M.
J. de LARRA: evolución periodístico-literaria
Aunque,
como escritor, Larra es ante todo periodista,
participando de las corrientes románticas de su
tiempo también escribió poesía, teatro y novela.
En estos géneros Larra no destaca en absoluto, no añade
nada nuevo o personal a los tópicos del momento.
La
trayectoria de Larra como articulista pasa por las
siguientes fases:
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El
duende satírico del día
(1828)
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·
19
años de edad.
·
Se
publicaron sólo cinco números (ocho artículos en
total, que más tarde serán rechazados por el
propio Larra)
·
Publica
algún pequeño trabajo en El Correo Literario y Mercantil)
·
Su
pseudónimo o máscara (“el duende”) representa
la infancia literaria de Larra
·
Formación
en Francia (exilio de la familia son el ejército
napoleónico, en el que su padre trabajaba como médico):
“afrancesamiento”.
·
Rasgos
típicos de la Ilustración: fe en la razón.
·
Los
tonos utilizados en sus artículos son benevolentes
y optimistas en el futuro.
·
El
artículo de prensa es concebido en esta época como
medio de educación y reforma social (actitud típica
del ilustrado del s. XVIII).
·
Temáticamente
los artículos de esta primera etapa hablan críticamente
de los aspectos cotidianos y los hábitos sociales
de los españoles: perder el tiempo en los cafés,
las malas costumbres en la mesa y en el trato, las
pretensiones y afectaciones sociales ridículas, las
aficiones sanguinarias y bárbaras, etc.
·
El artículo
tiende a la claridad y sigue siempre un orden
expositivo: estructura explicativa por lo general:
digresión o intervención inicial del narrador -
narración propiamente dicha - intervención final a
modo de conclusión (en la que Larra acaba siempre
reafirmando sus propias ideas)
.
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El
pobrecito hablador
((1832)
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·
Se
publicaron 14 números (22 artículos), hasta marzo
de 1833.
·
Utiliza
como pseudónimo “El Bachiller”.
·
Ideológicamente,
Larra evoluciona desde el positivismo racionalista
de la primera etapa al liberalismo moderado.
·
Los
artículos se hacen más abiertamente políticos y
moralizantes.
·
Se
dan de forma abierta sus primeras críticas al
absolutismo como forma de gobierno y a Fernando VII
-ya enfermo de muerte- en particular.
·
Los
temas dominantes son: el público y su opinión, la
cultura y sus formas de transmisión social
(familia, etc.), la religión, la censura, la
“heroicidad” del escritor, el gobierno de turno,
la burocracia, la educación, la ignorancia, la
inmoralidad dominante, el teatro de la época, etc.
·
El
narrador tiene a “participar” como personaje en
la acción narrada en los artículos.
·
Los símbolos,
las caricaturas i la ironía comienzan a convertirse
en sus “estilemas” .
La
Revista Española,
El Correo de las Damas y
El Observador (1833)
·
Sustituye
a Mesonero Romanos como crítico teatral en La
Revista Española.
·
Firma
sus artículos con el pseudónimo “Fígaro”
(hasta su muerte firmará con esta máscara casi 200
artículos). Relación del pseudónimo con el
personaje de “El
barbero de Sevilla” de Beaumarchais.
·
Larra
deja de auto-publicarse y pasa a trabajar en periódicos
ajenos: profesional del periodismo y beneficios económicos
por primera vez.
·
Su
ideología liberal conservadora comienza a acercarse
al progresismo.
·
Amistad
con Espronceda.
·
Critica
al gobierno excesivamente moderado Martínez de la
Rosa.
·
Tras
la muerte de Fernando VII (1833) comienza a hablar más
abiertamente de temas políticos: el Carlismo, el
clero, las tradiciones religiosas, la censura y la
incompetencia de los gobiernos moderados del
momento. Se dclara favorable a Mª Cristina, como
opción intermedia entre los Carlistas y los
radicales progresistas.
·
El
tono de sus artículos será aún más moralista.
Para Larra, en esta época, la labor del escritor es
“decir lo
que todos piensan pero todos callan”.
·
Al mismo tiempo
se percibe un planteamiento más revolucionario en
sus textos: se trata de cambiar totalmente el orden
social de la España del momento .
El
Español,
El Redactor General y
El Mundo (1836)
·
Larra
en la cima de su fama: cocntrato de 20.000 reales
por dos artículos semanales.
