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TRANSICIÓN Y DEMOCRACIA (1975-1995) [1]

  El rumbo tomado, desde 1975, por la actividad artística española en sus diferentes ámbitos ha tenido algunas notas subyacentes comunes como las siguientes.

1.- Una política de subvenciones.  E1 dinero público se ha convertido en pilar de la cultura española. Dinero para apoyar con becas la creación literaria y para que el cine haga frente al aluvión estadounidense. Dinero para el teatro que, salvo contadas excepciones, ya apenas puede sobrevivir sin las inyecciones  de  la Administración.  E1 Ministerio de Cultura tiene presupuestados este año (1995) 18.700 millones para subvenciones. Las subvenciones suponen de hecho una supeditación de los creadores a los poderes  políticos.  Pero  también los dineros privados ejercen un nuevo mecenazgo, sobre todo a través de entidades bancarias. Los nuevos mecenas no se conforman ya con el privilegio de comprar grandes obras o de ayudar a su difusión,  quieren  “todo  tipo  de facilidades” por parte de la Administración.

2.- La lógica de la rentabilidad. La cultura es considerada como una mercancía más y la lógica de la rentabilidad actúa contradictoriamente. Autores españoles como Almodóvar,  Muñoz  Molina  o  el  grupo Mecano ha conseguido liberar a la cultura del obligado malditismo como seña de identidad: la calidad y el éxito no tienen por qué estar reñidos. A1 mismo tiempo, la búsqueda  de  la  rentabilidad  actúa como un tipo de censura económica, que ha sustituido a la censura política del franquismo.

3.- El filtro de los medios de comunicación. En consonancia con la medida  de  popularidad,      que es la base sobre la que se estima la posible rentabilidad de una creación cultural, la cultura que no aparece en los medios de comunicación simplemente no existe en la consideración  social.  Así,  la  cultura  se vuelve acontecimiento y llega al público en promociones: lo más frecuente es que todos los medios de comunicación hablen al mismo tiempo de los mismos autores u obras. La diversidad de la creación cultural raramente se refleja en los medios, que actúan como filtros en la formación del gusto mayoritario.

4.- Reencuentro con los creadores españoles. Uno  de  los  rasgos  más positivos del nuevo gusto mayoritario es que ha supuesto también el reencuentro del público con los creadores españoles.  De  la  “españolada”, que horrorizaba al público culto a fines del franquismo, se ha pasado a la predilección por la nueva literatura española y al creciente interés por el cine español.

5.- El impacto de la producción americana. Todo lo cual no impide que, en el cine y sobre todo en la televisión, el dominio de la cultura de EEUU siga siendo indiscutible. Dos tercios de las películas emitidas por las cadenas nacionales de televisión son de EEUU. La influencia de EEUU es también mayoría en la  música,  vestimenta,  gestos y argot juveniles de la cultura pop.

6.- El fiasco televisivo.  La aparición de las cadenas privadas de TV, lejos de promover la diversidad y 1a creatividad (salvo honrosas excepciones), ha llevado a una desenfrenada competencia que ha tenido a la vulgaridad y el mal gusto por abanderados.

7.- El mestizaje. La apertura al mundo de la sociedad española con la democracia ha incorporado elementos de otras culturas. Las voces y los ritmos del Tercer Mundo y, particularmente de la América del Sur, han dado forma a fenómenos de mestizaje musical en España.

8.- El regreso de los géneros. Hay un regreso al gusto por la narración (tanto literaria como  cinematográfica),  en  detrimento  del experimentalismo  de  décadas anteriores. Ha renacido el interés por los géneros, sobre todo el policiaco, la ciencia-ficción, la narración histórica y el relato erótico. Novelas españolas como  Los mares del Sur y Las edades de Lulú (traducidas con éxito) o películas extranjeras de gran impacto (basadas a algunas en novelas) como La guerra de las galaxias, El nombre de la rosa o E1 silencio de los corderos muestran cómo se trata de una tendencia que no sólo impregna a la cultura española.

9.- El predominio de la estética urbana. E1 incremento de la actividad cultural en grandes ciudades como Madrid y Barcelona, la omnipresencia de la cultura pop y 1a proliferación del género policiaco han contribuido a un creciente predominio de lo urbano en la estética de las creaciones culturales. E1 lenguaje literario y el cinematográfico tienden también hacia la uniformidad. Y pocos autores son aún portavoces de  un  mundo  rural  en vías  de extinción.

10.- En busca de la memoria. La cultura de la democracia ha buscado en la memoria su fuente de inspiración. La guerra civil y el franquismo han dado pie a novelas y películas nuevas, convertidos al fin por la distancia en material legendario. Y la recuperación de la diversidad de lenguas  existente  en  el  Estado español ha permitido que autores en lenguas no castellana, como el vasco Bernardo Atxaga, sean reconocidos internacionalmente.

11.- La incertidumbre.  Pero quizá el rasgo más llamativo  de  la  cultura española en democracia sea el paso de una militancia política, propia del inicio de la Transición, a la incertidumbre ideológica en que viven hoy creadores y público. Un  proceso con tres épocas:  (a) E1  compromiso  (1975-1981), los años de los conciertos de Lluís Llach y los discos de Quilapayún, los años de la llegada de las películas de Costa Gavras; (b) El  eclecticismo  (1982-1989), con la llegada al poder del PSOE se abrieron los años de la “movida” madrileña y la posmodernidad. El fin del intelectual apesadumbrado por el dolor del mundo. Años del primer Almodóvar, de Alaska y de la revista La Luna. Años también de la primera fractura de la “hermandad” cultural nacida contra el franquismo en el referéndum de la OTAN;  Una  nueva  solidaridad (1990-1995), tras el espejismo de paz de la caída del Muro de Berlín, la nueva década se abre con la Guerra del Golfo. Es el final de la fiesta. Hay intentos de desarrollar una nueva solidaridad que no sea  incondicional  ni partidista. Años de festivales para combatir el hambre o ayudar a los niños bosnios. Años de llegada de películas como JFK y de largometrajes españoles como Días contados o La flor de mi secreto. Nuevos cantautores como Juan Perro o un Loquillo rescatador de poetas. Años de novelas como El jinete polaco o El hombre solo. Años en que una nueva sensibilidad se fragua en medio de la incertidumbre.



[1]  FAJARDO, José M. (1995): “Notas para entender el paisaje cultural de la democracia: los diferentes rasgos de un nuevo rostro”, en “La esfera” (“Veinte años de cultura en democracia”), pág. 15; El Mundo, 19-XI-95.

 

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