La nega­ción y rechazo de lo recibido del siglo XIX se acompaña entonces de un deseo de renovación profunda.

En la dimensión literaria (artística en general) se ve en el fracaso del positivismo decimonónico la raíz de la decadencia y se defiende la reincorporación de lo intuitivo-espiritual (A. Machado en España) en la expresión artística: primer paso hacia el irracionalismo.

El KRAUSISMO (corriente derivada del pensamiento alemán) im­portado por J. Sanz del Río y divulgado por Giner de los Ríos, J. Costa, etc... y la INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA (fundada en 1876 por Sanz del Río) son dos de estos intentos renovadores.

Mientras buena parte de la nómina del "98" se formó en el seno de la I.L.E., por la RESIDENCIA DE ESTUDIANTES (institución derivada de la I.L.E. y fundada en 1910) pasaron gran parte de los inte­grantes del "27" en todas sus vertientes: Buñuel, Dalí, Lorca, Alberti, etc.

Campoamor (1817-1901) y Núñez de Arce (1834-1903) representan la literatura y la estética rechazado después del "98" por la "gente nueva": modernistas y "98" coinciden, desde ópticas distintas ("ética y estética") en repudiar el realismo decimonónico que, según. ellos, se prolongó excesivamente recayendo en un marcado regionalismo y provincianismo (Pereda, Valera, etc.). Modernismo y "98" son, así, fenómenos complementarios en un doble movimiento de re­chazo y regeneración.

Si la Generación del 27, tan iconoclasta en muchos aspectos, fue muy tolerante respecto a modernistas y noventayochistas, es porque éstos sentaron las bases para una renovación expresiva que se sentía necesaria. A la vez, la "gente nueva" dejó al 27 una conciencia ya for­mada de haber roto los vínculos con el pasado inmediato del s. XIX.

Entre la "gente nueva" (denominación acuñada por Clarín) y los del 27 hay varios escritores que funcionan, en este sentido, como "puentes": R. G. de la Serna, José Moreno Villa, León Felipe o Juan José Domenchina acogieron las novedades de la "gente nueva" y las traspasaron a los jóvenes del 27. Junto con este grupo de tran­sición, las VANGUARDIAS, jugarán un importante papel en este proceso de renovación radical, estética y expresiva, respecto al "Realismo" del s. XIX.

  1921-1929 : "Poesía pura" y vanguardias                       

La Generación del 27 surgió en España como heredera de algunos prin­cipios vanguardistas (especialmente los del ULTRAÍSMO, que entró en crisis definitivamente hacia 1924-25). Una serie de "poetas jóvenes" se reunieron para rendir un HO­MENAJE A GÓNGORA en 1927 en el 3er aniversario de su muerte: Gui­llén, Salinas, G. Diego, D. Alonso, Lorca, Alberti, Domenchina, Aleixandre, Cernuda, E. Prados, M. Altolaguirre, José Bergamín. Este sería el ACONTECIMIENTO GENERACIONAL.

Se trataba de poetas cultos (algunos de ellos ejercían el pro­fesorado), cosmopolitas (frecuentes viajes por el extranjero por am­pliaciones de estudios, etc.) que conocían a fondo parte de la his­toria literaria española que más les interesaba (Fray Luís, Lope, Garcilaso, Quevedo y otros clásicos) y también la cultura última de vanguardia (en cuyos ambientes se formaron).

Entre 1921 y 1925 las estéticas y actitudes vanguardistas (la sustitución del sentimiento por el cerebro en poesía, tan incompren­dida y criticada por A. Machado) entran en una primera crisis. El escepticismo ante las vanguardias se manifestará entonces en un re­pliegue hacia la tradición (época en que A. Machado vuelve a intere­sar al público). La Gen. del 27 representa esa crisis vanguardista en España, pero sin olvidar algunos principios estéticos suyos. Sobre todo, el valor de la metáfora como "proceso mágico de acercamiento de dos ob­jetos alejados (paralelismo con el "concepto" barroco), aunque se permite un mínimo de descripción y anécdota en el poema. A la metá­fora se le da un carácter INTELECTUALISTA (exclusión de la emoción humana machadiana; resortes intelectivos, no sentimentales, en el poema). Pero, en último término, la inteligencia será insuficiente como mecanismo de aprehensión del poema: aparece lo INTUITIVO,  lo IRRACIONAL.

