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TEORÍA Y PRÁCTICA DE LA NOVELA NATURALISTA

 

Teoría narrativa

El “código estético” acuñado por E. Zola -y desarrollado por éste en sus novelas del ciclo de los “Rougon-Macquart” (1871-1893)- se caracteriza por los siguientes puntos:

·       La novela naturalista -o “experimental”- es una consecuencia lógica y obligada de la evolución científica de la época. La base ideológica del Naturalismo es la Introducción a la medicina experimental de Claude Bernard (1865. París). Zola adopta muchos postulados médicos del doctor Bernard y los aplica al campo de la novela, surgiendo así el término “novela experimental”.

·        La novela “Experimental” es aquella que  se elabora mediante el llamado “método experimental” (sg. C. Bernard). La novela, igual que la medicina, ha de pasar del arte a la ciencia; es decir, del estadio “observador” al “experimentador”

·       El novelista (médico en la obra de C. Bernard) meramente observador es el da cuenta de los fenómenos sin modificarlos, recogiéndolos tal y como se producen en la naturaleza o en la sociedad (la astronomía, por ejemplo). El novelista experimentador es, en cambio, el que estudia dichos fenómenos modificándolos, haciéndolos aparecer en circunstancias o condiciones bajo las que no se dan en la naturaleza o en la sociedad ( la química, por ejemplo). Experimentar sería, pues, provocar observaciones.

·       Para Zola, novelistas observadores son, por ejemplo, los del Realismo. Se limitan, en su opinión, a realizar fotografías que se detienen en las meras apariencias de la realidad. A lo sumo, según Zola, inyectan en dichas apariencias diferentes creencias personales con las que no logran más que contaminar la realidad y deformarla desde la subjetividad del escritor.

·       Pero todo experimentador es también un observador. Por ello, la novela experimental suele estructurarse en dos grandes bloques: en primer lugar el novelista ofrece los hechos tal como los ha observado, marca el punto de partida y las bases en las que se moverán los personajes. A continuación -fase propiamente experimental- el novelista desencadena la acción para demostrar que la sucesión de hechos es algo previamente determinado. Se trata siempre de una experiencia por ver, una verdad a encontrar, una hipótesis a demostrar.

·       Según Zola, la impersonalidad es un requisito sine qua non para el novelista experimental y para el cientifismo de la novela: impasibilidad narrativa ante aquello que se nos relata en toda novela, rechazo total de cualquier elemento subjetivo en la narración (independientemente de los temas, etc., que se traten).

·       Frente a la imaginación -típica según Zola del Romanticismo o del Realismo- el escritor experimental basa  su trabajo en la documentación previa y el conocimiento total de aquello sobre lo que se va a escribir. Inspiración y otros factores afines quedan, pues, descartados. Lo atractivo ya no es la rareza de la historia o de los personajes, sino todo lo contrario: cuanto más banal (real) sea dicha historia. mucho mejor.

·       Desde esa absoluta frialdad, el novelista experimental no se contenta con las apariencias de la realidad, sino que aspira a profundizar en ella descubriendo las leyes que la rigen. Dado que el escritor literario habla normalmente del hombre y la sociedad, dichas leyes son de orden económico, cultural, político, fisiológico y/o psicológico. Dichas leyes confluyen en lo que se conoce como determinismo. Elementos como la herencia biológica o las influencias del entorno físico (Darwin) son constantes.

·       Para Zola, ser determinista no significa ser pesimista ni morboso: significa, en todo caso, tener en cuenta todos los elementos que influencian la conducta de los individuos en un entorno dado, sin rechazar ninguno, por muy sucio o escatológico que sea.

·       Para proceder experimentalmente, muchas veces el escritor tendrá que crear hipótesis -situaciones inéditas en las que emplazar a unos personajes para ver cómo éstos reaccionan-. Sólo en este sentido da cabida Zola a la imaginación en el campo de la literatura. Dicha imaginación sirve al escritor para crear nuevas situaciones en las que experimentar la conducta de los personajes. El escritor, en este sentido, juega con elementos simples o compuestos y con reactivos: se parece, por así decirlos, a un químico.

·       Los personajes de la novela realista son, según Zola, sólo cerebros, portadores de una determinada psicología. Además, dicha mentalidad no suele variar nunca a lo largo del relato (=personajes planos). Stendhal sería un buen ejemplo de ello. En la novela experimental, en cambio, los personajes se caracterizan de forma más compleja y cambiante, puesto que son concebidos como individuos, marcados o determinados de una forma en concreto, en constante lucha con el entorno físico y sociológico; individuos que influencian a su entorno social y son influenciados por éste. Balzac sería, en este sentido, el ejemplo aportado por Zola. El escritor realista, en suma, adapta la naturaleza a sus teorías; mientras, el escritor experimental adapta sus teorías a la naturaleza.

·       La novela se convierte así en el género literario más complejo y completo, pues en ella pueden englobarse y superarse todos los demás géneros.

