|
EL
TEATRO
"BURGUÉS" Y SU CRISIS A FINALES
DEL S. XIX
Desde
hace siglos el teatro ha sido un fenómeno no sólo
literario. Históricamente, el "espectáculo"
dramático ha estado ligado a los intereses de
determinados sectores sociales: en la España
medieval tenía, por ejemplo, una estrecha relación
con la religiosidad; en el Barroco (s. XVI y XVII
sobre todo) era un mecanismo propagandístico de los
intereses de la nobleza frente al resto de la
sociedad. Desde el s. XVII, en cambio, el teatro está
especialmente relacionado con la ideología de las
clases medias: surge así el fenómeno llamado "teatro
comercial" aún vigente hoy. Sus características
básicas son:
La presencia de lo ideológico
en escena: en este caso, los valores, ideales,
intereses, etc., de la burguesía.
El hecho teatral se convierte
definitivamente en un negocio, actividad económica,
que como tal ha de producir beneficios y ser
rentable. A tal fin van encaminados todos los demás
aspectos de la obra teatral. En realidad este fenómeno
se da pro primera vez en el s. XVII con la aparición
de los "corrales de comedias".
El teatro se estabiliza en un lugar fijo, normalmente en un
contexto urbano (la ciudad es el lugar donde
mayor cantidad de público potencial se concentra).
Temáticamente, la
familia (uno de los valores burgueses más
importantes) se irá convirtiendo en el eje
principal. La familia se exhibe públicamente como
base del orden social burgués.
La escena se concibe como una
"habitación abierta" al público. Los
actores actúan en ella sin tener en cuenta al público,
como su hubiera una "cuarta
pared": es el llamado "escenario
a la italiana".
La cuarta pared marca una distancia
infranqueable entre escena (espacio de la
representación) y patio de butacas (espacio del público).
La representación ha de tener
siempre presente el principio de la verosimilitud.
Lo representado en escena ha de ser creíble por el
público, ya que sólo así se le puede aleccionar,
educar.
La palabra
(diálogos, monólogos) es el elemento escénico
fundamental. Lo demás (decorados, música, luces,
etc.) es secundario.
Pero
en la segunda mitad del s. XIX comienzan a darse
algunos signos de crisis en este tipo de teatro.
Dicha crisis se acentuará en los comienzos del s.
XX. Así, por ejemplo:
La palabra irá cediendo su
importancia a otros elementos teatrales como el
cuerpo (gestualidad, mímica, etc.) del actor.
El teatro irá convirtiéndose
en una actividad heterogénea por naturaleza. En él
cabe todo: corporalidad, verbalidad, música, danza,
sonido, luces, etc.
El teatro irá convirtiéndose
en una actividad ideológicamente al servicio de ideales
revolucionarios anti-burgueses: Stanisllawski,
Meyerhold, Appia, Graig, Piscator, Brecht, etc., son
sólo algunos ejemplos.
Cronológicamente,
desde fines del s. XIX se da en Europa una sucesión
constante de tendencias teatrales. Todas ellas
conforman el "teatro
contemporáneo" y tienen en común su clara
voluntad anti-realista.
Teatro
naturalista
La
figura más importante de este tipo de teatro es el
director ruso Constantin
Stanislawski, creador del "Teatro de
artistas de Moscú" antes de la revolución
soviética de 1917. Allí trabajaron actores tan
importantes como Isadora Duncan.
El
principio fundamental del teatro naturalista es el
de evitar a toda costa la improvisación, para lo
que se exige un dominio técnico absoluto al actor,
de tal manera que éste se identifique al máximo
con el personaje que ha de representar. El teatro
naturalista fue el introductor de la "cuarta
pared".
Los
autores teatrales más importantes ligados a este
tipo de teatro son Anton Chejov
y E. Ibsen, cuyas obras suelen plantear el típico tema naturalista del
determinismo del individuo y la falta de libertad.
Teatro
revolucionario soviético
Este
tipo de teatro surgió tras la revolución soviética
de 1917 que acabó con la Rusia zarista, cuando el
P.C.U.S. reconoció la validez del teatro como
actividad propicia para la concienciación política.
El teatro se convierte así en propaganda
de los ideales de la revolución.
En
este contexto se aprovecharon las estructuras
teatrales de la época zarista (el "Teatro de
artistas de Moscú" de Stanislawski por
ejemplo). Las figuras más importantes fueron los
directores Meyerhold y Maiakowski,
que insistieron en la finalidad
política del teatro como medio de agitación y
concienciación.
Teatro de
vanguardia
El
primer antecedente del espíritu vanguardista en
teatro es el escritor Alfred
Jarry con su obra Ubu rey estrenada con gran escándalo en 1896.
La
tradición implantada por Jarry es recogida por el
director y escritor Antonin Artaud
que, en 1927, funda en París el "Teatro Alfred
Jarry" con la finalidad de escenificar teatro
vanguardista. Allí triunfan autores como E. Ionesco, Adamov o S. Beckett.
