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REALISMO Y NATURALISMO EN FRANCIA (Balzac, Zola y Flaubert)

 

BONET, Laureano (ed.):El Naturalismo; Barcelona, Ed. Península, 1989. Se recogen aquí los siguientes textos de E. Zola:

ZOLA, Émile (1879): ”Le roman espérimental”, en El mensajero de Europa, San Petersburgo.

__________ (1879): “Lettre à la jeunesse”, ídem.

__________ (1879): “Le naturalisme au théatre”, ídem.

__________ (1880): “L’argent dans la littérature”, ídem.

__________ (1880): “Du roman”, en Le Voltaire, París.

 

Honoré de Balzac

(1799-1829). Representa el paso del Romanticismo al Realismo en Francia a partir de 1830. Sus novelas más importantes son:  La piel de zapa (1831), El tío Goriot (1833), Eugenia Grandet (1833) y Las ilusiones perdidas (1837-39). Publicó sus obras de forma conjunta en 1842 bajo el título La comedia humana.

En conjunto su narrativa se caracteriza por:

1)    Oposición de un cierto objetivismo al subjetivismo. La verdad está en el objeto, no en el sujeto.

2)    EI gusto por la observación que se opone al de la imaginación. Es el gusto por el documento moderno, el gusto por la erudición si se trata de una época antigua.

3)    La oposición de la visión materialista del mundo a la visión idealista del romanticismo, es decir, que lo real es lo real y no hay ninguna superación de esa realidad por la imaginación :la literatura realista es una literatura horizontal, a ras de suelo.

Oposición del plano de sentimiento al plano físico, corporal. EI realismo va a demostrar que el hombre es, ante todo, un cuerpo físico que se define por sus instintos, sus apetitos, etc En realidad se podría decir muy bien que más que oposición entre realismo y romanticismo es la vieja oposición de idealismo y realismo o materialismo.

Émile Zola

(1840-1902) Fue el autor más famoso en la Francia de los años 70 y 80. Auténtico novelista profesional, se le considera “creador” de la novela naturalista como superación del “realismo de tesis” y expresión de la crisis burguesa en la Francia del Segundo Imperio (1851-1870) y de creciente interés por el proletariado. Sus denuncias contra el gobierno en el llamado “affaire Dreyffus” y su ideología socialista le dieron gran renombre en toda Europa. En torno a este núcleo temático compuso la serie de  novelas de los “Rougon-Macquart” (entre 1871 y 1893). Las más representativas son: La fortuna de los Rougon, La jauría (ambas de 1871), El vientre de París, La conquista de Plassans (1874) y La taberna (1877) Fuera de este ciclo narrativo -cuyo subtítulo es “Historia natural y social de una familia bajo el II Imperio”  y que acaba con El doctor Pascal  en 1893- hay otras importantes: Germinal (1885) es la mayor junto al ciclo narrativo titulado Los cuatro evangelios, al que pertenecen sus últimos textos: Fecundidad (1899), Trabajo (1901) y Verdad (1903).

Junto a otros novelistas franceses (Huysmanns, Maupassant, Bourget, etc.) formó parte de un grupo de intelectuales y artistas franceses abiertamente críticos con la sociedad y el sistema político de la Francia de la época. Murió exiliado en Inglaterra tras ser condenado por sus críticas antigubernamentales en el caso Dreyffus.

 

Gustave Flaubert

(1821-1880). Este escritor representa la cima del movimiento naturalista en Francia y, al mismo tiempo, su superación hacia una novela más subjetiva  o “espiritualista”. Lo más importante de su producción narrativa se compone de títulos como Tentación de San Antonio (1849), Madame Bovary (1857) -novela que le supuso un juicio por escándalo público e inmoralidad en el que finalmente quedó absuelto-, Salambó (1862), La educación sentimental (1864) y Bouvard y Pécuchet (1880). Fue amigo de Zola, los hnos. Goncourt, Maupassant, Daudet, Huysmanns, Banville, etc.

Su gran aportación a la narrativa reside en dos elementos técnicos: (a) el narrador “invisible”, que tiende a la total desaparición del relato y la creación del efecto de máxima objetividad y, (b) el “estilo indirecto libre”, modo narrativo relacionado con la objetividad narrativa y el afán de explorar la subjetividad del personaje narrativo.

