LA
NOVELA ESPAÑOLA
DEL PERIODO ROMÁNTICO
De
las modalidades narrativas propias del s. XVIII
(novela moral, novela sentimental, etc.) ninguna
pervivió durante el Romanticismo.
En
este periodo la narrativa se apoya en tres grandes
tipos de relato: la novela histórica, la novela
social y la novela de costumbres. La primera tuvo
su máxima vigencia en España entre 1830 y
1845, la segunda y la tercera se desarrollaron a
partir de 1840. En
todas se encuentran, además, elementos que
serán retomados por los novelistas “realistas”
de la segunda mitad del siglo XIX.
El
llamado “folletín” fue un modo de publicación
de las novelas (y traducciones de novelistas
extranjeros) muy importante durante estos años.
Sin
duda fue el primer género romántico cultivado en
España. Su evolución está marcada por las
siguientes publicaciones:
|
1823
|
Ramiro,
conde de Lucena
|
R.
Humara
|
|
1830
|
Los
bandos de Castilla o El caballero del cisne
|
Ramón
López Soler
|
|
1831
|
Galería
fúnebre de espectros y sombras ensangrentadas
|
Agustín
Pérez Zaragoza
|
|
1831
|
La
conquista de Valencia por el Cid
|
Estanislao
de Cosca
|
|
1831
|
Xicotencal
|
Salvador
García
|
|
1832
|
Kar-Osmán
|
López
Soler
|
|
1832
|
Jaime
el barbudo
|
|
|
1832
|
Enrique
de Lorena
|
|
|
1834
|
Sancho
Saldaña
|
Espronceda
|
|
1834
|
El
Doncel de don Enrique el Doliente
|
Larra
|
|
1834
|
El
primogénito de Alburquerque
|
López
Soler
|
|
1834
|
Los
expatriados
|
E.
de Cosca
|
|
1835
|
Ni
rey ni roque
|
P.
Escosura
|
|
1835
|
El
golpe en vago
|
Gª
Villalta
|
|
1837
|
Cristianos
y moriscos
|
Estébanez
Calderón
|
|
1837
|
La
mano roja
|
Rubió
i Orts
|
|
1837
|
El
nigromántico mexicano
|
Pusalgas
|
|
1837
|
Auto
de fe
|
Ochoa
|
|
1840
|
El
templario y la villana
|
Cortada
|
|
1844
|
El
caballero verde
|
B.V.
Pérez
|
|
1844
|
El
señor de Bembibre
|
Enrique
Gil y Carrasco
|
|
1846
|
Guatimotzín
|
Avellaneda
|
|
1846
|
Doña
Blanca de Navarra
|
Navarro
Villoslada
|
|
1847
|
Los
hnos. Plantagenet
|
Fdez.
y Gzlez
|
|
1848
|
Juana
y Enrique, reyes de Castilla
|
E.
de Cosca
|
|
1848
|
La
hija del Asia
|
|
|
1848
|
Ernestina
|
W.
Ayguals
|
|
1848
|
El
tigre del Maestrazgo
|
|
|
1854
|
La
campana de Huesca
|
Cánovas
del Castillo
|
|
1877
|
Amaya
|
Navarro
Villoslada
|
|
1877
|
Ave
Maris Stella
|
Amós
de Escalante
|
|
1877
|
Fray
Filipo Lippi
|
E.
Castelar
|
Desde
sus orígenes, la novela romántica española -y
también las traducciones hechas de novelas de
autores extranjeros- se caracteriza por:
·
Ser
el vehículo literario principal de la ideología
aristocrática y ultraconservadora de la época: por
lo general se intenta con ellas dar una visión
positiva de diferentes épocas de la historia de
España.
·
Estar claramente
influenciada por novelistas extranjeros (W. Scott
fundamentalmente , junto a otros franceses, etc). De
ellos comienzan a traducirse novelas históricas
desde principios de siglo. Por ejemplo:
|
H.
de Balzac
|
La
Marana
|
1836
|
|
|
El
padre Goriot
|
1838
|
|
|
Eugenia
Grandet
|
1840
|
|
|
La
piel de zapa
|
1840
|
|
Chateaubriand
|
Atala
o los amores de dos salvajes en el desierto
|
1801
|
|
|
El
último abencerraje
|
1826
|
|
|
Abdallah
|
1832
|
|
Daniel
Defoe
|
Robinson
Crusoe
|
1835
|
|
Ch.
Dickens
|
La
campana de difuntos
|
1847
|
|
|
El
hombre y el espectro
|
1849
|
|
V.
Du Hamel
|
Los
comuneros de Castilla
|
1842
|
|
A.
Dumas
|
Murat
|
1837
|
|
|
El
balcón de Anversa
|
1841
|
|
|
Nisida
|
1842
|
|
|
La
capilla gótica
|
1843
|
|
|
Los
3 mosqueteros del rey Luis XIII
|
1844
|
|
|
El
caballero de Hermental
|
1845
|
|
|
Los
Estuardo
|
1845
|
|
|
La
reina Margot
|
1845
|
|
|
Veinte
años después
|
1845
|
|
|
El
conde de Montecristo
|
1846
|
|
|
El
collar de la reina
|
1849
|
|
J.P.C.