En
conjunto, el teatro vanguardista puede definirse por
los siguientes rasgos:
Tendencia a volver al teatro
primitivo (la "Commedia dell'Arte", el
mimo, lo gestual, la pantomima, la danza, etc.)
Gusto por temas relacionados
con lo irracional, lo mágico y lo inconsciente.
Mensajes de protesta ante toda forma de poder. Se
suele presentar al ser humano en general, no casos
particulares.
El teatro como actividad que no
debe imitar a la vida, sino crear realidades nuevas,
autónomas y diferentes.
La palabra no se utiliza sobre
la escena para comunicar, sino para apelar a la
emotividad del público.
La tradicional separación
entre escena y patio de butacas desaparece,
originando un ámbito común que se conocerá como
"espacio escénico". Con ello, el público
comienza a integrarse en la representación y pierde
su pasividad.
Las
vanguardias que mayor resonancia tuvieron en el
teatro, especialmente el los países centro y
nordeuropeos, fueron el Simbolismo
y, sobre todo el Expresionismo.
Ésta última vanguardia se desarrolló también el
cine con directores como Murnau, etc.
El
precursor del Expresionismo fue el director sueco
August Strindberg durante los años que transcurrieron entre las dos
guerras mundiales. Técnicamente, esta vanguardia se
caracteriza por el uso de los efectos de luz sin
ninguna moderación, los temas antibelicista y
antimecanicista, la movilidad de los actores, el
interés por mostrar una visión del hombre
grotesca, el uso constante de los valores
irracionales de la palabra (gritos, declamación, diálogos
mínimos, etc.)
El
simbolismo, en cambio, se centraba en mostrar una
visión de la "realidad interior" del ser
humano, para lo que se vale de la luz, la escenografía
y la música sobre todo. Los directores simbolistas
(Nijinski, G. Graig, A. Appia,
etc.) intentaron escenificar, pues, "espacios
anímicos" y no los medios ambientes
tradicionales.
Otras
figuras del teatro vanguardista de tipo surrealista,
dadaísta, futurista, etc.) fueron Paul Éluard,
Jean Cocteau, T. Tzara o Marinetti.
El "teatro
épico" de Bertold Brecht
La
concepción que B. Brecht (Alemania) tuvo del teatro
está dentro de la teoría marxista-socialista
del arte en general (creación de una conciencia
ideológica en el público, la agitación política,
etc.). En ese sentido sus maestros fueron los también
alemanes E. Piscator
y M. Reinhardt, que concibieron el teatro como actividad de
"masas" donde el público debe intervenir
activamente (creación de escenarios completamente
nuevos -móviles, giratorios, circulares, etc.).
El
teatro escrito por B. Brecht se conoció como
"teatro épico". Se resume en los
siguientes rasgos:
Visión negativa del teatro
realista por obedecer a los intereses de la burguesía
y las clases socialmente dominantes. En dicho teatro
-según Brecht- se hace publicidad de un tipo de
relaciones sociales que siempre benefician a unos
pocos Dichas relaciones, además, se presentan en
escena como algo natural, justo e inalterable.
Teatro realista significa para Brecht
"manifestación escénica de la auto-satisfacción
burguesa".
El tipo de teatro planteado por
Brecht -teatro épico- esta, de ese modo,
fuertemente politizado, ya que su finalidad es la
toma de conciencia por parte del pueblo frente a las
alienaciones del sistema burgués-capitalista.
En el teatro épico el público debe adquirir
finalmente una
conciencia revolucionaria.
En contra de la finalidad
"catárquica" del teatro (idea que parte
de Aristóteles), el teatro épico debe ayudar a que
el público-pueblo salga de su ignorancia y
modifique finalmente el orden social. En el teatro
tradicional -según Brecht- el público se purga de
las emociones que siente ante conflictos ajenos.
|
TEATRO
"BURGUÉS"
|
TEATRO
"ÉPICO"
|
|
Se
envuelve al espectador
|
Espectador
distanciado
|
|
En
medio de la acción
|
Opuesto
a la acción
|
|
Experimenta
sentimientos
|
Observa
y toma decisiones
|
|
Simpatiza
con la escena
|
Se
conciencia y actúa
|
Se trata, pues, de evitar que
el público se identifique con los personajes
viviendo la acción desde el punto de vista de éstos.
Según Brecht, el público debe pensar políticamente
sobre lo que ve en la escena, no sentir emociones.
Para ello es necesario un claro
"distanciamiento" entre público y
escenario.
Para ello, la estructura de la
obra dramática debe ser, según Brecht, fragmentaria:
no se presentan conflictos unitarios de principio a
fin, sino episodios autónomos, inconexos, que sólo
tienen en común el planteamiento de situaciones
injustas y alienantes. Así Brecht pretender mostrar
más claramente la mentira que subyace a una
realidad social dominada por una minoría.
Se presentan acciones y sucesos
de naturaleza social que resulten chocantes al público.
Éste debe, entonces, ver reflejada la acción dramática
en su propia vida y encontrar una explicación para
llegar finalmente a una solución.
|