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LA
POESÍA ESPAÑOLA
DESDE 1936-39
Como
en casi todo, los efectos de la guerra civil sobre
el panorama poético español fue devastador: junto
a los que murieron poco antes de que ésta estallara
(Valle-Inclán, Unamuno), otros poetas lo hicieron
durante el conflicto (García Lorca) o al poco
tiempo de finalizar (Miguel Hernández). También
hubieron poetas que tuvieron que exiliarse por su
compromiso con la II República (A. Machado, Rafael
Alberti, Luis Cernuda, etc.). Otros permanecieron en
España manteniendo una actitud de protesta
silenciosa: el llamado "exilio interior"
(V. Aleixandre, G. Diego, Dámaso Alonso, etc.)
La
poesía española en el exilio
Inglaterra,
Francia, México y Argentina serán los centros de
localización más importantes de los poetas españoles
exiliados en 1939. Algunos de ellos son Juan R. Jiménez,
A. Machado, León Felipe, Manuel Altolaguirre, Luis
Cernuda, Max Aub, Pedro Salinas, Jorge Guillén,
Emilio Prados, Manuel Andújar, J.J. Domenchina, José
Moreno Villa, María Zambrano, José Bergamín, Juan
Gil-Albert (quien, a su regreso a Valencia en 1947,
redunda en el concepto de exilio interior para aludir a los escritores que, desde dentro de
España, manifestaron su desacuerdo con el sistema
franquista mediante el "silencio"), etc.
México,
Francia (donde los exiliados españoles fundan la
editorial "El ruedo ibérico") y Argentina
son también importantes plataformas editoriales
para estos autores exiliados.
La
salida violenta del país (o, simplemente, el exilio
escogido) forma en estos poetas, por lo general,
una nueva etapa en sus trayectorias, caracterizada
normalmente por el tema
de España y el
tema del destierro. En ellos, la distancia
suele sublimar el tono recordatorio del poema: los
amigos muertos, la religión como refugio y el amor
como supervivencia: LA ESCRITURA COMO EJERCICIO DE LA MEMORIA Y LA MEMORIA COMO RECUPERACIÓN
DEL PASADO ANTERIOR AL TRAUMA DE LA GUERRA CIVIL.
El
mayor logro de esta poesía exiliada es, tal vez, la
recuperación del espacio poético interior:
el plano solitario, melancólico e interiorizado
del poeta encerrado en su mundo personal. La auto-contemplación
del "yo lírico".
La
"Generación de 1936":
del
compromiso a la intrahistoria
El
CONTEXTO HISTÓRICO
de este primer grupo de poetas que aparece tras el
fin de la guerra se caracteriza por un excesivo
esquematismo religioso y político, la
intervención absoluta y constante del nuevo
estado en la vida cultural (la sistemática
intromisión de la censura o la creación en 1942
del "Cuerpo Nacional de Inspectores de Traducción",
que vigilaba la entrada de libros extranjeros y
"aseguraban -de acuerdo con la iglesia y el
estado- la moral, la ortodoxia y el rigor político"),
el veto a intelectuales relacionados de alguna
manera con la República. Esta deprimente situación
culmina con el cierre de las fronteras en 1944-45 y
el aislamiento
internacional (el régimen franquista es
condenado por la O.N.U.)
Pocos
años antes de la guerra civil, frente al compromiso
casi unánime de los principales poetas a favor de
la II República, fueron apareciendo otros
escritores que se mostraron ideológicamente
contrarios a ella. Serán ellos los que seguirán
escribiendo poesía después de 1939.
Éste
es el primer grupo de poetas que se consolida como
tal en la postguerra española: la también llamada "generación
de 1936", formada por poetas muy heterogéneos:
Germán Bleiberg, Dionisio Ridruejo,
Leopoldo Panero, Luis Rosales, Luis Felipe
Vivanco, José Luis Cano, José García Nieto, etc.
Casi todos ellos coinciden en militar en la Falange
(una de las fuerzas ideológicas que participaron en
la guerra agrupados bajo el mando de Franco).