Será este valor de la metáfora, la imagen poética como "unión de contrarios" (el poeta es definido por Lorca como un "cazador de metáforas" en su conferencia de 1927 sobre "La imagen poética de don L. de Góngora" *), lo que separe el poema del mundo real y objetivo. El poema no sólo es irreal, sino que irrealiza los objetos conteni­dos en él. La metáfora, la imagen poética así concebida, será el elemento fundamental de la poesía española de 1920-30 (primero como arma de combate en las vanguardias y después, en la primera etapa de la Generación del 27, con pocas modificaciones). Durante esta "primera etapa" de la Gen. del 27, se publican los siguientes libros:

El cohete y la estrella (1924) de JOSÉ BERGAMÍN; Romancero de la novia (1920), Imagen (1922), Soria (1923), Manual de espumas (1924) y Versos humanos (1925) de G. DIEGO; Libro de poemas (1921), Viñetas y Canciones (1925) y Romancero gitano (1928) de F. Gª LORCA;    Presagios (1923) de PEDRO SALINAS; Marinero en Tierra (1925), La amante (1926),  y El alba del   alhelí (1927) de RAFAEL ALBERTI; Tiempo (1925), Canciones del farero (1927 y Vuelta (1927) de   EMILIO PRADOS; Las islas invitadas y otros poemas (1926) de M. ALTOLAGUIRRE; Ámbito (1928) de V. ALEIXANDRE; Cántico (1928, 1ª edición.) de J. GUILLÉN.

En 1925 aparece el libro de Guillermo de Torre Literaturas europeas de vanguardia, que fue considerado la esquela de defunción del ULTRAISMO en España. Durante toda la década de los 20 el "ideal" estético dominante es el de la PUREZA POÉTICA, con el antecedente de los poetas ultraístas entre los años 1918-1921. Ellos sientan las bases teóricas sobre las que se fundamentará, poco después, la Gen. del 27:  la obsesión vanguardista por la destrucción del arte pasado, el imperativo de crear un nuevo lenguaje poético, el deseo de crear en su arte una nueva "realidad" autónoma y la negación de toda función objetiva del arte.

Parte de esta teoría vanguardista persistirá en la Generación del 27. En concreto, será el Ultraismo la fuente más importante de teoría estética del arte nuevo. El Ultraismo se encuentra en muchas de las ideas estéticas del 27, pese a la escasez de resultados prácticos que tal movimiento tuvo en España (fue un movimiento. más teórico que práctico). El antecedente del Ultraismo es el FUTURISMO (importado por Ramón G. de la Serna en su revista Prometeo en 1910, vanguardia que fra­casó rotundamente en España (no así en Italia: Marinetti, la relación. entre Futurismo y Fascismo, etc.). Tan sólo en Cataluña (Gabriel Alomar) pueden rastrearse huellas claras futuristas en España.

El que sí tuvo trascendencia en le Generación del 27 fue R.G. de la Serna, y en especial su concepto del arte como algo gratuito, inú­til, antiteórico, lúdico; además reivindicó el valor de la metáfora en sus "greguerías".

La 1ª Guerra Mundial fue vista, entonces, en toda Europa como la última consecuencia del "orden antiguo". Se acentuó, así, la ur­gencia por encontrar una nueva estética y los movimientos vanguar­distas tras la guerra (1914-1918) se suceden rápidamente: el EXPRE­SIONISMO alemán, el CUBISMO, el DADAÍSMO (Tristán Tzara en 1916), el ULTRAÍSMO, el CREACIONISMO (España e H. América), el SUPERREALISMO o SURREALISMO (Francia), el IMAGINISMO (EE.UU. e Inglaterra), el ADA­NISMO (Rusia), etc. Las vanguardias se suceden, así, como respuestas estéticas a la nueva situación socio-política europea. Concretamente, una res­puesta de EVASIÓN ANTE ESA REALIDAD DESAGRADABLE.