Florian
|
La
conquista de Granada
|
1794
|
|
|
Guillermo
Tell
|
1821
|
|
George
Sand[1]
|
Leon
Leoni
|
1836
|
|
J.
W. Goethe
|
Werther
|
1800
|
|
N.
Gogol
|
Memorias
de un loco
|
1849
|
|
E.T.Hoffmannn
|
Cuentos
fantásticos
|
1839
|
|
Victor
Hugo
|
El
último día de un reo de muerte
|
1834
|
|
|
Bug-Jargal
|
1835
|
|
|
Nuestra
Señora de París
|
1836
|
|
W.
Irving
|
La
conquista de Granada
|
1831
|
|
|
Cuentos
de la Alhambra
|
1833
|
|
A.
Manzoni
|
Los
novios
|
1833
|
|
J.J.
Rousseau
|
Julia
o La nueva Eloisa
|
1814
|
|
|
Emilio
|
1817
|
|
Walter
Scott[2]
|
Ivanhoe
|
1825
|
|
|
El
talismán o Ricardo en Palestina
|
1825
|
|
|
El
enano misteriosos
|
1826
|
|
|
Quintin
Durward o Un escocés en la corte de Luis XI
|
1827
|
|
|
La
dama del lago
|
1830
|
|
|
El
pirata
|
1830
|
|
|
Las
cárceles de Edimburgo
|
1831
|
|
|
Roberto,
conde de París
|
1834
|
|
Mme.
de Staël[3]
|
Corina
|
1819
|
|
|
Delfina
o La opinión
|
1826
|
|
Eugène
Sue
|
Atar
Gull o La venganza
|
1835
|
|
|
El
gitano
|
1836
|
|
|
Arturo
|
1842
|
|
|
El
caballero gascón
|
1843
|
|
|
Los
misterios de París
|
1843
|
|
|
El
Judío Errante
|
1844
|
|
Jonathan
Swift
|
Viajes
de Gulliver
|
1793
|
|
|
El
nuevo Gulliver
|
1832
|
|
A.
de Vigny
|
Una
conspiración en tiempo de Luis XIII
|
1839
|
|
Voltaire
|
Novelas
|
1819
|
|
|
Cámdido
|
1838
|
·
En
cuanto a los personajes se escoge normalmente algún
héroe secundario de la historia española, pues los
más conocidos estaban ya prefijados por la
Historia. Así el autor se permitía una mayor
libertad argumental. Junto a él se suelen encontrar
otros caballeros, nobles, damas, el mismo rey,
criados, mercenarios, soldados, el populacho (éste
último siempre caracterizado por su ignorancia,
fanatismo, brutalidad y supersticiones). En todo
caso, se trata siempre de personajes-tipos, planos
psicológicamente, sin ninguna evolución a lo largo
del relato; suelen actuar dominados por valores
fijos: lealtad/oportunismo, nobleza/bastardía,
verdad/hipocresía, bondad/maldad,
grandeza/mezquindad, etc. Ello explica que el
narrador suela tener un visión excesivamente
maniquea del mundo narrado. Los personajes
principales suelen aparecer perfectamente retratados
y biografiados, mientras que del resto se suelen dar
sólo sus retratos. El protagonista suele tener un
trasfondo mítico: el buen salvaje (Rousseau)
ejemplificado en el mendigo o bandolero que acaba
siendo noble; la caída del ángel, ejemplificado en
personajes que se mueven por el deseo amoroso,
traiciones políticas, etc., y que desean
purificarse finalmente; el héroe maldito debido a
su espíritu rebelde; etc.
·
Uso
de recursos melodramáticos para lograr y mantener
el interés lector: ocultamiento de la personalidad,
elementos misteriosos, disfraces, suspensos
narrativos, bodas, secuestros, batallas, entrevistas
secretas, venganzas, pactos, asesinatos,
envenenamientos, falsas muertes, “travestismo”,
etc; con todo ello se prima el enredo y la
intriga sobre la propia acción narrativa. Se usan
sucesos históricos como telón de fondo que
ambiente la historia del protagonista (completamente
ficticia por lo común), prevaleciendo el ámbito
privado de los personajes sobre el público: más
que novela histórica debería hablarse, así, de
“novelas de aventuras históricas”. La acción
narrativa suele centrarse en la esfera amorosa o en
la político-bélica. Lo casual suele predominar
sobre lo causal.
·
El
narrador tiende de forma acusada a la omnisciencia
sobre todos los materiales que conforman el relato.
Hasta los más mínimos detalles le son dados al
lector. Además, el narrador también tiende al
intervencionismo constante, siendo muy frecuentes
las digresiones. Narrador siempre externo y
absolutamente decantado por el héroe protagonista.
Narrador, por último, que suele ser reflexivo.
