LA
"GENERACIÓN DEL 98"
¿Existe
tal "generación?
Uno de los grupos de
escritores más conocido como tal dentro de la
literatura en lengua española es el llamado
"Generación del 98". La crítica ha
englobado tradicionalmente bajo ese rótulo a los
siguientes escritores: Miguel de Unamuno, Antonio Machado,
Ramón Mª del
Valle-Inclán, Pío Baroja,
Ángel Ganivet, Ramiro de Maeztu
y José Martínez Ruiz (más conocido como
"Azorín"). La denominación
"Generación del 98" fue propuesta por
Azorín en 1913, pero lo curioso es que bajo dicho rótulo
incluyó también a Benavente y a Rubén Darío y no
a A. Machado...
En realidad aunque la denominación mencionada ha
tenido un gran éxito, para que pueda hablarse de
"generación" deben cumplirse una serie de
circunstancias que en el caso de los escritores del
98 vienen criticándose desde hace algunos años. ¿Es,
pues, la Generación del 98" una verdadera
generación de escritores?. ¿Se trata sólo de una
etiqueta cómoda y simplista?.
En
primer lugar, es cierto que estos escritores coinciden
como tales en el tiempo: desde finales del s.
XIX y hasta las inmediaciones de la Guerra Civil
Española se desarrolla toda su obra, con algunas
salvedades. Sólo once años separan al más viejo (unamuno)
del más joven (Machado).
Además, coinciden en tener un profundo conocimiento
de su propia época, la llamada "Restauración"
borbónica (reinado de Alfonso XII, regencia de Mª
Cristina y reinado de Alfonso XIII)., pero su fomación
-autodidacta por lo general- no es uniforme en
absoluto.
Por
otro lado, hay que señalar que no todos los
integrantes de la hipotética Generación del 98
mantuvieron contactos personales de manera asidua,
ni tampoco que estuvieran en su totalidad
relacionados en su quehacer como escritores.
Bien al contrario, del colectivo antes citado
siempre se habla de un núcleo inicial -el
"grupo de los tres"- formado por Azorín,
Baroja y Maeztu. Estos escritores mantienen, entre
1900 y 1905 fuertes relaciones personales: escriben
y editan la revista Juventud,
homenajean en su centenario a Larra (1901), asisten
conjuntamente al estreno teatral de Electra
de Galdós, se declaran contrarios a la concesión
del premio Nobel al dramaturgo Echegaray (1905),
etc. Sólo Unamuno se les une explícitamente poco
después.
El
acontecimiento
generacional que aúna de algún modo las
voluntades de estos escritores es el llamado
"desastre colonial de 1898" (pérdida de
Cuba tras la derrota con los EE.UU.), per también
es cierto que los modernistas denunciaron la
gravedad de este hecho.
Además,
no puede hablarse de la existencia de un "líder"
de tal generación en ningún momento. En todo caso,
citar a Unamuno como aglutinador y figura de mayor
prestigio público.
Tampoco
puede hablarse, por fin, de un "lenguaje
generacional" más o menos común a todos.
En lo que sí que coincidieron fue en
manifestar su anti-realismo (anti-aburguesamiento)
radical y la tendencia al anti-retoricismo y a la
sobriedad expresiva, predominando el tema sobre la
forma en sus obras. Como mucho, añadir ciertas
influencias más o menos compartidas (Nietzsche,
Marx, etc.) y la admiración por Larra, Quevedo o
Cervantes.
El
"espíritu del 98"
Parece
claro, pues, que el concepto de "generación" es difícilmente aplicable a este
conjunto de escritores. A lo sumo, como ciertos
críticos vienen señalando últimamente, debería
hablarse de un
"espíritu del 98" asumido por todos
durante el período histórico de
1900 a 1910 o 1915.
En
la evolución de cada uno de los escritores
mencionados, tanto anterior como posterior a estos años,
se observan muchas más diferencias que semejanzas.