 

EL NATURALISMO EN ESPAÑA

Como tendencia narrativa no puede hablarse de Naturalismo en España hasta 1880. En este sentido, la novela naturalista -aunque bastante más tarde que en Francia- en nuestro país tiene las mismas implicaciones ideológicas que en resto de Europa: tras la Revolución de 1868 y el llamado “Sexenio Revolucionario” la política española deriva en el sistema llamado “Restauración” desde 1875 con el regreso de Alfonso XII a modo de continuación de los tiempos de su madre Isabel II. Así pues, el periodo plenamente revolucionario de la burguesía española (1868-1874) quedaba definitivamente superado y la Alta burguesía se veía obligada a pactar con la Aristocracia: la burguesía en su conjunto había fracasado totalmente en su intento por acceder al poder político

Pues bien, si la novela realista de los 70 fue el soporte literario de la ideología burguesa en su periodo revolucionario y esperanzado, el Naturalismo será en los 80 el vehículo con el que los novelistas burgueses expresen el fracaso colectivo de su propia clase social: a su creciente desconfianza en la burguesía española le corresponde un nuevo modo narrativo, el naturalista.

Por otra parte, no puede hablarse de una importación del modelo narrativo naturalista francés a España sin más. La forma de novelar de Zola y sus seguidores en Francia suscitó una gran polémica en los inicios de la década de los 80 en España.

El Naturalismo francés suscitó dos tipos de reacciones en los novelistas españoles, según el siguiente esquema:

 

 

 Años 70: novela realista o “de tesis”

Novelistas de ideología liberal conservadora

(Pereda, Alarcón, etc.) enemigos de la revolución

Novelistas de ideología liberal progresista

(Galdós, Clarín, etc.) partidarios de la revolución.

 

Años 80: novela naturalista al estilo de Zola en Francia (superación de tesis previas): no hay que dotar a la realidad de un ideal, sino que éste ya está en la realidad: sólo hay que describirlo de forma impersonal y objetiva.

 

Rechazo radical: el naturalismo es visto como un estilo obsceno, sucio, etc.

Aceptación del naturalismo: estilo apropiado para expresar la crisis ideológica burguesa.

El Naturalismo español fue, en realidad, mucho más atenuado que el francés: en la medida que las ideologías reaccionarias o conservadores eran más poderosas que en Francia, los novelistas españoles tuvieron muchos más prejuicios a la hora de referirse a temas como el obrerismo, la sexualidad, las enfermedades, la pobreza y miseria de algunos sectores sociales, etc. Desde luego, el influjo de la iglesia española se dejó notar muy claramente: según las autoridades eclesiástica y los escritores católicos españoles la novela debe estar caracterizada por la moralidad y el respeto a la doctrina católica (novela como práctica idealizante y didáctica). Sus críticas a los naturalistas se centraron, pues, en su falta de ejemplaridad y su excesivo materialismo, además de su base teórica en teorías “herejes” como el determinismo evolucionista darwiniano o “demasiado peligrosas” como el positivismo y el racionalismo. El idealismo dogmático de la iglesia se creía amenazado por los naturalistas, cuya visión de la realidad era totalmente opuesta.

Pero, además, en ese rechazo parcial hacia el Naturalismo francés había también un cierto componente nacionalista: repudiar el Naturalismo en tanto que estética literaria surgida en Francia, país considerado hostil e inmoral durante todo el s. XIX en España.

Emilia Pardo Bazán fue la teórica del Naturalismo en España. En su libro La cuestión palpitante se ocupó del tema propugnando, precisamente un “si pero no” al Naturalismo francés: “sí” a la superación de las “tesis” apriorísticas de la novela realista; “no” al énfasis de Zola y sus seguidores franceses en lo sucio, lo carnal-material, lo escatológico y lo obsceno.

El Naturalismo, pues, no fue adoptado en España más que por un pequeño grupo de escritores que, intelectualmente, eran la “vanguardia” de la burguesía española de la época. Además, sólo esos escritores seguirán escribiendo y publicando novelas durante los años 80 y también en los 90 (“Espiritualismo”).

 

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