 

La novela naturalista

Con todos estos elementos teóricos, Zola y todos los novelistas del Naturalismo reclaman, en primer lugar, una función social del novelista: como en el Realismo, se trata de mejorar, en último término, la sociedad del momento; pero con la particularidad del estudio objetivo o análisis previo de la realidad social, sin ningún tipo de tesis apriorística: el ideal no se impone a la materia -Realismo- sino que se descubre como algo ya presente en la materia.

Frente a la esperanza y el optimismo del novelista realista ante la revolución burguesa, el novelista naturalista quiere expresar la crisis moral, ideológica y política de la sociedad burguesa. El Naturalismo es, pues, un estilo “de ilusiones perdidas”, expresión del escritor burgués desengañado, que comienza a anti-aburguesarse al comprobar el fracaso de su propia clase social como motor de la historia. Frente a los ideales del novelista burgués en el periodo pre-revolucionario o revolucionario -es decir, realista- en el naturalismo domina la materia y el cientifismo.

Realismo y Naturalismo coinciden en contar siempre historias en cuya base hay un conflicto entre individuo y sociedad. El escritor realista cree que es posible la solución pactada entre los dos, el naturalista lo niega rotundamente. En escritor naturalista niega que desde el individualismo pueda modificarse la sociedad, expresando así la crisis del individualismo burgués: no se parte del ideal individualista, sino desde la ciencia y la filosofía. Dicho conflicto lo es también entre espíritu y materia: el primero se decanta por el espíritu y el ideal, el segundo -ya desengañado- se decanta por la materia. Realismo y Naturalismo coinciden, también, en hablar siempre del problema de la individualidad -valor fundamental de la ideología burguesa-: pero, mientras el primero la afirma y la defiende, el segundo la imposibilita. De ahí que el héroe naturalista sea un solitario cada vez más desengañado, hasta llegar al fracaso absoluto de su no-autorrealización personal. El héroe naturalista, a diferencia del realista, es siempre un antihéroe.

El naturalismo, en suma, es la manifestación de la primera crisis de la ideología burguesa, de la imposibilidad del pacto yo-sociedad, de la impotencia total del individuo para modificar la realidad y de la enajenación consiguiente de ese individuo. Si históricamente el capitalismo liberal burgués del XIX da paso al neocapitalismo, al fascismo y  al socialismo (ya en el s. XX). Literariamente el realismo da paso al naturalismo, éste al espiritualismo y, ya en la España del s. XX, a la “Generación del 98”, al “Novecentismo” y a las vanguardias o “ismos”: expresiones literarias de la disgregación total del pensamiento burgués, expresiones de la ruptura, cada vez más radical, del escritor burgués con su propia clase social. Sobre esta base teórica -enunciada sobre todo por Zola en Francia- las características más importantes de la narrativa naturalista[1] son:

- En la caracterización de los personajes cobran especial importancia dos cualidades -por presencia o por ausencia-: la capacidad de adaptación del individuo al medio social que le rodea es lo que le hace sobrevivir (las conexiones con el evolucionismo de Darwin son evidentes) y el determinismo social, cultural, económico, físico, psíquico, educacional, etc., que está en la base de la conducta de los personajes a lo largo del relato (en la novela se nos dan siempre datos -normalmente en la primera parte- que nos precisan el grado falta de libertad de estos personajes.

- El elemento que suele determinar en mayor grado dicho comportamiento es la “presión” del medio social sobre el individuo (ciudades provincianas que se modernizan pero siguen mentalmente ancladas en hábitos conservadores e hipócritas, etc.) y el entorno humano (familia, vecinos, amigos, etc.) que les rodea. En este sentido, el personaje más representativo del entorno social el clérigo, normalmente visto de forma negativa por el narrador. En realidad, todos los personajes representativos del entorno social degradado, miserable, son también miserables; excepto el protagonista: ahí nace el conflicto.

- La estructura actancial de la novela naturalista es, en principio, igual a la de la novela realista: un individuo en conflicto con su entorno social. Pero, a diferencia de la novela de tesis, en el naturalismo no es nunca posible el pacto entre ambas partes para superar dicho conflicto. La acción acaba siempre en fracaso: en entorno social acaba “devorando” al individuo inadaptado y diferente. El protagonista rechaza siempre la adaptación al entorno que le rodea; lo que desea es autorrealizarse, pero eso acaba siendo imposible.: finalmente, todo ha pasado, pero nada cambia en el entorno social.

- Los personajes ya no son “planos”: cambian, oscilan psicológicamente a lo largo del relato. En realidad esta mayor complejidad interna de los personajes es lo que más interesa al narrador. Los personajes han dejado de ser “tipos” y lo más interesante de ellos es su complejidad, su riqueza de conflictos.

