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CONTEXTO HISTÓRICO, SOCIAL Y CULTURAL

Por "Época post-contemporánea" se conoce el periodo histórico que nace con el fin de la II Guerra Mundial (1939-1945). Como veremos, se trata de un tiempo en el que Europa se convierte en protagonista -muchas veces en víctima- de los acontecimientos internacionales.

Consecuencias de la II Guerra Mundial

Al terminar el conflicto armada Europa es un continente destrozado (el viejo continente fue el principal escenario bélico durante seis años). A partir de ahí puede entenderse que la post-contemporánea sea una época de decadencia generalizada en todos los países europeos.

Surgen nuevas potencias políticas, militares y económicas -EE.UU. y la U.R.S.S.- que re-ordenarán las internacionales internacionales (el "orden mundial") según sus conveniencias. En primer lugar, dichos países, aliados comunes frente al Fascismo unos años antes, se convertirán en claros antagonistas: EE.UU. país basado en un sistema social y económico capitalista y la U.R.S.S. con otro, completamente distinto, socialista.

Dicho conflicto, por otra parte, se generaliza a nivel mundial: surge así ese nuevo "orden internacional" en el que todo el planeta se divide en zonas de influencia de las mencionadas potencias. Tras la conferencia de Yalta (1945) Europa se verá dividida en países occidentales frente a los llamados "países del este". Además, este enfrentamiento se trasladará a nuevos y cambiantes escenarios (Corea, Cuba, Vietnam, Checoslovaquia, Afganistán, etc.), originando lo que se llamó "guerra fría".

Durante varias décadas este sistema no se alterará en absoluto: las dos superpotencias, convertidas en centro de un bloque económico e ideológico a escala internacional, se considerarán respectivamente incompatibles.

Será en los años setenta cuando comiencen a producirse las primeras alteraciones, sobre todo con la aparición de países (algunos de ellos muy poderosos como China o los de la OPEP) que se declaran "no alineados" (o sea, al margen de la influencia de una u otra superpotencia).

Por otra parte, acontecimientos como la llamada "crisis del petróleo" de 1975 han puesto en evidencia que el poder es un concepto básicamente económico, no militar. Ello explica la importancia de algunos países derrotados en la II Guerra Mundial -casos de Alemania o de Japón- en la actualidad.

Tras la caída del sistema socialista (cuyo síntoma más evidente fue la famosa "perestroika" de Gorbachov en la URSS) y la pérdida de influencia de este país, parece que haya una tendencia a recuperar el orden internacional anterior a la II Guerra Mundial. Así, tras un primer momento en que los EE.UU. parecían convertirse en única superpotencia internacional (por ejemplo en la guerra del Golfo Pérsico), fenómenos recientes como los nacionalismos (Argelia, Checoslovaquia, Yugoslavia o la misma URSS), la aparición del integrismo musulmán en los países árabes (Irán, Argelia), el terrorismo internacional, etc., han venido a complicar el nuevo sistema internacional.

Nuevas corrientes filosóficas

En primer lugar hay que señalar la pervivencia del Marxismo y del Psicoanálisis durante buena parte de la época post-contemporánea.

El primero Marxismo fue, históricamente, la teoría social y económica que fundamentó la Revolución Soviética de 1917 y después la base política de los países que tras la II Guerra Mundial entraron en la zona de influencia soviética (los "países del este" de Europa, buena parte de África y Asia, Cuba, etc.).

El Psicoanálisis (Freud y Jüng) tuvo una gran relevancia en el campo de las artes (Surrealismo, etc.), pero en la época post-contemporánea ha derivado hacia el campo de la medicina fundamentalmente (Psicología y Psiquiatría).

En realidad, la única corriente de pensamiento originada y desarrollada después de la II Guerra Mundial es el Existencialismo.

Con algunos antecedentes a principios de siglo (Unamuno,  por ejemplo, en España, Kierkegaard, Heidegeer, etc.), los inicios del Existencialismo están en la gran crisis de los años 30. Por "Existencialismo" se entiende desde entonces el conjunto de ideas que tienen en común el análisis de la existencia, o sea, el modo de ser del hombre en relación con el mundo, en una situación determinada analizable en términos de posibilidad.

