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LA NOVELA "CONTEMPORÁNEA"

Crisis de la novela burguesa

La evolución de la novela contemporánea (es decir, del periodo que va desde fines del s. XIX hasta la II Guerra Mundial) se caracteriza, como todas las manifestaciones artísticas en general de este periodo, por expresar una profunda crisis de la conciencia burguesa. En esa medida, y como expresión de la crisis burguesa antes mencionada, los novelistas europeos y occidentales contemporáneos intentarán repetidamente romper con el modelo de narrativa típico de la burguesía de la segunda mitad del s. XIX: la llamada novela realista o "novela de tesis". La novela contemporánea, pues, es primordialmente anti-realista. Las características definitorias de ese modelo de novela burguesa que se intentará superar son tres:

Un narrador que, como tal, nos cuenta la historia de ese enfrentamiento entre protagonista y medio social de una forma que nos permite calificarlo de "totalmente omnisciente", " totalmente intervencionista" y, por lo general, "reflexivo" y "extradiegético".

Un personaje protagonista que, en el fondo, representa los ideales burgueses. Como tal, se caracteriza por la voluntad de realizar un determinado modelo de vida (el burgués, como es obvio).

Un medio social, el que rodea al protagonista, que siempre resulta hostil a dicho personaje. El héroe burgués se mueve siempre en un ámbito anti-burgués.

Pero, en realidad, más que el tipo de personajes, espacios, etc., la novela realista se caracteriza por el narrador

Ello explica que, en el mismo s. XIX, las primeras crisis de dicho modelo narrativo (en primer lugar la llamada "novela naturalista" y a continuación la "novela espiritualista") se caracterizaran, más que por presentar nuevos tipos de personaje, espacios, etc., en modificar la figura y función del narrador. Dicho de otro modo, el Naturalismo y el Espiritualismo experimentaron nuevas formas de contar historias, de narrar acontecimientos (que, dicho sea de paso, muchas veces se diferencian poco del Realismo en cuanto a la acción, personajes, etc.). En definitiva, el trasfondo de la cuestión se explica perfectamente si tenemos en cuenta dos fenómenos paralelos:

Uno social: la burguesía va perdiendo confianza en si misma como motor de las sociedades occidentales después de haber accedido al poder mediante las llamadas "revoluciones burguesas" (en España, después de varias intentonas, ésta se produjo en 1868 y el fracaso de las aspiraciones de las clases medias se traduce en el fin de la I República y la implantación de la "Restauración").

Otro literario (artístico en general): el escritor realista -con la función de hacer públicos mediante textos literarios los intereses e ideales burgueses-, cuyo origen y mentalidad son también burgueses, entra también crisis al comprobar el fracaso de su propia clase social. Dicha crisis se manifiesta en nuevas formas de narrar (Naturalismo, Espiritualismo) y nuevas formas de ver el mundo. Su inseguridad irá en aumento (puesto que la "tesis" pro-burguesa que preconizaba en sus novelas "realistas" han fracasado) y su forma de contar historias reflejará, paralelamente, esa progresiva desconfianza.

Históricamente, puede decirse que la novela contemporánea no es más que una continuación del anti-realismo iniciado con la novela naturalista y la espiritualista en el mismo s. XIX. Frente al modelo de novela realista-burgués ("Sthendal", Dickens, Galdós Alarcón, etc.), la narrativa naturalista (Zola, Balzac, Flaubert, "Clarín", Galdós, Pardo Bazán, etc.) y la espiritualista (Dostoiewski, Tolstoi, "Clarín", el propio Galdós, etc.) proponen nuevos modelos que se caracterizan por:

El fracaso final en que se ve sumido el protagonista burgués, incapaz de modificar o vencer el medio social, los condicionantes culturales, económicos, etc. (el "determinismo" del héroe naturalista).