A la vez, en 1918 llega a España el poeta chileno V. Huidobro y, con él, el CREACIONISMO: vanguardia que pretende emular (no imi­tar) a la Naturaleza para "crear nuevas realidades", eliminando del poema todo lo descriptivo y lo anecdótico.

En definitiva, las vanguardias no son más que respuestas rápi­das y sucesivas (faltas muchas veces de coherencia) que tienen la nota común del "YOÍSMO". En España, los principios vanguardistas que continuarán vivos en la Generación del 27 (1ª etapa) serán los siguientes:

- HOSTILIDAD A LA TRADICIÓN: culto al dinamismo, desprecio ha­cia el "público" burgués (los actos públicos vanguardistas persiguen el escándalo), idea de superioridad frente a la gran masa, hostili­dad y romanticismo (el artista superior incomprendido); ello hace ver en GÓNGORA un antecedente claro: poeta "superior y puro", incom­prendido y enajenado por la sociedad...

 

- BÚSQUEDA DE LA NOVEDAD POÉTICA: renovación del efecto sor­presivo del lenguaje poético.

 

- CREACIÓN DE UNA NUEVA "REALIDAD" POÉTICA FRENTE A LA REALIDAD OBJETIVA: no se pretende cantar a las cosas, sino cre­arlas (Creacionismo), el "poema creado" no tendrá jamás correspon­dencia en el mundo objetivo, el poeta como Demiurgo de un mundo en el que él será el centro (J.R.J.) y en el que no podrá entrar la masa (la "torre de marfil"), denuncia del principio mimético del arte tradicional, el poema como otra realidad más que aumenta el nú­mero de objetos reales.

- INTRASCENDENCIA DEL ARTE NUEVO: CONCEPTO LÚDICO: pretensión desmitificadora del poeta y la poesía (abundancia, por ej., de paya­sos y "clowns" en el arte gráfico de la época), el arte es un juego porque rehuye la realidad externa, el arte como deporte, el poema como rompecabezas (eliminación de la puntuación y mayúsculas, libre disposición tipográfica, etc.).

- LA METÁFORA: si esta nueva percepción del mundo precisa de un nuevo lenguaje, éste se valdrá de la imagen poética, de la metá­fora (en poesía y en prosa). Ortega (La deshumanización del arte) define la poesía como "álgebra superior de las metáforas"... La metáfora ya no sólo es un medio, sino un fin en sí misma. Las metáforas dejan todo nexo lógico y sólo son comprensibles intuitiva, irracionalmente.  

- REORGANIZACIÓN DEL MUNDO OBJETIVO: como consecuencia de las metáforas, los objetos se relacionan de forma nueva en el poema. Ello produce un cambio de perspectiva (el hombre que da un pitillo al sol, por ej.) y desmitifica los símbolos poéticos clásicos.

- TEMÁTICA: si la belleza ya no reside en el objeto visto, sino en el modo de mirarlo, en el poema podrá entrar cualquier rea­lidad, aunque tradicionalmente se la haya considerado "anti-poé­tico".

- EXTERIORIZACIÓN / OBJETUALIZACIÓN: proceso contrario al de la poesía romántica y simbolista: el poeta ya no plasma su subjetividad sobre el objeto mirado. Para ello se toman, muchas veces, objetos de la modernidad (máquinas, etc.), pues éstos no despiertan emociones "hechas" por la tradición.

- OTRAS TÉCNICAS: tendencia a la supresión del adjetivo, de los signos de puntuación, libre disposición tipográfica (Calligrammes de Apollinaire, en 1919). La palabra ya no sólo re­fiere (significa), sino que está presente (función plástica). Son técnicas tendentes, en último término, a la AUTOSUFICIENCIA DEL ARTE.

- PUREZA Y ABSTRACCIÓN: el arte es algo "puro" frente al pú­blico "impuro" (distinción estética y social).

