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LA LITERATURA ESPAÑOLA POST-CONTEMPORÁNEA

Contexto histórico

Desde el fin de la Guerra Civil (1939) se distinguen dos grandes etapas en la historia de España: la Dictadura de Franco y la Democracia. Ambas estarían delimitadas por la muerte del general Franco en 1975 y la proclamación, ese mismo año, de su sucesor Juan Carlos como rey.

La DICTADURA de Franco fue el sistema político que, como consecuencia directa de la guerra, se extiende en España entre 1939 y 1975.

Como movimiento político y, sobre todo, armado, lo que después se llamaría "régimen franquista" surge de un contexto muy concreto:

La crisis social y política de los últimos años de la II República (especialmente durante los años del gobierno de izquierdas del "Frente Popular"

El descontento progresivo de los mandos militares tras las actuaciones en el norte de África, etc.

Relación cronológica evidente con el fenómeno del "Fascismo" europeo que culminará con el sistema nacionalsocialista de Hitler en Alemania y Mussolini en Italia.

Como sistema fascista (dentro del fenómeno más amplio de los totalitarismos), el "régimen" franquista se declaró desde un principio antidemocrático y anticomunista.

Acumulación de poderes en una sola persona (el llamado "caudillo") por su autoridad personal y militar durante la guerra: el general Francisco Franco.

Una vez acabada la guerra civil y convertido en sistema de gobierno, las características del franquismo durante sus 36 años de pervivencia fueron:

La existencia de cierto pluralismo político e ideológico, que desató finalmente la lucha interna entre los sectores unidos durante la guerra: la "Falange", la derecha conservadora, los neocatólicos, etc. Dicho conflicto, que nunca puso en duda la autoridad suprema de Franco, se saldó con la derrota política de los falangistas. Se creó un "partido" político único, antidemocrático y antimarxista, en el que finalmente se fusionaron todas las tendencias aliadas durante la guerra: FE y de las JONS.

Como tal, no existe ninguna ideología elaborada. En todo caso, los pilares fundamentales del nuevo sistema fueron el nacional-catolicismo y el nacional-militarismo. En realidad, eran las únicas notas en común a todos los "vencedores" en la guerra.

Por nacional-catolicismo se entendió el pacto entre Estado franquista e Iglesia católica, en cierta manera ya anterior a la guerra: la iglesia católica, muy implantada en el país, apoya en todos los sentidos al Estado, mientras que éste crea las condiciones para que aquélla sea la única creencia religiosa permitida y acapare sectores clave de la vida como la educación. De hecho, las primeras relaciones internacionales entabladas por España se llevaron a cabo con el Vaticano. Además, una vez estabilizado el sistema político, bastantes personalidades provenientes del "Opus Dei" acapararon el poder (en especial el económico).De dicho pacto surge, pues, un estado confesional que sólo comenzará a resquebrajarse tras las primeras críticas de la iglesia hacia Franco a finales de los 60.

Por nacional-militarismo no debe entenderse que la de Franco fuera una dictadura militar, sino el hecho de que el ejército (es decir, sus mandos) estaban por lo general sobre la sociedad civil. Las fuerzas armadas fueron, así, uno de los bastiones más firmes del franquismo.

Anti-democratismo. El recorte de las libertades públicas fue en un primer momento total y, con el tiempo, bastante fuerte hasta finales de los 60. De hecho el sistema franquista rechazó de plano la política liberal.

El aspecto más "original" del franquismo fue el económico. Como consecuencia del radical anti-marxismo, la base económica del país era claramente capitalista (iniciativa privada, etc.). Pero, por contra, también se utilizaron mecanismos más bien anti-capialistas como los famosos "Planes de desarrollo" (intervención y planificación estatales, etc.)

El desarrollismo económico se convirtió en el aspecto fundamental del sistema: se aprovechan los años favorables que se sucedieron en toda Europa junto a fenómenos como el turismo, etc. Éste desarrolismo fue el principal factor para acallar cualquier tipo de descontento popular u oposición desde dentro del país. De hecho, el franquismo fue mayoritariamente asumido por la población.