·
Según
el espacio/tiempo de lo narrado, la novela histórica
puede subdividirse en: (a) novelas de la
Reconquista, (b) novelas de las guerras civiles
medievales, (c) novelas de los templarios, (d)
novelas sobre la época de los Austrias y (e)
novelas sobre la conquista de América. Se tiende en
todo caso a la extrema precisión en la descripción,
aunque por mera ornamentación, careciendo siempre
de función alguna dentro del relato. Las aventuras
del héroe suelen llevarle por muchos espacios:
conventos, iglesias, castillos cortesanos,
fortalezas militares, laberintos y pasadizos
secretos, criptas, bosques, campos abiertos
(“locus amoenus”), etc. Muchas veces estos
espacios configuran en la novela una “estructura
de viaje” del héroe o una “estructura laberíntica”.
·
En
cuanto al tiempo, se tiende a la linealidad absoluta
en el relato: la narración como “crónica”
concentrada con muy pocos saltos o vacíos. Siempre
se da el relato en un pasado perfectivo (acabado
totalmente). El narrador suele introducir muchas
pausas en su discurso (digresiones, etc.) y muy
pocas elipsis narrativas. Los diálogos suelen ser
muy abundantes y el ritmo narrativo bastante rápido
(gran cantidad de acción).
·
Por
su parte, el narrador se caracteriza, en general,
por: (a) una marcadísima tendencia a la
omnisciencia, jamás sugiere; (b) el hábito
constante de la intervención (digresiones
constantes), (c) ser siempre un narrador externo, no
participativo; (d) tender a la reflexividad con
alusiones numerosas al lector o al hecho de narrar,
(e) la identificación hacia determinados personajes
y el distanciamiento total respecto a otros (maniqueísmo);
(f) el relato siempre está hecho por un narrador
solo: narrador singular.
Sobre
esta base -muy parecida a la del llamado “drama
romántico” en el teatro- algunos autores
gallegos, navarros y catalanes a la novela histórica
un trasfondo regionalista o nacionalista. La novela
se convierte así en una búsqueda o reivindicación
de la identidad histórica perdida o una exaltación
de la historia local deformada por el poder central
de Castilla.
Por
último, también se escribieron novelas históricas
pero con vocación de documento o de “episodio
nacional”: se trata de narraciones
en las que se recrean acontecimientos de la historia
reciente de España. Algunas de ellas son:
|
1822
|
Rafael
de Riego
|
Fco.
Brotóns
|
|
1832
|
Las
ruinas de Santa Engracia
|
|
|
1833
|
La
española misteriosa
|
Casilda
Cañas
|
|
1845
|
El
dos de Mayo
|
Juan
Ariza
|
|
1846
|
El
patriarca del valle
|
P.
Escosura
|
|
1851
|
Misterios
de las sectas secretas
|
J.
M. Riera
|
|
1855
|
Los
guerrilleros
|
Ochoa
|
Algo
más tardío que la novela histórica, este tipo de
novela no se da en España hasta 1840, coincidiendo
con las primeras traducciones de Balzac, Sue, Sand o
Dumas, que fueron las grandes referencias.
El
más claro cultivador de este tipo de relatos en
España fue Wenceslao Ayguals de Izco (Vinaroz,
1801- 1875), uno de los pocos escritores del momento
preocupado por los problemas del proletariado en
España (solía repartir entre los obreros folletos
y entregas).
Sus
novelas más importantes fueron María
o La hija de un jornalero (1845), La
marquesa de Bella Flor (1848) y Pobres
y ricos (1849).
Por
el trasfondo ideológico que solían tener, no
gozaron del gusto de las clases dominantes,
incluyendo a la propia Burguesía.
Como
compensación ideológica a la llamada “novela
social” -considerada peligrosa por las clases
dominantes en la España del momento-, y al mismo
tiempo que se desarrolla ésta, se da la llamada
“novela de costumbres” .
En
esencia, en ésta se sigue el mismo esquema y técnica
narrativa que en la novela social. Las diferencias
respecto a ésta última son las siguientes:
·
El
trasfondo ideológico subyacente al relato es mucho
más inocuo que en la novela social: el tono de
protesta y testimonio de la situación obrera se
convierte ahora, a lo sumo, en cierto paternalismo
de las clases dominantes hacia el proletariado.
·
En
la inmensa mayoría de los casos el fragmentarismo
(típico de la de la novela social y folletinesca en
general) se acentúa ahora: como consecuencia el
“cuadro” prima sobre la trama argumental
coherente y seguida.
Algunos
títulos:
|
1842
|
El
poeta y el banquero
|
Pedro
Mata
|
|
1845
|
Madrid
y nuestro siglo
|
R
Navarrete
|
|
1846
|
Doce
españoles de brocha gorda
|
A.
Flores
|
|
1848
|
El
dios del siglo
|
A.
Salas y Quiroga
|
|
1849
|
La
Gaviota
|
Fernán
Caballero
|
Novela
esta última con la que se inicia la llamada
“novela realista” (cuya culminación
se dará a partir de la década de los años
60: Galdós, etc.).
|