- DISTANCIAMIENTO ENTRE POESÍA Y PÚBLICO: este hecho, que después fue visto como un "problema" para los vanguardistas, en rea­lidad no lo era para ellos, pues fue algo premeditado, buscado desde un principio (arte anti-burgués).

Este espíritu optimista, evasivo y deportista de las vanguar­dias tras la 1ª Guerra Mundial (1914-1918) se prolonga hasta 1930 aproximadamente: una nueva depresión económica y espiritual en Occi­dente (el famoso "crack" de 1929, la creciente radicalización política en Europa, etc.) lo harán naufragar definitivamente.

Otra herencia vanguardista de estos primeros libros de la Generación del 27 es la oposición de dos mundos: el objetivo, real y cotidiano por un lado y el mundo poético (superior al primero) que existe gra­cias a la poesía y sólo por medio de ella. La poesía será a-histó­rica, anti-histórica; no tiene deber de verosimilitud; sus leyes son estéticas... Esta creencia en la autonomía del arte, heredada por el 27 de las vanguardias, no es más que una radicalización del mismo princi­pio simbolista de inicios del s. XX. Ahora bien, hay dos formas de autonomía del arte: la de la poesía que "inventa" un mundo indepen­diente, "ex nihilo", y la de la poesía que revela la desconocida y verdadera configuración del mundo. Conforme se avanza en la década de los 20, la poesía de la Generación del 27 se irá decantando por este segundo tipo de "poesía autónoma": el poeta tenderá a desmentir la apariencia del mundo y a explicar su verdadero carácter. "El poeta no se desnuda, sino que es él quien desnuda a la realidad por medio del lenguaje". Y, además, la poesía ordena el caos del mundo obje­tivo. La poesía (y también el cine) destruirá primero, y recons­truirá después, sobre los elementos "reales". Pero con un matiz de superioridad sobre esa realidad. El poema tiende a la "creación" y a la "auto-referencialidad" de un mundo poético autónomo.

La mayoría de los poetas del 27 (de orígenes burgueses, para­dójicamente) tienen un nivel económico que les permite un aleja­miento de la vida diaria; tal vez por ello, mantendrán la superiori­dad del arte sobre la realidad política durante la década de los 20. Pero, a partir de 1929, algunos de estos autores irán ya concien­ciándose de su labor política (Alberti, etc.), al mismo tiempo que en Europa comenzarán a enfrentarse dos ideologías contrarias -Fas­cismo y Comunismo-. Enfrentamiento generalizado durante la década de los 30 en lo que será un "prólogo" de la 2ª Guerra Mundial... Así, pues, la poesía de la Generación del 27 evolucionará, desde la "pureza" gratuita y autónoma inicial, hacia una progresiva toma de conciencia, fundamentalmente antiburguesa, a finales de la década (1928-29).

Lo característico en la Generación del 27 durante esta década (1920-30) es la llamada "POESÍA PURA". J.R.J. será el "mentor" generacio­nal de estos años junto a Góngora. Poesía pura es poesía sin "intenciones ajenas", poesía que reduce las capacidades semánticas del lenguaje y aumenta las fónicas, poesía sin sentimentalidad, poe­sía intelectual casi matemática o química, poesía tendente al silen­cio, poesía en estado "químicamente puro"... Se exalta entonces la dificultad poética, la inteligibilidad, la incomprensibilidad mediante la lógica (Góngora como "príncipe de las tinieblas"...). Tal dificultad garantiza el elitismo. Góngora es, de nuevo, el ejemplo a seguir en cuanto a las for­mas poéticas exteriores: formas estróficas rígidas, inflexibles, pero con una total libertad sintáctica interna. Esa forma rígida es otro elemento que diferencia la perfección del poema del caos de la rea­lidad. Se trata, entonces, de una poesía muy FORMALISTA.