La solución irracionalista que, ante esa conciencia de fracaso,  adopta dicho personaje: refugiarse de la hostilidad externa mediante un proceso de interiorización que conduce a la fantasía, la ensoñación, el estoicismo, etc.; en suma, la construcción de un mundo interior como defensa de la agresión social El irracionalismo individualista del héroe espiritualista).

 pero, sobre todo, por:

La "cesión de poderes" (por llamarlo de algún modo) que realiza el narrador en favor de los personajes.

En efecto, con el Naturalismo y el Espiritualismo decimonónicos el narrador realista (que opina constantemente en el relato y lo sabe todo sobre aquello que nos narra) pierde importancia en la novela: sus intervenciones disminuyen hasta casi desaparecer del relato y su grado de sabiduría sobre aquello que narra también desciende progresivamente.

En definitiva, la crisis del realismo se traduce, en la novela de fines del s. XIX) en un tránsito hacia formas de contar en las que el narrador es, cada vez, más

Deficiente: el narrador dejará de saberlo todo y pasará a desconocer, incluso, aspectos fundamentales de la historia que nos cuenta.

Neutral: el narrador deja de opinar, enjuiciar y valorar aquello que nos cuenta.

Distanciado: el narrador ya no se identificará necesariamente con su(s) personaje(s).

Plural: como consecuencia de su creciente distanciamiento y falta de identificación pasará a ofrecernos, por ejemplo, diversos puntos de vista sobre un mismo acontecimiento relatado o sobre una historia completa.

Al mismo tiempo, y como consecuencia de lo anterior:

Aparecen nuevas técnicas narrativas que modificarán progresivamente la forma  y la estructura de la novela: simbolismos, mayor interés por la psicología de los personajes (personajes "redondos", no "planos" como en el realismo), estilo indirecto libre,  monólogo interior, corriente de conciencia, perspectivismo, contrapunto, tempo lento, etc. Muchas de esas técnicas suponen la "liberación" de los personajes del poder absoluto del narrador realista, que comienza a "dejarles hablar" y pensar por si mismos, sin mediatizarlos (oímos más al personaje y menos al narrador), y conocemos sus interioridades más directamente, etc.

El novelista demandará del lector una mayor actividad como tal. El público deberá hacer un mayor esfuerzo por entender aquello que se le cuenta en la novela. La narrativa, en ese sentido, se hará cada vez más hermética y menos pasiva. En ella el público serán quien, en último término, realice la interpretación que antes daba el narrador.

Todo este complejo proceso de renovación en el campo de la novela, iniciado como hemos dicho ya en el s. XIX con el Naturalismo y el Espiritualismo, continúa a lo largo de la época contemporánea, cristalizando finalmente en una narrativa en la que importa más la forma que la historia contada. En él destacan los siguientes novelistas.

 

Novelistas contemporáneos más importantes .

Marcel Proust (1871-1922)

Sus dos novelas -fundamental la primera de ellas- más importantes son la voluminosa En busca del tiempo perdido escrita entre 1913 y 1922) y su continuación El tiempo reencontrado (1927). La idea básica en su obra es la del tiempo: el tiempo pasado como referente a recuperar mediante la memoria y el "tempo narrativo" -intenso y lento-.

James Joyce (1884-1941)

Escribió la novela que, según críticos e historiadores, más ha influido en la historia de la narrativa: Ulises (1922). Se trata de un relato en el que se aportan bastantes e importantes innovaciones: la técnica del "flujo de conciencia", los personajes anti-heróicos mostrados en su cotidianeidad, las referencias constantes a la mitología clásica (la Odisea de Homero), la parodia de estilos, la musicalidad lingüística, la multiplicidad de registros verbales, la creación de nuevas palabras. Puede decirse que con esta novela queda definitivamente liquidada la novela tradicional de corte realista-burgués. Además, otras novelas suyas son Dublineses (1907), Retrato del artista adolescente (1912)y la extrañísima Finnegan's Wake (1939). Toda su obra se caracteriza por la dificultad y el esfuerzo que requiere del lector.