La oposición  externa al franquismo (exiliada o en la clandestinidad) contribuyó, por último, de forma involuntaria a la perpetuación del "régimen" al estar bastante desunida.

Tras la muerte de Franco, la llamada "transición democrática" española fue uno de los procesos políticos que más extrañeza y admiración causó en el exterior. En realidad, se trató de una serie de cambios, sucesivos y muy concentrados en el tiempo, que comenzaron ya en los últimos años del franquismo y se prolongaron hasta los primeros años 80.

En realidad, dicha transición pacífica desde un sistema dictatorial a otro formalmente democrático no resulta tan sorpresivo -más bien al contrario: bastante "lógico"- si tenemos en cuenta que:

La sucesión, marcada personalmente por el propio dictador en la figura de Juan Carlos, no fue prácticamente puesta en duda.

Los políticos más importantes de los últimos años del franquismo lograron pactar con otras fuerzas internas y externas: los monárquicos (partidarios históricamente de Don Juan), los liberales y los partidos (PSOE y PCE) abiertamente anti-franquistas exiliados desde 1939.

La expresión de dicho pacto fueron los acontecimientos ocurridos tras la muerte de Franco en 1975: el último presidente de gobierno franquista -Carlos Arias Navarro- lo fue también del primer gobierno monárquico, las principales personalidades continuaron en el poder (Fraga Iribarne) o accedieron a él (Areilza, etc.), el líder de la transición -Adolfo Suárez- perteneció en sus orígenes al sistema franquista, acuerdo común frente a los históricos nacionalismo independentistas del País Vasco y Cataluña, etc.

Los momentos más críticos de dicha transición fueron, cronológicamente,

la legalización del PCE liderado por Santiago Carrillo y

el intento involucionista (regreso a las estructuras del viejo régimen franquista) de golpe de estado del famoso 23 de febrero de 1981.

Como tal, dicha transición puede darse por concluida en 1982, tras el triunfo electoral (asumido por todas las esferas de poder: Ejército, banca, etc.) del PSOE (partido político clandestino y organizado desde 1939 en el exilio).

Tendencias culturales de la España de post-guerra

Aislada internacionalmente a casi todos los niveles, la España de la post-guerra tendió a la "autarquía" cultural (término de naturaleza económica que bien podemos usar también aquí); es decir, a la creación de un modelo de cultura representativo del poder establecido por los "vencedores" desde 1939.

El MODELO CULTURAL FRANQUISTA (implantado y preconizado desde la más inmediata post-guerra) representó los ideales y mitos de los sectores sociales integrados en el franquismo. Sus características primordiales, condicionadas por la escasez de medios económicos y materiales (explicable en un país destrozado por la guerra), eran:

El aprovechamiento de los medios de comunicación social que, lentamente, iban apareciendo: la radio, la prensa, el cómic y, en menor medida, el cine.

En la radio cobraron progresiva importancia los seriales y radio-novelas con finalidad claramente propagandística de determinados valores sociales.

En la prensa destacaron como fenómeno muy peculiar las foto-novelas, normalmente de trasfondo sentimental. Servían para dar la imagen ideal que desde el poder se tenía de la mujer, la familia, etc.

El cómic fue también un medio muy utilizado para lanzar propaganda subliminal: Roberto Alcázar y Pedrín, El capitán Trueno, Jabato, El caballero del antifaz, etc.

En cuanto al cine, gozaron del favor del público las películas históricas (imbuidas de valores como el casticismo, el valor o el "glorioso pasado imperial" de España) como Locura de amor , o las que exaltaban los hechos de la guerra civil como "Cruzada Nacional" (destacó el director P. Sáenz de Heredia y su película Raza), junto a las películas de corte folklorista que se sustentaban en la imagen más tópica de España (estas películas, por cierto, sirvieron a menudo para dar a conocer a "niños prodigio" como Joselito o Marisol).

El teatro fue, además, el género literario más aprovechado por las estructuras franquistas: un teatro muy académico cuyo modelo era el realismo del s. XIX en el que destacaban siempre autores y actores "adictos" al régimen. Por último, se desarrolló también el género de la revista musical de carácter folklórico (la Andalucía típica de los sainetes, etc.)

