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LA
NOVELA ESPAÑOLA
EN EL EXILIO
Hasta
hace poco años se desconocía casi todo de los
novelistas españoles exiliados tras la Guerra
civil. A este desconocimiento contribuían factores
como:
a)
La incomunicación lógica entre la Península
(franquismo) y los exiliados (republicanos).
b)
La dispersión geográfica de los exiliados:
Francia, Inglaterra, Sudamérica...
c)
La irregularidad de las ediciones de las novelas de
autores exiliados. cabe destacar la editorial
fundada en París por españoles exiliados llamada
"El ruedo ibérico".
d)
La prohibición que sobre los novelistas exiliados
existía en la España de la posguerra.
De
alguna manera, este desconocimiento llevó a que los
críticos mitificaran a estos escritores, que no se
han dado a conocer en España con plena normalidad
hasta principios de los 70.
Junto
a autores que ya publicaron novelas antes de la
guerra civil (Benjamín Jarnés o Ramón J. Sender)
otros se dan a conocer como tales ya en el exilio.
Por
lo general, el exilio, la derrota, los tiempos de la
guerra, etc., son las experiencias que marcan temáticamente
las novelas de los exiliados. El tono que utilizan
frecuentemente es el del testimonio personal, la
denuncia, etc.
Los
novelistas españoles exiliados más importantes
son: Benjamín Jarnés, Ramón J. Sender, Fco.
Ayala, César L. Arconada, Salvador de Madariaga,
Rosa Chacel, Juan Gil-Albert, Max Aub, Manuel Andújar
y Arturo Barea.. Algunos de ellos han muerto, pero
otros (Ayala, Chacel, Gil-Albert) han regresado a
España y siguen escribiendo.
LA NOVELA ESPAÑOLA
DE LOS AÑOS 40
Las
consecuencias de la guerra civil en el panorama
narrativo de la inmediata post-guerra son evidentes:
Algunos de los mejores
novelistas españoles de ante-guerra habían muerto:
Valle-Inclán, Unamuno, etc.
Otros novelistas, consagrados o
iniciando su trayectoria, tienen que exiliarse por
razones ideológicas.
De
entre estos últimos, sólo Baroja y "Azorín"
regresaron a España tras un corto auto-exilio.
Ambos siguieron escribiendo y publicando, pero en
conjunto no añaden nada nuevo a su producción
narrativa de antes de la guerra. En todo caso,
Baroja se convertirá en modelo de algunos
narradores jóvenes.
Las
líneas maestras de la novela española durante los
años 40 son:
La situación de incomunicación
de la sociedad española explica que los novelistas
no contacten con el exterior. El resultado es el
anquilosamiento de la narrativa española de la época,
que se limita al modelo narrativo
"realista" (s. XIX) o al de Pío Baroja.
Falta de
"maestros-modelos" y críticos
orientadores en el interior: sólo Baroja asume este
papel, pero de forma poco importante.
Paradójicamente, sobran las
traducciones de determinado tipo de novelas
extranjeras (el "Realismo" europeo del s.
XIX) y autobiografías.
La novela española, pese a
todo, arranca de nuevo mediante impulsada por
"estímulos" como los premios que
comienzan a convocarse desde los primeros años 40.
El más importante será sin duda el Premio
"Nadal", convocado por la editorial
barcelonesa "Destino", con el que se darán
a conocer bastantes novelistas que con el tiempo se
convertirán en figuras importantes.
La crítica literaria era, sólo,
ideológica: se valoraba una novela por el grado de
afinidad ideológica de su autor hacia el sistema
político establecido tras la guerra. El papel
jugado por la censura franquista es, en este
sentido, fundamental.
En
este contexto irán dándose a conocer nuevos
escritores, que en general podemos agrupar en las
siguientes tendencias:
Jóvenes novelistas de ideología (ultra)conservadora -muchas veces de
filiación política falangista- como Wenceslao Fernández
Flórez (El
bosque animado, 1944), Rafael García
Serrano (La
fiel infantería, 1943, La
plaza del castillo, 1951) o Gonzalo Torrente
Ballester (Javier
Mariño, 1943). Normalmente contaban con el
beneplácito del sistema propagandístico y
editorial franquista, aunque alguno de ellos tuvo
que cambiar fragmentos de sus novelas por las
presiones políticas (Torrente Ballester sobre
todo).
Jóvenes escritores encuadrados
dentro del realismo
tradicional y bajo la influencia
de Baroja: Juan A. Zunzunegui (Ay...estos
hijos, 1943, Esta
oscura desbandada, 1952, La
vida como es, 1954) o Ignacio Agustí (La
ceniza fue árbol, conjunto de 5 novelas más
conocido por "La saga de los Ríus", entre
las que destacaron las dos primeras: Mariona
Rebull, 1944, y El
viudo Ríus, 1945)
.
Los jóvenes escritores que
representaron una novela
de corte existencial: Carmen Laforet (Nada,
con la que ganó del premio Nadal en 1945) o Miguel
Delibes (La
sombra del ciprés es alargada, ganadora del
Nadal en 1947). Desde las vivencias personales,
estos novelistas existenciales expresan en sus
relatos la miseria y la sordidez de aquellos años.
Los temas suelen ser la frustración, la inadaptación,
la angustia, la muerte, etc. Se intentaba
reflexionar sobre el sentido de la existencia en un
ámbito desagradable -absurdo- como la España de
aquellos años. Para ello utilizaron técnicas
narrativas tradicionales y de influencia barojiana.
Los jóvenes novelistas
representativos de lo que entonces se llamó novela "tremendista". Entre ellos destaca Camilo José
Cela, que publica su novela La
familia de Pascual Duarte (1942)
-posiblemente la novela más importante de los años
40-. Ante la denominación "tremendismo",
el propio Cela contestó que "lo
tremendo no es la novela, sino la realidad",
en clara alusión a la España de la época... Los
rasgos definitorios de este tipo de novela son girar
temáticamente en torno a la España del momento
mostrando siempre los aspectos más negativos de la
realidad, la intención crítica hacia el presente,
expresar una visión amarga de la vida, el
primitivismo de unos personajes siempre
desarraigados y marginados, el lenguaje crudo,
directo y a veces violento y, finalmente, los
recursos intensificadores y deformantes que a veces
acercan estas novelas a la caricatura.
En
definitiva, a lo largo de los años 40 se prepara el
camino para el verdadero arranque de la novela española
a partir de la siguiente década (los años
cincuenta). En ese sentido, dentro de un panorama
bastante mediocre,
fueron de especial importancia la
"novela existencialista" y el
"tremendismo". De
otro lado, ya en la inmediata post-guerra
aparecen escritores cuyo papel en los siguientes años
será muy importante: Gonzalo Torrente Ballester,
Miguel Delibes y Camilo José Cela.
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