Franz Kafka (1883-1924)

Su obra narrativa está formada por El proceso (1914), La metamorfosis (1916) y El castillo (1922). Son relatos caracterizados por la abierta ruptura con el sentido de la realidad y la entrada en la subjetividad de los personajes, abocados siempre al absurdo vital, la angustia, la soledad y el vacío. Se les considera novelas simbólicas de la impotencia y desesperación del hombre ante los poderes establecidos en la sociedad, la angustia ante un mundo de pesadilla.

Aldous Huxley

Se le considera el novelista de tipo intelectualizado por excelencia, con fuertes dosis de ideología política en sus novelas siempre a medio camino entre el relato y el ensayo). La sonrisa de la Gioconda (1922), Contrapunto (1928) y Un mundo feliz (1932) son sus novelas más importantes. La utopía frente a la realidad, la felicidad y el sentido de la existencia suelen ser los temas de fondo de sus creaciones (siempre enfocados con gran sarcasmo y espíritu crítico). Introdujo la técnica del contrapunto narrativo.

William Faulkner (1897-11962)

Integrante de la llamada "Generación perdida" norteamericana (en la que están John Dos Passos, Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, etc.). Su influencia se deja sentir sobre todo en los novelistas sudamericanos del s. XX. El contrapunto, la ruptura temporal, la corriente de conciencia, las elipsis y los monólogos caracterizan técnicamente su narrativa. Destacan relatos como El sonido y la furia (1929) y Mientras agonizo (1930), en los que se repiten temas como la soledad, la relación entre pasado y presente y la incomunicación.

Thomas Mann

El protagonista colectivo, el cruce de historias y el psicologismo caracterizan toda su narrativa: interés por la evolución interna de los personajes. Se trata de relatos en los que la acción es siempre mínima. Destacan obras como Muerte en Venecia (1913), La montaña mágica (1924) y Doctor Fausto (1947).

Otros novelistas contemporáneos destacables en el plano internacional fueron F. Mauriac, G. Bernanos, Chesterton, G. Greene, H. Hesse, A. Malraux, A. Guide, V. Woolf, R. Musil, H. James, E. M. Forster, C. Pavese, Eça de Queiroz, etc.

 

Nuevas técnicas narrativas

Como se ha dicho antes, la novela es un género que evoluciona muchísimo durante la época contemporánea. Las innovaciones son constantes y algunas de ellas marcarán el desarrollo futuro del género. Las notas comunes a todas ellas son el distanciamiento respecto a las formas narrativas tradicionales del realismo decimonónico. En conjunto, significan la pérdida de importancia del narrador en favor de los personajes y sus interioridades y, además, la mayor importancia que se da a aspectos como el lenguaje y la estructura del relato (no al argumento como en el realismo burgués). Las innovaciones técnicas más importantes son:

CORRIENTE DE CONCIENCIA

Es la culminación en la liberación del personaje frente al narrador. Es el "estilo directo total", en el que se difumina por completo el narrador y sólo queda la sucesión inconexa y caótica de ideas en el cerebro del personaje (en ese caos se diferencia esta técnica del llamado "monólogo interior", ya usado por los naturalistas en el s. XIX).

Esta técnica narrativa está claramente influenciada por el psicoanálisis freudiano (inconsciente, asociación libre de ideas, escritura automática) y el Surrealismo poético. Es una manifestación más del creciente subjetivismo del momento.

CONTRAPUNTO

Consiste en presentar de forma simultánea las historias de personajes diferentes, alejados en el tiempo y/o en el espacio. Muchas veces (pero no siempre) dichas historias acaban reuniéndose en un punto común.

PROTAGONISTA COLECTIVO

Más que una técnica propiamente dicha, se trata de un nuevo tipo de personaje protagonista: múltiples personajes que tienen determinadas características comunes y, que en último término, funcionan como uno. A veces, sencillamente, no hay protagonista.

PLURIPERSPECTIVISMO

Consiste en presentar una misma historia  (o un determinado episodio dentro de una historia) desde diferentes puntos de vista o perspectivas. Se corresponde con un narrador neutral, que no se identifica con el punto de vista de ningún personaje en particular (como ocurría en el relato realista).

 

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