Pero, además de este modelo cultural oficial, se desarrollaron al mismo tiempo otras tendencias marcadas por su creciente enfrentamiento al sistema franquista. En lo referente a la literatura representan lo más importante de la post-guerra.  Hay que distinguir entonces:

El signo  EXISTENCIAL que adquirió la literatura española -poesía, novela y teatro- durante los años 40 en clara conexión con el enfoque "comprometido" de la cultura europea del momento. Ante un contexto marcado por el dolor, la intolerancia y la injusticia (la guerra civil en España, la II guerra mundial en Europa) muchos escritores expresan su angustia y reflexionan en sus obras sobre el posible sentido de la existencia. Es la época de la llamada "poesía desarraigada" o de la "novela tremendista", por ejemplo. Lo más frecuente es que dicha reflexión acabe finalmente en una visión absurda del hombre y la vida marcada por el nihilismo.

El enfoque SOCIAL que toda esta literatura al margen del poder establecido en España adquirió en los años 50. Al tiempo que el franquismo da los primeros pasos hacia la liberalización y el aperturismo, nuevos escritores se darán a conocer. Éstos suelen tener un talante crítico más concreto y decidido que los autores mayores que se manifiesta en la llamada "poesía social" o en el "realismo social" en novela y teatro. La literatura será concebida como arma o instrumento de cambio social, con una vocación moralizadora y mayoritaria muy acentuada. La urgencia y el compromiso de este tipo de literatura conllevará muchas veces el abandono de todo lo formal y la utilización del lenguaje sencillo, coloquial, etc.

En realidad, el fracaso fue la tónica dominante de los escritores del realismo social. En unos años como aquéllos la gente rarísimamente podía acceder a la poesía, la novela o el teatro. Sólo años más tarde (con los 60 y el fin del franquismo) se convertirán en escritores populares -sobre todo los poetas- gracias a los llamados "catautores".

Por último, durante los años 60 la literatura española adoptará un cariz CRÍTICO Y MORAL muy distinto ya del de los años 50. Por regla general, frente al realismo social de la década anterior, en estos años la literatura recobrará el sentido de la forma estética perdida. Surgen nuevos escritores (los poetas de la "generación de los 60, por ejemplo, o nuevos dramaturgos) y llegan a España por primera vez novelas de narradores hispanoamericanos. 1962 es la fecha en que puede darse por agotado definitivamente el modelo del realismo social. Sin abandonar el compromiso y el espíritu crítico hacia la España del momento, los escritores comenzarán a adoptar nuevas actitudes en las que el lenguaje, la expresión y la forma serán fundamentales.

Dicha tendencia se acentúa finalmente en los 70, con la aparición de otros escritores.

En conjunto, puede afirmarse que la literatura española de post-guerra va adoptando nuevos enfoques en las sucesivas décadas: de lo existencial (años 40) a lo social (los 50) y a lo crítico (los 60); y, finalmente, de nuevo lo subjetivo (desde los años 70)  En el fondo, este cambio de actitudes en los escritores españoles se debe a causas generacionales y vivenciales.

Los escritores españoles de los años 40 y 50, más o menos jóvenes, participaron en la guerra civil o sufrieron de forma directa sus consecuencias. El dolor, la violencia, etc., les marca profundamente y les encamina hacia una reflexión existencial, casi metafísica, sobre el sentido del ser humano en abstracto.

Los escritores que surgen en los años 50 y los 60 no participaron en la guerra; la vivieron más o menos de cerca durante su infancia. La post-guerra es, entonces, el marco en el que crecen y se hacen adultos. Ello les lleva al compromiso ético, la solidaridad y la firme voluntad de cambiar la realidad que les rodea ("Realismo social" de los 50) en primer lugar y a la reflexión moral sobre si mismos y sobre España (años 60).