Lo que se ha llamado tradicionalmente "Generación
del 98" no parece, en definitiva, más que el
cruce ocasional (entre diez o quince años a lo máximo)
en las biografías de sendos escritores. Sólo así
puede explicarse que haya evoluciones ideológicas
personales tan diferentes entre estos escritores:
El "grupo de los
tres" y Unamuno evolucionan ideológicamente
desde una juventud radicalmente revolucionaria y de
tintes socialistas o anarquistas hasta los últimos
años de actitud conservadora o francamente
reaccionaria, mientras que
Machado y, sobre todo,
Valle-Inclán evolucionan de forma diametralmente
opuesta: de un conservadurismo tibio en el primero o
radical en el segundo hacia una madurez comprometida
con la II República Española, el Frente Popular,
etc.
Por
último, hay que señalar que no sólo los
escritores arriba mencionados participan de este
"espíritu". También se da, aunque
parcialmente, en escritores como Benavente, Blasco
Ibáñez, Menéndez Pidal o Maragall; pintores como
Zuloaga y músicos como Albéniz o Falla.
¿Cuáles
son, entonces, las características comunes que nos
permiten hablar de "espíritu del 98"
entre 1900 y 1915?. Durante este periodo todos estos
escritores coinciden en:
Reflejar la
necesidad de una regeneración social y artística
de esa España en profunda crisis que queda
simbolizada en el desastre colonial del año 98 (del
cual toma nombre). En esa crisis española a todos
los niveles ven un motivo para hacer una
"examen de conciencia" nacional que
finalmente permita al país superar su decadencia.
En ese sentido, España
(el "problema de España") es el gran tema
de fondo del 98.
Mantener un perspectiva centrípeta,
unificadora, de la España del momento. Castilla se convierte, entonces, en símbolo del país
(espiritualidad, austeridad, energía, etc.).
Manifestar su rechazo
frontal hacia la clase social burguesa.
a la que, paradójicamente, pertenecen la
mayoría de ellos. En la burguesía ven una capa
social definitivamente derrotada y marginada en el
presente como consecuencia de su fracaso por acceder
al poder en España desde el s. XIX. En este
sentido, los escritores del 98 son un ejemplo
perfecto de la crisis de la conciencia burguesa (es decir, de un ideología
burguesa ya en crisis).
Declararse, por tanto, totalmente
anti-realistas en literatura y anti-positivistas en
cuanto al pensamiento, introduciendo al mismo
tiempo elementos subjetivos de tipo irracional en
sus ideas políticas y en sus obras literarias.
Estar influenciados, en general, por las corrientes filosófica europeas del
momento: el irracionalismo, el vitalismo, un
existencialismo embrionario, etc. (Schopenhauer,
Kierkegaard, Nietzsche, Bergson). La
otra influencia común es la de los "regeneracionistas"
españoles del s. XIX (el krausismo, Giner de
los Ríos y la "Institución Libre de Enseñanza",
Joaquín Costa, etc.) que ya entonces manifestaron
la necesidad de regenerar España.
Proponer soluciones de tipo individualista, subjetivo e idealista a una
problemática como la española que, en definitiva
era material (económica, social, militar, laboral,
etc.) y colectiva.
Mantener un
deseo de incidencia pública en influir en la
sociedad española de la época, lo que se ha
relacionado frecuentemente con su poligrafismo
(estos escritores suelen tener una obra literaria
bastante extensa y muy variada).
Reivindicar el ensayo como nueva forma o género literario, junto al
gusto por el
lenguaje tradicional.
98
y Modernismo
Por
otra parte, a la vista de estos caracteres comunes a
los escritores mencionados al principio, resulta
evidente que la tradicional diferenciación entre la
llamada "Generación del 98" y el
Modernismo (corrientes ambas coetáneas en España)
no es tan clara como se ha dicho. De hecho, si bien
los escritores del 98 se decantan más por la novela
y el ensayo como géneros y por temas más morales,
sociales o filosóficos, unos y otros coinciden en
bastantes e importantes aspectos:
Necesidad de regeneración
nacional, superando de forma definitiva la España
de la "Restauración" y asumiendo el
fracaso de la burguesía en tal empresa.
Procedencia social burguesa de
los escritores.
Necesidad de superar el
realismo, como modelo estético dominante desde los
últimos decenios del s. XIX, mediante la
subjetividad, el irracionalismo, etc.
Desprecio del parlamentarismo
como fórmula política típicamente burguesa en las
sociedades occidentales.
Reivindicar la libertad total
para el artista y la concepción del mismo como
alguien superior a los demás.