Los poemas suelen ser breves (la greguería es el antecedente simbólico). Ello es una consecuencia de un general interés por lo minúsculo. Proliferan los objetos cotidianos en los poemas: un sillón, un piano, una hoja, una máquina de escribir, etc. (vid. Cántico, de J. Guillén). Pero son objetos des-realizados, irrealizados, fuera de su contexto natural. Cuando se suceden los poemas sobre objetos des-realizados (ej. citado de Guillén) surge la impresión de un fuerte FRAGMENTARISMO. El poema será, entonces, un pequeño poema-objeto con voluntad de existir de modo autónomo y autorreferencial.

Hacia 1928-29, hay ya una creciente conciencia de "FIN DE ÉPOCA", de la época vanguardista concretamente: las vanguardias son ahora vistas como algo necesario pero superado. A. Machado aparece ahora casi como un poeta-profeta en su críticas a los vanguardismos durante el apogeo de éstos. Así, el poema breve cederá paulatina­mente al largo, el verso corto se alargará también, la forma rígida dará paso a la libre, la asepsia intelectual a la pasión, la esté­tica a la ética y la evasión al compromiso...

  Periodo de 1929-1936 : Surrealismo y compromiso (hacia la "poesía impura")

El TRASFONDO HISTÓRICO de esta 2ª etapa de la Generación de. 27 son los últimos años 20 y la década de los 30, caracterizados por la pro­funda crisis económica, social, política y cultural del mundo occi­dental: "Crack" de la bolsa norteamericana en 1929, hecho que resonó en seguida en la economía internacional; creciente conflictividad laboral en España (represión de la huelga de mineros asturianos en 1934, en la que "destacó" el general Franco..., etc.); desgaste y crisis del aparato estatal español (caída de la dictadura de Primo de Rivera); la política entra de lleno en la vida española (abdicación del rey Alfonso XIII, proclamación de la II República en 1931).

La turbulencia y conflictividad de los años 30, tras los "felices años 20" está en el origen del cambio radical de los artis­tas en general: de la vanguardia se evolucionará rápidamente hasta el compromiso político. Así, el intelectual actúa en política y la política entra de lleno en la literatura. Dicha evolución produjo, en los integrantes de la Generación del 27, la DISOLUCIÓN DE LOS LAZOS GENERACIONALES que les mantenían unidos durante los años anteriores. En este proceso de disolución genera­cional tienen importancia otros factores, como:

La influencia del surrealismo en la formación de una ética y una estética que se dirigen al compromiso socio-político.

La evolución del ideal de la literatura comprometida.

Cambio radical de actitud respecto a las relaciones entre política y arte en general.

Los libros más importantes (nótese el simbolismo de ciertos títulos) publicados por los poetas del 27 en esta década de los 30 son:

Cal y canto, Sobre los ángeles y Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos (1929), Sermones y moradas (1930), Consignas (1933), El poeta en la calle, 13 barras y 48 estrellas y Verte y no verte (1935), Nuestra diaria palabra y Poema del mar Caribe (1936), de RAFAEL AL­BERTI; Vida poética (1930), de M. ALTOLAGUIRRE; Viacrucis (1931), Fábula de Equis y Zeda y Poemas adrede (1932), de GERARDO DIEGO; Poema del cante jondo (1931), Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1935), Primeros poemas y Seis poemas galegos (1936), de F. Gª LORCA; Ardor (1931), Cántico (1936, 2ª ed.) de JORGE GUILLÉN; Fábula y signo (1931), Amor en vilo (1933), La voz a ti debida (1934), Razón de amor (1936), de PEDRO SALINAS; La invitación a la poesía (1933), Donde habite el olvido (1934), El joven marinero y La realidad y el deseo (1ª ed.) (1936), de LUIS CERNUDA; La destrucción o el amor y Pasión de la tierra (1935), de VICENTE ALEIXANDRE; El llanto subterráneo (1936), de EMILIO PRADOS.