Por último, los escritores que se dan a conocer a fines de los 60 y los 70 no habían nacido siquiera en los años de la guerra civil y crecen durante las postrimerías del franquismo. En ese sentido, comienzan a desvincularse cada vez más de posturas comprometidas y sociales.

Por último, a pesar de la falta de perspectiva histórica ante acontecimientos todavía recientes, con la "transición democrática" abierta en 1975 y el asentamiento de la democracia desde 1982, la literatura española parece caracterizarse por:

Una variedad absoluta en cuanto a temas y formas en las obras literarias.

Predominio abrumador de la novela sobre el teatro y la poesía (ésta última, por ejemplo, está quedando reducida a los premios y certámenes convocados por todas partes o a determinadas colecciones).

Una marcada tendencia a considerar el arte en general y en especial la literatura como un negocio. De dicha concepción surgen fenómenos como al notable auge de los premios literarios (especialmente de novela), los "best-sellers", las colecciones y suplementos de prensa, etc.

Frente a las expectativas surgidas con el fin del franquismo (desaparición de todo tipo de censura, muy débil ya desde fines de los 60), la tónica dominante en el panorama literario es la mediocridad.

El mercado literario español tiende a fundirse con el hispanoamericano, especialmente en lo que se refiere a la novela.

Creciente dependencia de la literatura (la novela sobre todo y, más esporádicamente, el teatro) respecto al cine y el vídeo. Son numerosas las "versiones" cinematográficas de obras literarias.

El teatro vive una progresiva crisis frente a la irrupción del vídeo. De hecho, muchísimos actores tienen que dejar la escena o trabajar para las diferentes cadenas de TV.

No obstante, siguen escribiendo autores cuya obra cruza cronológicamente toda la post-guerra hasta llegar a la actualidad. Novelistas como Camilo José Cela, poetas como Blas de Otero y dramaturgos como Antonio Buero Vallejo son buena prueba de ello.

Frente a la diversidad que, vista de cerca, parece caracterizar la literatura española desde finales de los 70 (post-franquismo), en el periodo que va desde 1939 (final de la guerra civil) hasta comienzos de los 70 la literatura española está en perfecta consonancia con las tendencias culturales, artísticas y filosóficas del resto de Europa. Se trata de un periodo en el que el escritor tiende a expresar su imagen del mundo en una circunstancia determinada, concreta. Toda la literatura española de la post-guerra parece obedecer a la famosa frase de Ortega y Gasset: "Yo soy yo y mi circunstancia".

En efecto, tanto los escritores españoles influenciados por el tono existencialista (años 40) como los del realismo social (años 50) o los del realismo crítico (años 60) -ya sean poetas, novelistas o dramaturgos-, desarrollan sus obras literarias interesándose siempre por la realidad concreta y objetiva que les rodea: la España de la post-guerra, su intolerancia, su miseria moral y material, su injusticia, su opresión, su mediocridad, su falta de libertades, etc. El tiempo (los años de la guerra civil en unos casos, los de la post-guerra en otros) y el espacio (España en todos ellos) es la "circunstancia" de la que parten y en la que se explican sus textos.

El "yo" del escritor y la "circunstancia" se dan en todos ellos. Lo que varía con los años es la proporción en que uno y otro término se dan. Así,

La "circunstancia" (es decir, la realidad espacio-temporal, el contexto social, etc.) será el principal foco de interés de los escritores españoles en los años 40 (Existencialismo) y 50 (Realismo social). Los primeros reflexionarán sobre el sentido de esa realidad, los segundos adoptarán una actitud más abierta y solidaria con la sociedad.

El "yo" del escritor y su propia "circunstancia" son términos que se igualan en los escritores españoles de los años 60: el primero es sujeto del segundo, el segundo determina y condiciona al primero.

Desde los años 70 los escritores españoles trasladan abiertamente, por lo general, el foco de su interés hacia el "yo" y comienzan a olvidarse de la "circunstancia". El escritor comienza a sentirse cada vez menos implicado en la realidad que le rodea y, por tanto, va dejándola de lado. La literatura española, entonces, parece recobrar el sentido de la subjetividad que tan acentuadamente tuvo antes de la guerra civil.

 

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