·
Desengaños
sentimentales sucesivos (Dolores Armijo)
·
Favorable
a Mendizábal: desengaño tras el fracaso de éste.
·
Enfrentamiento
total con la sociedad española de la época: deja
de dirigirse en sus artículos a la Burguesía para
centrarse progresivamente en los desposeídos y en
su propio “yo” personal.
·
Tras
ser elegido diputado liberal moderado cae en la
sensación absoluta de fracaso político y de
auto-traición para acceder al poder político:
nihilismo y pesimismo constantes (anulación de las
elecciones, nuevo gobierno progresista de
Calatrava).
·
Problemas
personales (amenazas, insultos) en Madrid: se le
acusa de oportunismo político.
·
Artículos
cada vez más esporádicos.
·
Desengaño
profesional de 1836: cesan sus artículos en El
Español (el periódico más importante del
momento) y pasa a publicar en otros de segunda fila
como El
Mundo y El Redactor General (ultraconservadores).
·
Tiende
a la improvisación y al caos en sus artículos.
·
Creciente
importancia temática de la muerte y de la
introspección subjetiva.
·
Sus
últimos artículos (“La
Nochebuena de 1836” en especial) son una
especie de testamento final: en ellos Larra acaba
reconociendo su simpatía creciente por las clases
bajas y su propia derrota personal como hombre, político
y escritor burgués.
·
Se
suicida el 13 de febrero de 1837 en su domicilio
madrileño .
El
género periodístico del “artículo” se define
por carga subjetiva (es decir, de opinión) que
conlleva el texto. Frente al llamado
“editorial”, el artículo responde siempre a la
individualidad que lo firma.
En
los artículos de costumbres del s. XIX se nos dan
diferentes visiones de una misma realidad: la España
del momento. Dicha visión puede darse, en general,
de dos formas diferentes: de manera directa o desde
una determinada perspectiva.
Larra
utiliza normalmente la segunda forma en sus artículos:
él no “retrata” la sociedad (como Mesonero, por
ejemplo), sino que la critica. La carga crítica (es decir, de opinión personal del autor)
se da siempre a través de una determinada
estrategia (o “focalización”) narrativa previa.
Dicha estrategia reside sobre todo en construir
un determinado “foco” o punto de vista
desde el que observar y analizar la realidad española.
En Larra la focalización narrativa se suele
construir a través del enfrentamiento de dos
visiones diferente (a menudo opuestas) de un mismo
hecho, costumbre o personaje.
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Personaje
A
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Personaje
B
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Personaje
extranjero
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Personaje
español
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Cortesano
madrileño
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Personaje
“de provincias”
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Personaje
bien educado
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Personaje
mal educado
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Personajes
frecuentemente caricaturizados por deformación
o por acumulación
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Con
el tiempo Larra se ha convertido en uno de los
escritores españoles más recordados y
reivindicados por diferentes autores, grupos o
generaciones futuras: Galdós, “Clarín”, muchos
escritores de la “Generación del 98”, etc.
Las
conclusiones más importantes que pueden hacerse de
un autor como éste son las siguientes:
1.-
Larra escribió siempre bajo un pseudónimo: los
posibles problemas con la censura fueron una causa
de ello, pero también la voluntad de representar
bajo la “máscara” las estilizaciones de su espíritu
e intenciones. El pseudónimo en Larra es siempre la
representación de la personalidad desde la que se
quiere escribir, analizar y opinar sobre la realidad
social.
2.-
Larra fue el primer escritor que, de modo explícito,
defendió la libertad y la independencia ideológica
del escritor en España.
3.-
En sus etapas finales Larra representa claramente al
“escritor asalariado” burgués que, desde su
independencia total, escribe a cambio de dinero.
4.-
Frente a otros autores costumbristas de la época
(Mesonero Romanos o Estébanez Calderón, por
ejemplo) Larra representa una visión de la realidad
social española crítica y progresista: la realidad
no es un fin en si mismo ni algo que haya que
perpetuar; la realidad es algo que hay que
transformar constantemente para mejorarla. En su
caso, esa voluntad de transformar la España de la
época se dio desde la ideología liberal burguesa
(bien desde el progresismo, bien desde el
moderantismo).
5.-
Por su vocación de incidencia en el entorno social
para cambiarlo de acuerdo con unos intereses de
clase media, por su profesionalización absoluta,
por sus vaivenes ideológicos y por su fracaso
final, Larra es la mejor expresión del Romanticismo
español (burgués y liberal, como ya se ha dicho)
de la primera mitad del s. XIX.
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