Todos
ellos son poetas que parecen coincidir en revalorizar
las formas clásicas de la tradición poética española,
en especial el
soneto, y en concebir una poesía
muy formalista.
Coincidieron en revalorizar elementos
tradicionales del lenguaje poético (olvidados con
las vanguardias antes de la guerra) como la estrofa,
la rima, la medida de los versos y la claridad
expresiva.
Solían
publicar sus poemas en revistas como Garcilaso
o Escorial
(ambas de 1943, pero la última propiedad de la
Falange). En ellas estos poetas se nombran a si
mismos
"juventud creadora".
El
poeta mitificado por este grupo generacional fue
Garcilaso de la Vega (s. XVI), en tanto que veían
en él al poeta-soldado al servicio de una España
imperial que escribía sobre temas amorosos con un
lenguaje armónico y sencillo.
En
estas fechas se publican
Abril (L. Rosales), Cantos
de primavera (Vivanco), Sonetos
amorosos (Bleiberg), Plural
(Ridruejo), etc. Todos ellos, libros de sonetos. Las
influencias temáticas de J. Guillén ("El
mundo está bien hecho") son importantes en
estos poetas.
En
conjunto, la "generación del 36" se
caracteriza por expresar poéticamente el optimismo
y la tranquilidad de los vencedores tras la guerra
civil. Junto a poemas de tipo propagandístico, lo más
característico de sus libros son temas como la
religión, la belleza neoplatónica de una mujer
idealizada y la naturaleza.
Pero
desde mitad de los años 40 el grupo comienza a
disgregarse como tal. Algunos de estos poetas
evolucionan entonces hacia la
"intrahistoria".
Con este término, creado por Unamuno años
atrás, se entiende la cotidianeidad, el día a día
de las gentes humildes.
En
efecto, poetas como Luis Rosales, Ridruejo o Vivanco
comienzan a buscar un "arraigo" personal
en Dios, la familia,
la esposa, ola tierra natal, abandonando
definitivamente sus ideales políticos Escribirán
una poesía basada en el recuerdo del pasado y en la
vida cotidiana. Los más importantes son La
casa encendida
y Rimas
(L. Rosales, 1949), Continuación
de la vida (L.F. Vivanco, 1949) o Elegía
(D. Ridruejo, 1948).
Este
cambio se produce, por otra parte, en la época en
que la Falange pierde su influencia en el sistema
franquista. Dado que la mayoría de estos poetas
eran falangistas, parece que este cambio en su poesía
obedece, en último término, a un desencanto de
tipo político.
"Poesía
arraigada" y
"poesía
desarraigada"
Al
mismo tiempo que la "Generación del 36"
está en su plenitud creadora, Vicente Aleixandre y
Dámaso Alonso (dos poetas de la extinta
"Generación del 27") publican sendos
libros: Sombra
del paraíso e Hijos
de la ira respectivamente (ambos de 1944).
Con la publicación de estos libros acaba el periodo
de "exilio interior" de estos poetas. Pero
lo más importante es que ambos coinciden en
escribir un tipo de poesía muy diferente al de la
"Generación del 36". Frente a éstos, que
expresan en sus poemas una visión del mundo siempre
gozosa, serena y confiada, "arraigada" (es decir, la visión que tiene del mundo
alguien que tiene algún punto de referencia claro
en su vida: la política, Dios, la familia, el amor,
la tierra, etc.), tanto Aleixandre como D. Alonso
expresan una cosmovisión totalmente "desarraigada",
desesperanzada, caótica, absurda (la visión que
tiene de la realidad aquel que carece de puntos de
referencia o apoyos vitales).
Ese
mismo año (1944), surge en León una nueva revista
poética: Espadaña. Sus fundadores fueron dos jóvenes poetas -Eugenio
de Nora y Victoriano Crémer- que inmediatamente
fueron calificados de "tremendistas".