El surrealismo (o superrealismo) de André Bréton supuso la reformu­lación del sistema estético "puro" de los años 20 en términos de "compromiso" socio-político en los años 30. Frente al Surrealismo, los mismos poetas del 27 mantienen diver­gencias importantes: mientras D. Alonso niega su existencia en Es­paña, Alberti intentará "nacionalizarlo" basándose en la tradición literaria popular española (lo grotesco y el humor negro de la poesía tradicional, Goya en determinadas etapas de su producción, etc.) 

Lo que no hubo en España fue un "surrealismo dogmático". Pero en libros como Sobre los ángeles y Sermones y moradas, de Alberti o Un río, un amor, de Cernuda o Espadas como labios de Aleixandre o Poeta en N.York de Lorca, es innegable la presencia de determinadas TÉCNICAS SURREALISTAS. En general, las primeras obras de esta naturaleza técnica comienzan a publicarse en 1929 (5 años después de la publi­cación de los "Manifiestos Surrealistas" de A. Bréton en Francia). Poetas que se decían "intelectuales" no podían ahora aceptar, por ejemplo, la "escritura automática" surrealista, por lo que esta técnica comportaba de libertad subconsciente total y abandono abso­luto del control racional sobre el objeto artístico. La apariencia caótica, irracional, de poemas de Lorca o Aleixandre es sólo apa­rente. Lo que, en realidad, se rechaza es la libertad neorromántica del surrealismo.

El "apogeo" surrealista español se desarrolló entre los años 1928-31: contactos constantes entre Buñuel, Dalí, Lorca, Alberti, etc., en la Residencia de Estudiantes, de Madrid.

Los poetas que utilizan las técnicas surrealistas (o alguna de ellas) lo hacen, curiosamente, cuando están ante algún tipo de cri­sis personal: el viaje a EE.UU. de Lorca, la enfermedad crónica de Aleixandre, las vivencias amorosas de Alberti, el descubrimiento de la propia diferencialidad íntima de Cernuda, etc. Además, junto a la superación de crisis personales, el surrealismo sirvió a estos poe­tas para tomar conciencia de la dimensión social del hombre: origi­nariamente, el surrealismo nace en Francia como rechazo a la socie­dad burguesa (vanguardias...) y a su lenguaje pretendidamente "lógico". El lenguaje surrealista es, pues, rechazo y liberación, no tanto personal, sino social. Pero, si este lenguaje surrealista permitía reflejar el "desorden interior" del poeta, existía el problema de su difícil comprensibilidad. Es un lenguaje limitado a círculos restringidos y cultos. El trasfondo de la cuestión era la creciente conciencia de que la poesía es comunicación (Machado) de sentimientos (en contra de las posturas vanguardistas de estos mismos autores en la década de los 20...). En este proceso de creciente comunicatividad, no es casual que Lorca y Alberti se decantaran hacia el teatro (género más aceptado, más en contacto con el público).

El creciente compromiso político de los poetas del 27 des el año 1930 es un fenómeno derivado también de la creciente vida política española: el gobierno republicano creó organizaciones de difusión cultural (Lorca y "La barraca", las "Misiones pedagógicas", etc.) y la entrada de un clima cada vez más agitado. Ésta no es más que una tendencia hacia el "neo-romanticismo": la ética en la litera­tura, retorno al "yo" lírico" y a las pasiones humanas como tema. La obra literaria, así, se va politizando, socializando. Es lo que se ha llamado también ESTÉTICA DE LO IMPURO (frente al ideal de "pureza" de la década anterior). Es la época en que Pablo Neruda llega a España (influenciará a M. Hernández, etc.). "Poesía impura" es, en úl­timo término, la poesía que acepta en sí misma lo cotidiano, lo "no poético" con fines extra-poéticos, extra-artísticos (poesía como "herramienta", negación de la autonomía artística, de la auto-referencialidad del poema, etc.). Frente a todo ello, J.R.J. seguirá inmerso en su "torre de mar­fil" escribiendo para una "inmensa minoría".