- El espacio y el tiempo narrativo tienen siempre una dimensión claramente simbólica. Pero, a diferencia de la novela realista, en el naturalismo se trata de un simbolismo psicológico -no sociológico o ideológico-. Así, por ejemplo, la ciudad suele ser en ámbito de la estupidez humana, la hipocresía. en este sentido se ha dicho que el novelista del naturalismo es un “coleccionista de casos de estupidez” (Flaubert). El marco espacio-temporal dela acción deja de ser algo meramente objetivo. Espacio y tiempo son transgredidos constantemente, son sentidos psicológicamente por los personajes. Espacio y tiempo no sirve- como en la novela de tesis- para materializar una ideología, sino para mostrarnos las diferentes perspectivas psicológicas de los personajes.

- De ahí que, tanto el espacio como el tiempo, el narrador naturalista insista constantemente en el detallismo, el primer plano (no la visión panorámica del narrador realista). La descripción, por tanto, cobra tanta importancia como la misma acción: pero se trata siempre de descripciones subjetivadas, desde la perspectiva psicológica de diferentes personajes que nos ofrecen visiones distintas de la realidad espacio-temporal.

- Siguiendo los principios del “método experimental” propugnado por Zola, la novela naturalista suele dividirse en dos grandes bloques: el primero, de naturaleza descriptiva básicamente; el segundo, eminentemente narrativo. Una vez se ha caracterizado a los personajes por separado (antecedentes, infancia, educación, carácter, etc.) les reúne para producir una reacción en cadena. El relato adquiere dimensiones de experimento científico. En los primeros capítulos el narrador sólo observa, del modo más amplio y objetivo posible, la realidad; se limita a acumular datos. En el resto de la novela el narrador “experimenta”, reúne todo lo observado y modifica las circunstancias iniciales: así se desea provocar las reacciones de los personajes (reacciones “científicas”, previsibles, lógicas con lo dicho en los primeros capítulos).

- En cuanto al narrador naturalista, el gran mito o ideal de la época es el de la objetividad, impersonalidad o invisibilidad: lograr que la presencia del narrador (inevitable) “no se note” a lo largo del relato, acabando así con el fondo de subjetividad que late en el discurso del narrador realista. Con resultados desiguales en los diferentes novelistas, podemos generalizar diciendo que se aspira a un tipo de narrador que se caracterice sobre todo por: (1) su no “intervencionismo” narrativo, produciendo la ilusión en el lector de que la historia no está manipulada por el narrador o el autor; ahora bien, muchas veces la subjetividad valorativa del narrador se manifiesta de modo indirecto, a través de mecanismos como la ironía o el sarcasmo; (2) la neutralidad absoluta del narrador, sin ningún tipo de identificación o distanciamiento con los personajes; (3) el grado de sabiduría del narrador es absoluto: un narrador omnisciente que se preocupa sólo de obtener y dar datos que se acumulan para caracterizar de un modo “total” a los personajes, espacios, etc.; en este sentido, la novela naturalista utiliza con frecuencia el “punto de vista socializado”, la perspectiva coral: conocemos algo por la opinión que de ello tienen los personajes y, así, se refuerza el efecto de narrador “igualitario”, que no privilegia el punto de vista de ningún personaje sobre otro; (4) el narrador tiende, a diferencia del realismo, a la transitividad; (5) como en las novelas de tesis, el narrador es siempre externo, no participativo.

Con todo, el narrador naturalista tiene otra característica que, tal vez, supone la innovación narrativa más peculiar y trascendente en el plano técnico: el narrador totalmente omnisciente nos ofrece una auténtica colección de datos de la forma más objetiva que le es posible; ahora bien, en su afán se preocupa especialmente de informarnos sobre la subjetividad interior y la psicología de los personajes, hasta tal extremo que pierde parte de su control sobre el universo narrado. a diferencia del narrador realista, que controla de modo absoluto e impone constantemente su autoridad sobre los personajes del relato, en el naturalismo el narrador se “acerca” tanto al personaje que llega a fundirse en determinados momentos con él, se “hace eco” de él. Entre los tradicionales estilos directo e indirecto surge, entonces, el “estilo indirecto libre”: en el discurso el narrador usa el pasado y la 3ª persona, pero para reproducir los titubeos, reacciones  y confusiones de la mente del personaje de tal modo que parecen reacciones y confusiones del propio narrador. El lector, entonces, queda en suspenso, preguntándose -sin poder obtener nunca una respuesta rotunda- quién habla, a quién escucha (mientras que en el estilo directo está claro que habla sólo el personaje y en el estilo indirecto sólo el narrador). Con el estilo indirecto libre, en definitiva, el personaje inicia un proceso de “liberación” o “autoafirmación” frente a la autoridad del narrador. Dicho proceso continúa, todavía dentro del naturalismo (Flaubert, Clarín, Galdós), con el “monólogo interior” y finalmente culmina -ya en pleno siglo XX- con el “flujo de conciencia” de James Joyce en su novela Ulises.



[1] Como obras más representativas de la práctica narrativa naturalista pueden citarse La taberna y Germinal de Zola, Madame Bovary de Flaubert, La desheredada y Fortunata y Jacinta de Galdós y La Regenta de “Clarín”.

 

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