El núcleo del pensamiento existencialista es la idea de que la libertad humana es finita, puesto que diferentes condicionantes y limitaciones pueden anularla en un momento determinado. De ahí se desprende la visión existencialista del hombre como un ser absurdo. El clima de inseguridad y fracaso posterior a la II Guerra Mundial fue el caldo de cultivo en el que se desarrollaron estas teorías (que todavía hoy tienen cierta vigencia).

En realidad, debe hablarse de dos existencialismo: uno ateo, el de Jean Paul Sartre, y otro cristiano, de Karl Jaspers.

JEAN PAUL SARTRE (1905-1980). Para este filósofo francés, la vida es una sucesión de posibilidades que van abriéndose y cerrándose ante cada ser humano. Éste escoge continuamente entre todas ellas, pero lo hace siempre a ciegas. De ahí que, para él, la existencia sea absurda y la vida carezca de sentido alguno. Evidentemente, Dios o cualquier otra representación de lo sobre-humano queda anulado. Su pensamiento fue expresado en el libro La crítica de la razón dialéctica (1960) y es conocido vulgarmente como "filosofía del fracaso" o "filosofía de la angustia".

KARL JASPERS(1883-1969), en cambio, relacionará estrechamente la vida con lo trascendente (sobre todo la fe en Dios), especialmente en las situaciones limite (cercanía de la muerte, culpabilidad, sufrimiento, etc.)

Como veremos, el Existencialismo tuvo una gran importancia en la cultura europea posterior a la II Guerra Mundial.

La conclusión a la que se llega, después de comprobar las corrientes filosóficas post-contemporánes más importantes es la siguiente: desde la II Guerra Mundial se registra un claro interés por parte del individuo hacia la realidad concreta. El tiempo (momento histórico determinado) y el espacio se consideran elementos determinantes, definidores del "yo": el hombre quedará definido, en primer lugar, por  la "circunstancia" en que vive y por lo que realiza en ella. El individuo ya no es un valor absoluto en si mismo (como en la época contemporánea), sino que queda relativizado respecto a una determinada situación.

Tendencias artístico-literarias

La característica diferenciadora más importante del arte post-contemporáneo es la concepción dialéctica que de ella tienen los artistas e intelectuales.

Se aplica el calificativo "dialéctico" al arte de este periodo histórico en el sentido hegeliano. El filósofo Hegel la dialéctica era una proceso de contradicciones que marcaba la marcha de la historia.

"Arte dialéctico" significará, pues, a arte que se hace eco de las oposiciones o luchas de carácter social y que, finalmente, toma partido ante ellas. De todas maneras, la expresión más famosa para aludir a esta concepción artística es la de arte "comprometido".

El teórico más importante de este tipo de arte fue el francés Jean Paul Sartre [1], según el cual:

El artista "es cómplice de la opresión sino se alía con los oprimidos". El artista que no denuncia la injusticia se muestra, con su silencio, favorable a la sociedad injusta.

"Si se me presenta el mundo con sus injusticias, no es para que yo las contemple fríamente, sino para que las denuncie con mi indignación". Antes que estética hay, en toda obra de arte, ética y moral. El arte tiene una función social: la de contribuir a cambiar la realidad.

El artista sólo debe obediencia a si mismo, nunca a una ideología concreta o a un partido político. Sin ese gesto de libertad y coherencia por parte del artista, toda obra de arte se convierte en mera propaganda.

"No se es artista por haber escogido decir ciertas cosa, sino por haber escogido decirlas de cierta forma". Así pues, el artista comprometido debe recordar que, antes que nada, es un artista, y ello comporta preocupación por la forma estética.

