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El
teatro español durante la guerra civil
El
teatro español de esta época, como toda la
literatura en general, se puso al servicio de las
ideologías en conflicto. Puede hablarse, entonces,
de dos tipos de teatro radicalmente enfrentados:
1.-
El teatro "republicano" tuvo como
centros Madrid, Barcelona y Valencia. Se crearon
diversas instituciones y mecanismos teatrales de
naturaleza oficial, es decir, estatal: el
"Consejo Nacional del Teatro", presidido
por Antonio Machado; la "Junta de Espectáculos";
la "Nueva Escena" (sección teatral de la
"Alianza de Intelectuales Antifascista"
que celebró un congreso en Valencia), las
"Guerrillas del Teatro" (creadas por el
Ministerio de Instrucción Pública en 1938, eran
compañías teatrales cuyo fin era la agitación política
en cualquier punto -frente de guerra, fábricas,
etc.- con espectáculos en los que diversión y enseñanza
iban unidas). Los autores teatrales escribieron un
teatro que se ha dado en calificar "teatro de urgencia": teatro politizado, enraizado e
interesado en la defensa de la causa republicana.
Destacan autores como Max Aub, R. Alberti, Miguel
Hernández, Ramón J. Sender, Manuel Altolaguirre,
José Bergamín, etc.
2.-
S. Sebastián, Sevilla y Zaragoza fueron los centros
teatrales de la "zona nacional". Se creó
la "Comisaría de teatros nacionales" y el
"Teatro de la Falange". Destacan autores
como José Mª
Pemán, Agustín de Foxá o Juan Ignacio Luca de
Tena, entre otros; escribieron obras comprometidas
con la "causa nacional". Es decir, se
trata de un teatro de temas contrarios al anterior,
pero con un mismo fondo: la politización, la
ideologización, del teatro. En ambos bandos el
teatro se convierte y se utiliza ideológicamente,
como un instrumento de propaganda o de afirmación
de los valores y mitos de cada una de las dos partes
enfrentadas en la guerra.
A
todo ello, los autores que representan el teatro
"de calidad", con verdaderos valores estéticos,
ya habían muerto: Lorca (asesinado en Granada),
Unamuno y Valle-Inclán...
El
teatro español en el exilio
Además
del empobrecido panorama teatral español durante la
guerra civil, al finalizar el conflicto se abre una
parte totalmente desconocida por el público: el
exilio.
El
exilio es una consecuencia lógica de todo conflicto
armado, de toda guerra: si en el transcurso de una
guerra se enfrentan varios "bandos" o
facciones -hecho mucho más triste y lamentable si,
como en el caso de España, se trata de una guerra
civil- resulta lógico que, tras la victoria de uno
de ellos, los derrotados, los vencidos tengan que
abandonar el lugar en el que se ha luchado.
En
la España de la época fueron numerosos los casos
de españoles que tuvieron que cruzar la frontera
por motivos exclusivamente políticos: habían
luchado o defendido a su manera la causa de los
vencidos, la "causa republicana". Otros,
en cambio (Lorca) no tuvieron ocasión de
marcharse...
En
lo que respecta al teatro de la época, también el
exilio fue una causa que contribuyó enormemente a
su empobrecimiento más absoluto: actores como
Margarita Xirgu (que había actuado para Lorca en
varias ocasiones) o María Casares y directores
teatrales como Martínez Sierra o Rivas Cherif
tuvieron que abandonar el país exiliados.
Numeroso
fue también el grupo de escritores teatrales que
tuvieron que exiliarse: Rafael Alberti inició un exilio en la URSS primero e Italia después
de haber escrito obras comprometidas con el
republicanismo español como El
Adefesio o Noche de guerra en el Museo del Prado.
Max
Aub
se exilió en Hispanoamérica (México, etc.), donde
escribió obras de protesta y denuncia como No,
San Juan, Morir para cerrar los ojos,
etc.
Francisco
Ruibal escribe
El hombre y
las moscas sobre el tema del dictador y las
dictaduras (como referente obvio, Franco y su
sistema político represivo, dictatorial).
Fernando
Arrabal inició,
en París (ciudad que ya no ha abandonado) y
producción teatral con obras como
Oye, patria, mi aflicción, El hombre del
triciclo, Pic-nic, etc.
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