Teniendo
como precursores y maestros a Vte. Aleixandre y Dámaso
Alonso, en esta revista van a publicar sus poemas
muchos poetas inéditos, todos en la línea de la
poesía "desarraigada": Blas de Otero,
Gabriel Celaya, Vicente Gaos, Carlos Bousoño, José
Mª Valverde, José Hierro, Ramón de Garciasol,
etc.
Técnicamente,
frente al tradicionalismo de la "Generación
del 36", estos nuevos poetas se caracterizarán
por su
libertad formal (usan el verso libre
mayoritariamente) y por tener a Antonio
Machado como mito colectivo. Para todos ellos la
poesía es el
testimonio que da alguien (el poeta) en nombre
de un pueblo en silencio...
En
realidad, tanto la "Generación del 36"
(poesía "arraigada") como los poetas de
la revista Espadaña
(poesía "desarraigada") tienen una nota
en común: su tono
existencialista. Unos y otros coinciden en
expresar en sus poemas una reflexión sobre el
sentido de la existencia, del ser humano, en un
contexto deprimente como el de la España de la
inmediata post-guerra. Sobre esa base común, los
primeros encuentran en la política, la religión o
la intrahistoria un motivo de serenidad y confianza;
los segundos, en cambio, no encontrarán ningún
punto de arraigo, no verán nada en el mundo que dé
sentido finalmente a la vida, al ser humano. Así,
por ejemplo, los primeros hablan
a / de Dios en sus poemas de una forma
confiada; los segundos quieren encontrar a Dios y
finalmente sólo hallan el silencio y el vacío. Los
primeros hablan de la amada o la naturaleza, los
segundos hablan de la muerte o el vértigo que
sienten ante un mundo que les resulta absurdo.
Finalmente,
mientras la mayoría de los miembros de la
"Generación del 36" dejan de publicar
poesía a principios de los años 50, los jóvenes
poetas de Espadaña
van a seguir haciéndolo, pero de una forma
diferente (que se conocerá con el nombre de
"poesía social").
Pervivencia
de las vanguardias
Desde
que, en los años 20 (con Ramón Gómez de la Serna
y la "Generación del 27"), surgen en la
literatura española las Vanguardias, este tipo de
escritura no recobrará cierta vigencia hasta la década
de los 70. Pero en la inmediata post-guerra (años
40) todavía hay algunos síntomas de supervivencia,
aunque de forma muy minoritaria y marginal.
Por
otra parte, la poesía vanguardista (especialmente
surrealista) de estos años es bastante desconocida
por los problemas que este tipo de poetas tenían
para su publicación. Sus principales representantes
en los años 40 fueron:
Algunos
poetas aislados como José Luis Hidalgo (Raíz,
Las luces
asesinadas, Mensaje
hasta el aire), Miguel Labordeta (Sumido
25, Violento
idílico, Transeúnte
central), Juan E. Cirlot (En
la llama, Canto
de la vida muerta, Cordero
del abismo) o Camilo José Cela (Pisando
la dudosa luz del día, 1945).
El grupo
"Cántico" de Córdoba, llamado así
por la revista Cántico
que sirvió a poetas como Pablo García Baena y
otros de vehículo de publicación.
El "Postismo",
creación personal de Carlos Edmundo de Ory junto al
pintor Eduardo Chicharro y a Silvano Sernesi. Fue un
movimiento que quiso enlazar con las vanguardias
europeas, negando y evadiéndose del presente.
Manifestaron una actitud provocativa y de ruptura
con la cultura española monótona de la inmediata
posguerra civil. Se caracterizó por el uso creativo
del lenguaje, la extravagancia, la provocación artística
y el humor, en relación clarísima con el
Surrealismo francés y con el Dadaísmo. El
manifiesto del "Postismo" se encuentra en
el único número de la revista Postismo
(que fue prohibida por el gobierno) y el la revista La
cerbatana.
En
realidad, se trata de manifestaciones
tardías de las vanguardias que se dieron en
España antes de la guerra civil (década de los años
20).
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