El arte comprometido ("engagée") no se limita, así, a reflejar la realidad, sino que quiere explicarla e, incluso, contribuir a transformarla mejorándola. Se trata, pues, de la antítesis del llamado "arte puro" preconizado por los vanguardistas europeos a lo largo de los años 20. En este tipo de arte el autor compromete públicamente su conciencia y su dignidad ante el mundo, lo que hace que las manifestaciones de ese "compromiso" del artista se manifieste de múltiples formas: el llamado "personalismo" cristiano que afirma el valor absoluto de cada ser humano frente a la masa o del espíritu frente al utilitarismo materialista, el realismo socialista de talante marxista, el arte existencialista, el neorrealismo, el realismo social, etc. En el campo de la literatura las tendencias más importantes fueron

Literatura existencialista

Se trata de un tipo de literatura cargada de contenido filosófico que gira en torno a temas como la libertad del ser humano ante determinadas circunstancias, la angustia ante el paso del tiempo, el sentido mismo de la existencia y la actitud trascendente o nihilista ante él, etc.

Estos temas están vistos de una u otra forma según el autor sea cristiano o ateo. Escritores existencialistas ateos son, por ejemplo, Jean Paul Sartre (La náusea, 1938, Los caminos de la libertad), Simone de Beauvoir (Memorias de una chica bien) o Albert Camus (El extranjero, 1942, La peste, 1947 y La caída, 1956). Existencialistas cristianos son François Mauriac (Nido de víboras, Los ángeles negros),  Georges Bernanos (Diario de un cura rural) y Graham Green (El poder y la gloria, El tercer hombre).

Literatura social

Dentro de las diversas modalidades que puede adoptar el "arte comprometido" de la época post-contemporánea, el realismo es lo más frecuente ("realismo" no entendido como en el s. XIX, sino como rechazo de la fantasía, la imaginación, etc.).

El llamado "realismo socialista" (no "social", que es muy diferente) fue la doctrina oficial en la URSS desde 1934 (asumida después durante mucho tiempo por los escritores marxistas de toda Europa).  

"El realismo socialista (...) exige del artista una representación verídica e históricamente concreta de la realidad en su desarrollo revolucionario. Además, debe contribuir a la conversión ideológica de los trabajadores a un espíritu socialista".

(Estatuto de los escritores soviéticos, 1934)

En realidad se trata de una literatura de propaganda (como denunciaría Sartre años más tarde) realizada a través de simplificaciones excesivas (el buen obrero frente al cruel patrono, etc.). Según el propio Stalin el escritor "ha de ser un ingeniero de almas"; es decir, ha de adoctrinar. En los aspectos formales de la literatura el realismo socialista cayó en la paradoja de ceñirse al modelo de literatura realista-burguesa del S. XIX, condenando todo intento renovador por excesivamente "formalista".

Las teorías del realismo socialista soviético se extendieron al resto de Europa de forma parcial, de tal manera que nunca se llegó a este tipo de literatura anquilosada, panfletaria y maniquea. De ahí que se hable en estos países de "realismo social" o "social-realismo" (y no de "realismo socialista" a la manera soviética). La diferencia básica estriba en la ausencia de elementos ideológicos y otros apriorismos.

Literatura experimental

Desde finales de los 50 comienza a desarrollarse por toda Europa un nuevo concepto de la literatura. En él se destaca sobre todo los aspectos formales o estructurales y no el contenido. El mejor ejemplo de ello es el grupo de novelistas franceses que, desde mediados de los 50, practicaron lo que se llamó "nouveau roman" (nueva novela), "anti-novela" o "novela de la mirada". Los principales escritores de este grupo fueron Alain Robbe-Grillet (Las gomas, 1953, El mirón, 1955, La celosía, 1957) Marguerite Duras (El square, 1955, Moderato cantabile, 1958), Michel Butor (El empleo del tiempo, 1956), Claude Simon y Nathalie Sarraute. Según ellos:

- La literatura (en especial la novela) es forma, estructura. Lo de menos es el tema o argumento.

- Se ha de conseguir la objetividad máxima por parte del narrador, descartando totalmente las intervenciones

- La realidad ha de ser mostrada como si estuviera vista a través de una cámara fotográfica.

- El tiempo se reduce a un constante presente.

- Si se habla sólo de lo que se ve objetivamente, lo fundamental en la literatura es la descripción.



[1] Las afirmaciones recogidas entre comillas pertenecen a su libro ¿Qué es la literatura? (1947).

 

 

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