En
definitiva, pues, 98 y Modernismo no son más que
dos expresiones simultáneas de la crisis interna de
la burguesía como clase social y de su ideología,
arte, etc. Son dos formas diferentes de superación
del realismo estético y del positivismo filosófico:
dos caminos paralelos de ruptura con el sistema
burgués, dos síntomas de una misma crisis, no sólo
española sino occidental.
Ante
una misma realidad social que todos coinciden en
criticar, unos -los modernistas- optan más bien por
evadirse y refugiarse en la ensoñación, la
belleza, el pasado o la subjetividad (imitando en
ello a los románticos); otros -los del 98-
prefieren implicarse en ella para transformarla
mediante el individualismo (imitando así a los
ilustrados del XVIII y a los regeneracionistas del
XIX). Coinciden, pues, en ver la sociedad española
de la "Restauración" como algo caduco,
pero divergen en cuál ha de ser para ellos la
reacción del "yo" respecto a ella.
Todo
ello nos puede ayudar a entender el hecho de que
algunos escritores (Machado, Valle-Inclán)
encuadrados tradicionalmente en el 98 tengan una
primera etapa en su producción literaria típicamente
modernista.
Evolución del 98
Dado
el carácter fuertemente individualista e
iconoclasta de estos escritores, difícilmente puede
hablarse de una evolución conjunta y homogénea. Al
contrario, lo más llamativo reside en las
diferencias que hay entre ellos. Así, por ejemplo,
contrastan el esteticismo modernista inicial de
Valle-Inclán con la literatura comprometida de los
últimos años de A. Machado, la contradicción y
paradojas constantes de Unamuno con el dogmatismo
religioso y político de Maeztu (embajador con Primo
de Rivera y ferviente anti-republicano), la tibieza
política de Azorín y Baroja (ambiguos frente a los
militares en 1936y después ante los fascismos
europeos) con el exilio consciente de Machado
(muerto en Francia durante la guerra civil), etc.
Para
entenderlo hay que ver, aunque a grandes rasgos, la
evolución personal de cada uno.
ÁNGEL
GANIVET. De carácter y pensamiento marcadamente
escéptico, sintió siempre la necesidad de acabar
con la decadencia española. Aunque escribió
algunas obras teatrales (El
escultor de su alma), lo más importante en
su obra son las novelas.
Destaca
La
conquista del reino de Maya, por el último
conquistador español Pío Cid, narración
histórica que admite una segunda lectura aplicada a
la España del momento. Éste rasgo se repite en Granada
la bella, donde Granada se erige en símbolo
de una España pobre pero con ideales.
De
su labor como diplomático surgen textos como Hombres
del norte o Cartas
finlandesas; pero su obra más importante es
Idearium
español, en la que intenta aplicar los métodos
científicos de Taine para descifrar las características
básicas de "lo español", llegando a
elaborar una curiosa teoría nacionalista sobre
bases geográficas, étnicas, religiosas y
culturales.
RAMIRO DE MAEZTU.
Es, tal vez, uno de los escritores que mejor
representan las contradicciones propias de la
llamada "Generación del 98". De una
ideología juvenil de tipo anarquista-socialista
(articulista del periódico El sol) acabó siendo un decidido conservador (defensor, por
ejemplo, de la dictadura de Primo de Rivera en el
periódico La
nación).
Nietzsche
es la influencia más notable en él desde sus
libros Hacia
otra España y La
crisis del humanismo. Realizó una recreación
de la mitología hispánica en Don Quijote, Don Juan y la Celestina en la que el primero
representa la decadencia española (los
"ideales sin fuerza"), el segundo el
vitalismo y la energía irresponsables (la
"fuerza sin ideales") y la tercera el
pasado sefardíta.
Sus
obras más importantes surgieron tras el desastre de
1898. Defensa
de la hispanidad e Idearium
español son una búsqueda de la supuesta
"alma española" mediante el
enfrentamiento con todo lo europeo (en especial lo
anglosajón) y el entronque con el catolicismo.
Del
resto de integrantes del grupo nos ocuparemos en los
siguientes temas (de Baroja, Azorín y Unamuno
cuando hablemos de la novela anterior a 1936, de
Machado cuando nos ocupemos de la poesía y de
Valle-Inclán al hablar del teatro durante ese mismo
periodo).
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