La posibilidad de comunicar ( no sólo expresar) con el poema se convertirá después en obligación: los poetas han de poner su arte al servicio de fines sociales, extra-poéticos. La creciente polarización (en dos bloques enfrentados) de la vida pública española de la época va a trasladarse también a la li­teratura. Una determinada estética ("credo artístico") tendió a identificarse con una determinada ética o posición ideológica y po­lítica. Arte e ideología se confundirán en los años previos a la Guerra Civil. El arte adquirirá una enorme dimensión utilitarista. El "público" será, ahora, al "pueblo". A. Machado y Pablo Neruda (que funda la revista Caballo verde para la poesía en estos años) sustituirán en­tonces a J.R.J. como "mentores" de la poesía española. Con la Guerra Civil (1936-39), la tendencia que hemos visto en la década de los 30 a confundir románticamente "literatura" (Arte) y "vida" se hará una urgente realidad: el joven poeta Miguel Hernández, el "poeta- soldado", será la máxima expresión - junto a Alberti- de esta situación. Tam­bién M. Hernández -ahora junto a Lorca- será su simbólica víctima.

 

MIGUEL HERNÁNDEZ (1910-1942)

Su verdadera importancia como poeta es la de servir de puente entre la preguerra y la post-guerra civil española, dado que:

Mantuvo estrechos contactos con los poetas del 27, lo que ha llevado a considerarlo un epígono de dicha generación.

Por su edad (bastante más joven que los del 27) se le podría incluir en el primer grupo de poetas de la post-guerra, la llamada "Generación de 1936".

Por razones estéticas (su evolución literaria tiene bastantes semejanzas a la de los miembros de la Generación del 27) e ideológicas (su compromiso político en favor de la II República durante la guerra civil, etc.) es más coherente hablar de este poeta en el contexto anterior al estallido de la guerra civil española.

Se da a conocer en 1934, cuando llega a Madrid procedente de su pueblo natal, Orihuela. Allí conoce a Pablo Neruda y se implica en la guerra alistándose como voluntario republicano. Se casó durante la contienda. Al finalizar ésta es encarcelado por los vencedores y muere tuberculoso en la cárcel de Alicante a los 32 años. Estos datos biográficos son los que, de alguna manera, han llevado a mitificarlo junto a otros poetas como Lorca (también muerto en la guerra y claramente decantado en favor de la República).

Su producción poética está formada por Perito en lunas (1934), El rayo que no cesa (1936), Vientos del pueblo (1937), El hombre acecha (1939) y Cancionero y romancero de ausencias (1942, escrito en la cárcel). Además escribe teatro, aunque ésta es la faceta de su obra menos conocida: Quién te ha visto y quién te ve, y sombra de lo que eras, El labrador de más aire (1937) y Teatro en la guerra (1939).

Su trayectoria poética se desarrolla en dos etapas claramente diferenciadas (como en los poetas del 27):

Hasta 1936. Una poesía caracterizada por la disciplina formal y el respeto total a formas clásicas como la octava real y, sobre todo, el soneto. La metáfora es uno de los elementos centrales. Temáticamente, sus libros de esta época giran en torno a la vida y el amor, pero siempre con una visión amenazada y trágica: la muerte es el tercer elemento.

Desde 1936. Poesía de compromiso social y político cada vez más firme. Aparece el tono épico de las arengas. Puede hablarse incluso de "poesía de combate". Decrece la preocupación estética, dando paso a un lenguaje más claro y directo. En los poemas escritos en la cárcel la temática social (consecuencias de la guerra, etc.) vuelve a dar paso a una temática más personal, reapareciendo el amor (a su esposa y sus hijos), la falta de libertad, la cercanía de la muerte, etc. En ese sentido, es ejemplar uno de los últimos poemas escritos por él: el famosísimo "Nanas de la cebolla" dedicado a su hijo menor.

Como conclusión, sólo cabe decir que M. Hernández es el máximo ejemplo (tal vez junto a A. Machado) de la progresiva "rehumanización" de la poesía española que se registra desde 1930 hasta el estallido de la guerra (después de haber sido superadas la "poesía pura" y las vanguardias). Su obra y su vida misma están marcadas de principio a fin por la Guerra Civil española (1936-39), de la que fue una víctima más.

 

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